Otra vez, otro año, rezamos por la unidad de los cristianos. He vuelto a releer esta entrevista que está en la web:
La profesora
Jutta Burggraf hace un análisis de varios aspectos que ya hemos tratado en este y otros hilos, pero que, pienso que a menudo olvidamos. Al volver a releer esta entrevista me he acordado de los niños.
¿Por qué se pelean los niños? A menudo, por sus juegos, porque pretenden que su hermano, o su amigo, jueguen a lo que ellos quieren, quieren que los otros rectifiquen, pero no dan su brazo a torcer.
Los adultos tenemos el colmillo más retorcido y negamos evidencias como éstas, pero nos envuelven en nuestra vida cotidiana. La esposa espera que cambie el esposo para que su matrimonio sea el ideal, o viceversa. El profesional, que cambien a su jefe, para que el negocio vaya bien. Ninguno pensamos que
soy yo quien tiene que cambiar...
Pensaba que el diálogo ecuménico es imposible si no tiene comienzo desde el corazón de cada uno. ¿Como voy a estar unido a mis hermanos protestantes, si existe la desunión entre los de mi casa? ¿Como voy a sembrar la unión entre los de mi casa, si me aferro a mis criterios y soy incapaz de dar un paso, salir de mi cerrazón y realizar una auténtica conversión?
Por eso, creo que estos días de oración por la unidad, son días para pedir una conversión personal profunda, que nos hará mirar al hermano separado, al no creyente, con auténticos ojos de amor.