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Autor Tema: ¿Curas pederastas?  (Leído 799 veces)
admin
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« : Marzo 25, 2010, 10:35:27 »

Estos últimos días/semanas, veo el gran despliegue mediático que ha suscitado esta cuestión.

A primera vista una tiene la tentación de quedarse en la superficie. "Que sí, que lo reconozcan, han obrado muy mal..."

Pero las cosas, a mi modo de ver no van por ahí. No dudo que exista la cuestión. No pienso que haya que decir que las cosas no ocurrieron, pero... ¿qué sucederá después de todo esto?

Desde siempre, los curas han tenido su pastoral con niños y jóvenes,  su figura, al margen de las limitaciones personales, ha llevado a los jóvenes a solicitar el consejo, a pedir la ayuda en los pequeños o grandes atolladeros con los que comienzan a enfrentarse.

Me pregunto ahora, con la que está cayendo, cómo quedará la maltrecha figura del cura. Tal como van las cosas, con la tendencia que tenemos los humanos a generalizar y después de la alarma creada, ¿qué chaval se arriesga a quedarse a solas con el cura en una acampada en el bosque o en una sacristía? ¿qué padre no tendrá sus dudas sobre encauzar a su chaval en las actividades de la parroquia?

Y es que, quien siembra vientos, recoge tempestades. Esto toma un cariz un tanto resbaladizo.

Un abrazo

Laya
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El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
Kanbei
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« Respuesta #1 : Marzo 28, 2010, 03:56:45 »

Más que responder yo mismo, prefiero hacerme eco de este artículo...

Cuando la Iglesia es el problema

El odio a la fe está absolutamente desatado. En numerosos países de Asia y África los hostigamientos, torturas y asesinatos de cristianos se producen casi por minutos; hemos perdido la cuenta y ya ni nos llaman la atención. Ayuda a la Iglesia Necesitada ha creado un sitio en inglés con el significativo nombre de Where God weeps (”Donde Dios llora”); en él va recogiendo los datos y testimonios del acoso a los cristianos en todo el mundo. Es una manera de contrarrestar el silencio cómplice de los medios de comunicación, los gobiernos y la opinión pública en general. Y de golpear también nuestra adormecida conciencia de católicos aburguesados que miran disimuladamente el reloj durante la Misa.
Y es que en muchos países, los cristianos, la Iglesia católica, es el problema. Porque libera a los hombres desde su interior, les da una fuerza increíble, les hace invencibles. Los cristianos entierran a los niños abortados, abrazan a los minusválidos físicos y psíquicos, proporcionan asistencia a los desheredados, reconocen la dignidad de la mujer y acogen a los enfermos que nadie quiere. Y lo hacen con personas de todos los grupos sociales y religiones, algo que resulta intolerable para los fundamentalistas hindúes, musulmanes, animistas… Porque lo consideran una forma de proselitismo contra la que nada pueden hacer.
En nuestro acomodado Occidente la hostilidad se está manifestando de una manera mucho más incruenta. A cuento de los clérigos y religiosos que han sido infieles a su condición humana, cristiana y religiosa abusando de menores se está crucificando de nuevo a toda la Iglesia. Sin excepción. Aunque esos casos constituyan el 0,004 % de los abusos sexuales a menores, como sucede en Alemania.
Cinismo de una sociedad que considera un derecho el asesinato de niños en el vientre de su madre y que, como en el caso de España, no considera delito las relaciones (consentidas, afirma sin rubor nuestra legislación penal) entre un adulto y una niña de 14 años. Por no hablar de la introducción de las perversiones sexuales en la escuela patrocinada por el Gobierno y los gobiernos autonómicos de casi todos los colores. Y qué decir del fomento de la prostitución (también de menores) que hacen en sus páginas de anuncios periódicos para todas las edades y condiciones (incluido el diario conservador de referencia, que mira con hipocresía para otro lado). Sin contar los viajes de turismo sexual encubiertos en los que los cultos y ricos occidentales abusan de niños y niñas de países pobres a cambio de comida, vestidos o cuatro monedas.
Evidentemente, las comparaciones son odiosas y esta cruda realidad de nuestro mundo no justifica las intolerables conductas de clérigos abusadores. Pero ahora los cañones llevan semanas apuntando a la cabeza. El motivo es lo de menos: hay que acabar con el Papa. Da igual que hiciera temblar las gradas del Coliseo denunciando urbi et orbe, la «podredumbre que había en la Iglesia», da igual que mandara moralmente a galeras al desgraciado Maciel, que se reuniera con las víctimas de abusos en Estados Unidos y Australia, que haya pedido perdón de rodillas; como si lo hace postrado. Caña al Papa para dañar a la Iglesia, que lo mismo nos da si es polaco o alemán. Es la primera autoridad moral del mundo, el jefe de los católicos, el enemigo a batir. Pero lo más doloroso es, sin embargo, nuestra tibieza y nuestras dudas. En definitiva, nuestra cobardía cómplice. Las polémicas estúpidas entre católicos (o favorecidas por presuntos católicos) sobre si el Papa conocía o no a un cura que un día acogió en su casa al cuñado del primo de un clérigo pederasta.
Acompañemos a Pedro en este Vía Crucis al que le están sometiendo.

Teresa García-Noblejas
Fuente: http://www.profesionalesetica.org/2010/03/26/cuando-la-iglesia-es-el-problema/
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Miriam
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« Respuesta #2 : Abril 03, 2010, 06:14:48 »

Esta caza de brujas que se está practicando con motivo de la pederastia de algunos sacerdotes, está influyendo negativamente en la confianza que ellos nos merecen.

Hace pocos días escuchaba a una cristiana quejarse de la "excesiva" atención de nuestro párroco a los niños, con detrimento de su atención a los mayores. Tuve la impresión que no decía todo lo que pensaba...

Desde mi punto de vista, realmente, mi párroco tiene muchos defectos en su manera de hacer. Hiperactivo, nunca se está quieto. Nunca parece tener tiempo de sentarse a escuchar a quien se acerca. Como si llevara un cohete que le empujara a seguir hacia otra cosa... pero no obstante, y aunque puedo equivocarme, yo no veo en ello nada más que estas limitaciones humanas que cada uno llevamos, cada uno las suyas. No veo ni oscuros secretos, ni intenciones escondidas... Mi párroco se siente bien con los niños. ¿Y qué hay de malo en ello? Gustar de los niños no presupone en absoluto que se sea, ni remotamente, un abusador o un pederasta.

Si los vicios son virtudes pervertidas, no acabemos viendo indiscriminadamente las virtudes como vicios.... Y este es el problema que se está creando actualmente con estas campañas de los medios, siguiendo la moda de denigrar lo religioso, lo católico, lo que no sigue la manera del mundo, en que el vicio se exhibe como una medalla y en que la sensualidad se ha convertido de tal manera en virtud que una buena parte de la humanidad vive con el complejo de ser sexualmente minusválida.

Con esto no excuso el secretismo imperdonable con que muchas veces se ha llevado en la Iglesia las faltas graves de sus clérigos, con la razonable excusa de evitar el escándalo. Y es que del secretismo se iba al ocultamiento de la propia falta, quedando muchas veces disculpada...

Por esto no puedo menos que admirar a algunos valientes obispos africanos que han resulto poner coto a tanta indolencia clerical... y han decidido poner a sus sacerdotes en la opción de dejar el sacerdocio o llevar una verdadera de celibato.

No estoy contra la ordenación de personas casadas, en absoluto. Pero una cosa es un sacerdote casado, y otra un sacerdote fornicador y/o adúltero.
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Kanbei
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« Respuesta #3 : Abril 03, 2010, 06:23:21 »

El tema de los abusos a menores por parte de sacerdotes es muy doloroso por el inmenso daño que se hace a esos niños. Yo más que poner el énfasis en la campaña mediática contra la Iglesia, pondría el acento en las víctimas y en cómo se las está tratando, pues podría parecer que la campaña mediática es completamente injusta y las víctimas y sus familias son los malos de la película.
Desgraciadamente no me sorprende que pueda haber abusadores de niños entre el clero. Jesús ya nos dijo que hasta el final de los tiempos el trigo y la cizaña permanecerían mezclados en la Iglesia. Para mi el verdadero escándalo, lo realmente doloroso, es el modus operandi de muchos prelados que, por miedo al escándalo, han ocultado los hechos e incluso al cambiar a los abusadores de parroquia, han favorecido que estos siguieran haciendo de las suyas. Era más importante mostrar una Iglesia sin mancha al mundo que impedir que siguieran produciéndose más abusos, o que el inmenso dolor de esos niños. En ese sentido creo que esto va a ser muy beneficioso para limpiar toda esa gangrena que se encuentra en el interior de nuestra Iglesia.
Sobre la campaña, pues tampoco es algo que me sorprenda. Hay un componente de la campaña que es completamente merecido, pues la Iglesia no ha actuado como debiera primando la defensa de los más débiles e indefensos por encima de su imagen. Por otro lado hay un componente evidentemente inmerecido, en el sentido de que muchos han visto en esto una brecha por la cual meter la cuña para hacer daño a la Iglesia, convirtiendo a todos los sacerdotes en poco menos que sospechosos de ser pervertidos, y pretendiendo implicar en los casos al mismísimo Benedicto XVI. Es claro que la Iglesia molesta a muchos por su postura en contra de muchos de los postulados de la sociedad occidental (aborto, eutanasia, homosexualidad...) y muchos querrían quitarla de en medio. También me parece lamentable que dentro de la propia Iglesia haya ciertos grupos que, aprovechándose de la coyuntura, arrimen el ascua a su sardina para proclamar que es necesaria la abolición del celibato de los sacerdotes.
En todo caso y tal como lo veo, aplicaría a la Iglesia lo que decía Jesús de "bienaventurados". Bienaventurados por ser perseguidos como seguidores Jesús, y bienaventurados porque de aquí saldrá una Iglesia purificada, no solo de sacerdotes pervertidos, sino purificada también en cuanto a la tentación de aparentar lo que no es  (una Iglesia pura sin pecadores) olvidándose de la defensa de los más débiles e indefensos.

Un abrazo.

P.D. He preferido editar este post sustituyéndolo por otro que escribí en otro portal, con las debidas correcciones. Creo que el actual expresa mejor mi postura, y también muestra más esperanza por mi parte.
« Última modificación: Abril 08, 2010, 10:16:50 por Kanbei » En línea
Laya
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« Respuesta #4 : Abril 17, 2010, 09:44:08 »

Cita de: Kanbei
por miedo al escándalo, han ocultado los hechos e incluso al cambiar a los abusadores de parroquia, han favorecido que estos siguieran haciendo de las suyas. Era más importante mostrar una Iglesia sin mancha al mundo que impedir que siguieran produciéndose más abusos, o que el inmenso dolor de esos niños.

Esto es así. Y es muy duro. Cuando se entrecruzan los fines, cuando se justifican los propios errores... mmmmm!!
Tremenda, la condición humana...
Duele mucho, pero es preciso reconocerlo. Por eso:


 
Cita de: Kanbei
En ese sentido creo que esto va a ser muy beneficioso para limpiar toda esa gangrena que se encuentra en el interior de nuestra Iglesia.

Espero, de todo corazón que se produzca esa limpieza, aunque sanar las heridas produce mucho dolor. ¿Estaremos dispuestos a soportarlo?

Un abrazo
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Kanbei
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« Respuesta #5 : Abril 18, 2010, 08:54:11 »

Tenemos que estarlo.

Dios es luz, e ilumina toda realidad que permanece cerca de Él, aunque sea la realidad del pecado y aunque sea algo doloroso. Sólo permanece en la oscuridad la realidad que da la espalda a Dios y no permite ser iluminada por Él, la realidad que reniega del dolor y huye del dolor...paradójicamente, huir del dolor y no enfrentarlo sólo engendra más dolor.

Resultan muy luminosas las recientes palabras del Santo Padre en Radio Vaticano:

Citar
Entonces – ha enfatizado Benedicto XVI – debemos tener la valentía, la alegría, la gran esperanza de que la vida eterna existe, que es la verdadera vida y que de esta verdadera vida viene la luz que ilumina también este mundo.
En esta perspectiva, “la penitencia es una gracia”, es una gracia que nosotros reconozcamos nuestro pecado, que reconozcamos que tenemos necesidad de renovación, de cambio, de una trasformación de nuestro ser.
“Debo decir que nosotros los cristianos, también en los últimos tiempos, hemos evitado a menudo la palabra penitencia, que nos parece demasiado dura. Ahora, ante los ataques del mundo que nos hablan de nuestros pecados, vemos que el poder hacer penitencia es una gracia y vemos cómo es necesario hacer penitencia. Es decir, reconocer lo que está equivocado en nuestra vida. Abrirse al perdón, prepararse al perdón, dejarse transformar. El dolor de la penitencia, es decir, de la purificación y de la trasformación, este dolor es una gracia, porque es renovación, es obra de la Misericordia divina”.
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Sólo el enfermo que muestra su herida al médico puede ser curado...vale para nosotros a nivel individual, y vale también para la Iglesia.

Un abrazo.
« Última modificación: Abril 18, 2010, 08:56:22 por Kanbei » En línea
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