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Autor Tema: Eventos ecuménicos  (Leído 2006 veces)
Laya
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« Respuesta #15 : Julio 09, 2007, 07:26:07 »

 saludando

Pues vamos a tener buen tema para este hilo complice
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Miriam
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« Respuesta #16 : Noviembre 18, 2007, 12:07:07 »


Homilía en la conmemoración ecuménica de los testigos de la fe del siglo XX, 7 de mayo 2000
Juan Pablo II


     La experiencia de los mártires y de los testigos de la fe no es una característica propia tan sólo de los primeros siglos de la Iglesia, sino que es un signo en cada período de la historia. A lo largo del siglo XX, quizás todavía más que en los principios del cristianismo, son muchos los que han dado testimonio de su fe en medio de sufrimientos, a menudo heroicos. ¡Cuántos cristianos a lo largo del siglo XX, en cada continente, han pagado con su sangre su amor a Cristo! Han sufrido formas de persecución antiguas y nuevas, han experimentado el odio y la exclusión, la violencia y el asesinato. Numerosos países de antigua tradición cristiana se han convertido en tierras en las que era duro permanecer fieles al Evangelio. En nuestro siglo, “el testimoniar a Cristo hasta derramar la sangre ha sido patrimonio común entre católicos, entre ortodoxos, entre anglicanos y entre protestantes” (Tertio millenio adveniente, 37)…

      En mi juventud fui testigo de muchos sufrimientos y muchas pruebas. “Mi sacerdocio, desde su origen, está en relación con el gran sacrificio de numerosos hombre y numerosas mujeres de mi generación” (Mi vocación, don y misterio, p. 51-52). La experiencia de la Segunda Guerra mundial y la de los años siguientes me indujeron a considerar, con una atención llena de reconocimiento, el ejemplo luminoso de los que, desde el principio hasta el fin de siglo veinte, han sufrido persecución, violencia y muerte a causa de su fe y a causa de la conducta que les inspiraba la verdad de Cristo.

¡Son muchísimos! Su memoria no debe perderse.

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Miriam
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« Respuesta #17 : Noviembre 20, 2007, 02:13:09 »

Son detalles que tienen un gran peso.

Cuando el Papa, en publico reconoce a los mártires de otras confesiones, es un paso ecuménico gigante.

De hecho, cuando a principios del siglo XX canonizaron en la Iglesia ortodoxa rusa a San Serafin de Sarov... Unos cardenales del entorno del Papa le cuestionaron el valor de una canonización no católica y que como se podía reconocer santidad en un perteneciente a una Iglesia no católica... Una verdadera contradicción con los postulados estrechos que habían derivado de una interpretación "formal" de la afirmación clásica de: "Fuera de la Iglesia no hay salvación". Como respuesta, el Papa, se levantó de su trono papal y de manera firme y solemne dijo: "¡San Serafin de Sarov es santo!". No fue un acto público, y este anécdota circuló solo entre algunos círculos internos. Más ahora la Iglesia, representada por el Papa, no duda en afirmar que la santidad entre no católicos, y también entre no cristianos es posible.

¿Acaso esto invalida nuestra fe de que "fuera de la Iglesia no hay salvación" o bien la fe de que Cristo es el único Salvador? No lo creo. Simplemente esta aparente paradoja nos ha de conducir a reflexionar y, aun más, a contemplar la verdad que contienen estos postulados, pero que deja de ser verdad cuando son comprendidos indebidamente de una manera material y limitada. Por desgracia, estas comprensiones materialistas de la expresión de nuestra fe ha conducido a muchos a un integrismo perjudicial y que, en lugar de aproximarles al sentido real de la Revelación, les ha puesto en peligro de alejamiento. "Mis caminos no son vuestros caminos...." En realidad somos nosotros que debemos seguir Sus caminos, su Camino (Cristo) y dejar moldear nuestra inteligencia de la fe por su Espíritu, y no querer que sea Dios quien se adapte a nuestras premisas, a menudo estrechas.
« Última modificación: Noviembre 21, 2007, 03:40:28 por admin » En línea
Laya
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« Respuesta #18 : Enero 20, 2008, 07:09:37 »

Otra vez, otro año, rezamos por la unidad de los cristianos. He vuelto a releer esta entrevista que está en la web:


La profesora  Jutta Burggraf hace un análisis de varios aspectos que ya hemos tratado en este y otros hilos, pero que, pienso que a menudo olvidamos. Al volver a releer esta entrevista me he acordado de los niños.

¿Por qué se pelean los niños? A menudo, por sus juegos, porque pretenden que su hermano, o su amigo, jueguen a lo que ellos quieren, quieren que los otros rectifiquen, pero no dan su brazo a torcer.

Los adultos tenemos el colmillo más retorcido y negamos evidencias como éstas, pero nos envuelven en nuestra vida cotidiana. La esposa espera que cambie el esposo para que su matrimonio sea el ideal, o viceversa. El profesional, que cambien a su jefe, para que el negocio vaya bien. Ninguno pensamos que soy yo quien tiene que cambiar...

Pensaba que el diálogo ecuménico es imposible si no tiene comienzo desde el corazón de cada uno. ¿Como voy a estar unido a mis hermanos protestantes, si existe la desunión entre los de mi casa? ¿Como voy a sembrar la unión entre los de mi casa, si me aferro a mis criterios y soy incapaz de dar un paso, salir de mi cerrazón y realizar una auténtica conversión?

Por eso, creo que estos días de oración por la unidad, son días para pedir una conversión personal profunda, que nos hará mirar al hermano separado, al no creyente, con auténticos ojos de amor.

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Prefiero tener ventanas, a tener espejos.
Kanbei
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« Respuesta #19 : Enero 20, 2008, 07:58:14 »

La entrevista es desde luego excelente. Yo destacaría lo siguiente:

Citar
El ecumenismo no es, en primer lugar, una cuestión de doctrina teológica ni de colaboración pastoral, sino de oración y de caridad. Así como la falta de amor engendra desuniones, la «santidad de vida»puede considerarse como el «alma»o motor de todo el movimiento ecuménico.

Para mi la desgracia es fijarnos más en lo que nos separa, que en lo que nos une, que es infinitamente mayor: Jesús (creo que algo así decía el Beato Papa Juan XXIII). Pero aún más, diría que incluso en nuestra relación con otras religiones nos fijamos más en las diferencias doctrinales que en el hecho de que frente a nosotros tenemos a otros seres humanos, hermanos nuestros e igualmente hijos de Dios. Lo que Miriam señalaba anteriormente, acerca de que es posible la santidad fuera de la Iglesia, se me hace algo evidente por sí mismo. El amor a Dios está por encima de criterios doctrinales, y el bian al prójimo no es algo exclusivo de los católicos. Yo no puedo dudar de la santidad de personas como Gandhi, Martin Luther King o Bonhoeffer, pues "Dios no hace acepción de personas", ni para entrar en el cielo pide el "carnet de afiliado a la Iglesia Católica". Cristo tampoco vino sólo para salvar a unos cuantos "elegidos", sino que se entregó "por todos".

Personalmente, no me preocupa demasiado la "unidad de los cristianos", porque creo que por el simple hecho de creer en Cristo y seguirle (cada cual como mejor puede), ya estamos unidos, pues esa unidad es algo mucho mayor que la simple "unidad institucional". Sí me preocupa más en cambio la "unidad del género humano", ante las divisiones alentadas por parte de los diversos integrismos, de uno u otro signo, que hacen ver al otro no como a un hermano, sino como a "algo" que debe ser eliminado.

Un abrazo.
"Busco tu Rostro, Señor".
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