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Miriam
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« : Enero 13, 2007, 07:08:06 » |
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Pongo aquí el tema que tratábamos en Vida consagrada, por pertenecer con propiedad a la espitualidad cristiana sin distinción entre religiosos o laicos. Si se quiere ver a qué respondemos, ver allí, en http://www.intcat.net/smf/index.php?topic=5.0
Eres un abogado del diablo angelical, Laya... :)¡no lo dudes! Y me encanta que pongas estas preguntas, porque tienes mucha razón, que hay muchos que se las hacen y, leyendo nuestra charla, quizás prefieran quedarse con los interrogantes, sin expresarlos. Cosa mal hecha, que los discípulos de Jesús preguntaban, de todo, y Jesús les respondía, gracias a eso tenemos su palabra, ya que la palabra se da a quien pregunta y escucha. Comienzo por el final de tu post. Sobre lo de "exigencia demasiado tajante".Hay palabras en el vocabulario de los cristiano que han acabado por casi imponerse y llevan a crear una mentalidad que no favorece nuestra vida cristiana. Yo diría que una es la de "exigencia". En el sentido de que se malinterpreta. No estoy segura si digo un disparate -en este caso, por favor, ayudadme a verlo-, pero yo diría que Dios jamás nos ha exigido nada. Nunca. Y nosotros traicionamos esta suprema voluntad de Dios que respetando nuestra libertad no nos exige como un amo, aunque lo es, sino que nos guía y enseña como un Maestro, como un Padre, como un Pastor que da la vida por sus ovejas. Cuando nos hacemos exigentes con nuestros hermanos "por celo de Dios", creo que faltamos al Señor. Quisiera que todo cuanto digo se lea en esta tónica de palabra para esclarecer e iluminar nuestra relación con Dios, nuestro vivir cristiano, y no como si pusiera ante todos un dogma a creer y una obligación a cumplir. Ni el Santo padre lo hace. Porque cuando la Iglesia enseña, siempre lo hace como lo hizo Cristo, como lo hace la Escritura, sin imponer. Me diréis que hay los mandamientos. Así es: los hay; mas los Mandamientos de Dios, como los de la Iglesia, están dados en el tono de aquella frase del AT: "Haz esto y vivirás". o "Quien quiera...", o bien: "Quien tenga oídos que oiga..." la Iglesia no obliga a bautizarse, pero dice a sus hijos el camino de la vida que conlleva el Bautismo. Si un bautizado dejara o no siguiera el camino de la Vida, sería él mismo el autor de su propio castigo, por no escogerla. Y sería un error pensar que obligar a lo recto contra voluntad de una persona, salve a esa persona. El seguimiento de Dios ha de ser siempre totalmente libre, movido tan solo por el amor y la sed del Bien, de la Verdad, de la Vida verdadera a que estamos llamados. Ahora voy a ver como respondo a lo que dices. Pareces reconocer que sí, que eso que digo está en la Sda. Escritura. Pero que muchos siguen pensando que vivir eso es algo de personas elegidas, especiales... ¿interpreto bien? Solo ellos tendrían la fuerza de una virtud extraordinaria que les llevaría por el maravilloso camino de la configuración, del perfecto seguimiento de Cristo, mientras que el común de los cristianos, ya tendríamos suficiente con ser "buenas personas", sin exagerar, porque sería un poco locura querer hacer el héroe sin serlo, tal como interpreto de la cita sobre el término medio que aduces. Me has dado mucha tela para reflexionar, porque no tiene poca lo que aduces del "término medio", un concepto que mal interpretado solo sirve para bendecir la mediocridad. Permíteme tomar un respiro y continuaré en el siguiente post hasta que haya acabado de responder de la mejor manera posible a los temas que me has propuesto. Finalmente me parece oportuno trasladar este tema a "Espiritualidad" porque no es tema específicamente de la vida religiosa, aunque sea esencial en ella, sino que tal como lo llevamos, es para todos. Dejo aquí esta respuesta que podemos ir trabajando nuevamente, según el esquema primero de hablar de la vida religiosa. Y cuando salgan temas que valga la pena comentar como propios para todos, iremos llevando hilo a espriitualidad. Por tanto, alli seguiré con la respuesta, despues de colocar este post.
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Kanbei
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« Respuesta #1 : Enero 16, 2007, 02:16:41 » |
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Las dos cuestiones que expone Laya me parecen muy importantes, y en concreto a la primera le estuve dando vueltas hace algunos años.
Cristo es Dios, pero también es verdadero hombre. El hecho de la encarnación en un ser humano, con todas sus limitaciones menos la tendencia a pecar (Dios no puede pecar, obviamente), nos muestra que ese ideal de vida no es imposible para el ser humano. El texto de Filipenses nos muestra que Cristo "no hizo alarde de ser Dios", se abajó hasta "pasar por uno de tantos". Tenía las limitaciones físicas y mentales de todo ser humano, aunque una relación única, privilegiada con el Padre. Y Cristo nos dice que seamos como Él, que es "manso y humilde de corazón"...Cristo no hizo lo que hacen todos los reformadores religiosos, es decir, marcar una serie de ritos, de mandatos religiosos, sino que mostró la coherencia de su vida, y nos dijo que ese es el ejemplo que podemos seguir..."Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Ser cristiano no consiste entonces en adherirse a una doctrina, en seguir unas normas éticas, sino en adherirse a una Persona, en querer configurar la propia vida de tal manera que seamos uno con Él, que seamos como el cristal que deja pasar la imágen de Cristo.
Es cierto que todo esto es imposible si sólo confiamos en las propias fuerzas. Pero Cristo nos asegura la asistencia del Espíritu Santo, y lo único que nos pide es que, en la medida que nos sea posible, confiemos en Él y estemos abiertos a su gracia salvadora.
Respecto a la segunda cuestión, es un error muy común pensar que hay cristisnos de primera y de segunda, que hay cristianos que por su condición religiosa o sacerdotal están más obligados al seguimiento radical de Cristo, y que el resto deben conformarse como dice Maricruz con ser más o menos buenos. Todo cristiano, por el mero hecho de estar bautizado, debe aspirar a la santidad dentro del estado en que se encuentre. Existen diversidad de dones, diversidad de vocaciones, y no son unas mejores que otras. Todos nos necesitamos a todos, y cada uno debe realizar la misión que le marca su vocación con la mayor perfección y espíritu de servicio posible. De hecho, no es casualidad el hecho de que muchos santos canonizados no son religiosos, sacerdotes o papas, sino que también hay laicos de toda condición: célibes, casados, reyes, labradores...
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Laya
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« Respuesta #2 : Enero 16, 2007, 11:47:28 » |
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Uniendo los dos temas, Kanbei, veo que los cristianos que se han acomodado a ser "de segunda", es porque quizás se resisten a ver a Cristo-Hombre, que sufre, que llora por su amigo Lázaro, que se compadece por las muchedumbres hambrientas, que se conmueve con la fe de la cananea... y es que, para conocer a este Jesús, hay que leerlo y vivirlo mucho. Meterse en el Evangelio como un personaje más y descubrir allí la mirada de Jesús, su hambre, su sed, su sueño, su cansancio, hasta su dolor extremo en la muerte más cruel.
Contemplando así a Jesús, es la manera de llegar a la identificación con El. solo en el dolor de Jesús se entiende el sentido del dolor humano, solo en su misericordia hos hacemos misericordiosos con quienes nos rodean,solo viendo su Humanidad, damos sentido a nuestra humanidad...Solo viéndolo así, veremos su rostro en quienes tenemos a nuestro lado, ¿verdad?
Si cada cristiano "de segunda" se tomase cada día solo cinco minutos para contemplar a Jesús... ¡Cuántos subirían a primera división!
¿Verdad?
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Kanbei
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« Respuesta #3 : Enero 17, 2007, 07:24:32 » |
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Encuentro completamente cierto lo que dices.
El seguimiento a Jesús puede asustar incluso a los que queremos seguirle, porque es un seguimiento incondicional que puede llevarnos (y normalmente nos lleva) hacia la Cruz. La naturaleza humana siente horror ante el sufrimiento, y busca por todos los medios evitarlo, y sólo por medios sobrenaturales recibidos de Dios, podemos proseguir en el seguimiento. Pero a veces, sabiendo lo que se nos avecina, rechazamos esa ayuda sobrenatural porque no queremos proseguir nuestro camino hacia Jerusalén, la ciudad que mata a sus profetas.
En La imitación de Cristo de Kempis, se nos dice que siempre estamos dispuestos para el banquete, pero pocos están dispuestos a tomar la Cruz, y que los que no quieren la Cruz y sólo buscan consuelos, son mercenarios. El seguimiento de Cristo implica aceptar y amar la Cruz, por el hecho de que es nuestro instrumento de salvación. El que mucho ama, mucho sufre, porque amor y dolor son las dos caras de una misma moneda, van las dos en el paquete...y eso muchas veces no lo queremos, y nos autodisculpamos diciendo que eso es sólo para los que han hecho votos...pero Cristo vino a salvar a todos, no sólo a unos pocos.
Un abrazo.
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Miriam
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« Respuesta #4 : Enero 18, 2007, 04:38:28 » |
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Es verdad que Jesús nos dijo: "Quien quiera seguirme, que tome cada día su cruz y me siga..."
Pero también es cierto que nos dijo: "Venid a mí todos los cansados y agobiados y yo os aliviaré, porque mi yugo es sueve y mi carga, ligera". O bien: "El que deje todo ello por mí tendrá ya en este mundo cien veces más de padres, madres, hermanos, hermanas... y después la vida eterna" - las citas son de memoria... ::) - Y yo he visto que eso es cierto.
Los que realmente seguimos a Jesús de todo corazón, ciertamente llevamos la cruz, pequeñita, la que Dios considera que podemos llevar... Mas también es cierto todo lo demás. Jesús lleva mi cruz conmigo, Jesús me da tanto gozo y plenitud, que por mucho que todo se transtorne, vuelve a ponerme de pie con su amable fortaleza. No hay en mí nada digno de alabanza, pero Él lo sabe y me sostiene, justo para que mi único honor sea el amar su amor y desearle siempre. Y llegará el momento en que vea con toda transparencia que sus dones se derraman en la pobreza y que solo en los vacíos Él manifiesta toda su plenitud; y que la cruz que llevo no me destruye, sino que me lleva a recibirlos, porque la gloria es la otra cara de la Cruz.
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« Última modificación: Marzo 23, 2007, 08:10:14 por Miriam »
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Alex
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« Respuesta #5 : Enero 23, 2007, 09:18:32 » |
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No se por donde empezar, habeís dicho muchas cosas que suscitan respuesta, comentario, meditación, contemplación o amor fraterno, muchas cosas...
Hay momentos en que todo, parece derrumbarse a mi alrededor, en que me siento un llaga abierta, que tengo todos los motivos para sentir dolor, para sentirme agobiado, cansado, perseguido... Parece que la esperanza se ha ausentado de este mundo, que Dios está ausente... que el peso es demasiado, que me voya a hundir, que me asfixio, que la muerte me ha atrapado...
¿Donde están los Angeles, los Santos, los hermanos??
"Nos has entregado cual si fueramos ovejas de matadero, nos has dispersado entre los paganos, has vendido a tu pueblo muy barato, y nada has ganado con venderlo"
Yo quería acompañarte, en las bodas, en las comidas y celebraciones, vestir de púrpura y ser ungidos con oleos perfumados, y tambien recibir regalos o hacer milagros en tu nombre.
Pensaba, que de la soledad del huerto, de las ofensas del Sanedrín, los azotes sin piedad, la corona de espinas, el calvario y la cruz, tu me dispensarías.
Por eso cuando llegaba el momento de la amargura, siempre había apartado de mi tu copa...
Hasta ahora.
La pasión que tu sufriste, me hace tuyo. Tu cruz es mi cruz. Tu muerte es mi resurrección. Tu ascensión es nuestro Pentecostés.
Tu eres el balsamo que cura nuestras heridas, tu Sangre es el oleo que nos unge como hermanos de un mismo Padre, tu desnudez es la púrpura real, la inocencia que me lleva a Tu Reino Señor.
"Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias."
Bendito sea el Señor Dios nuestro.
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El mapa no es el territorio. Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
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Laya
Visitante
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« Respuesta #6 : Enero 23, 2007, 11:43:59 » |
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Alex: lo que has escrito me recuerda a la ingenuidad de Pedro cuando vió a Jesús transfigurado: "Bueno es estar aquí, Señor, hagamos tres tiendas..."
¡Pobre Pedro!. No sabía que para llegar al Tabor, había que pasar primero por el Calvario. Es así la naturaleza humana. Todos huímos de la cruz.
Pero luego Pedro también se unió a Cristo en la cruz y se vió indigno de morir como su Maestro y pidió ser crucificado cabeza abajo.
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Laya
Visitante
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« Respuesta #7 : Enero 24, 2007, 08:31:18 » |
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Se me olvidaba lo más importante. También Jesús aborrece la cruz, le duele la cruz:
"Triste está mi alma hasta la muerte"..."Padre, aparta de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la Tuya"
No va a ser menos el discípulo que el Maestro...
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Miriam
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« Respuesta #8 : Enero 24, 2007, 12:52:21 » |
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Tengamos paz, aquella paz que el mundo no puede quitar...
La cruz pesa, duele, lacera... pero precisamente ese dolor de la cruz es la señal de su autenticidad. No es cruz de maderas olorosas, engarzada y repujada con oro y gemas, sino con sangre y lamento silencioso ante los insultos y calumnias de los "justos" según el mundo.
Esta cruz es la que certifica que somos bautizados, que hemos muerto con Cristo en su muerte y nos resucita en su resurrección.
El cristiano esencialmente es el que "reproduce" a Cristo. Dando la vida y la sangre de la manera más dolorosa. Ni tan solo aparenta dar la vida, aunque la esté dando; ha de sufrir además la vergüenza de la acusación y la afrenta del "ajusticiamiento", del castigo que todos hemos merecido... Se castiga al inocente, al Cordero de Dios, como una compensación de la propia conciencia de culpa..., como si esto les librara de ella... Y, en el caso del Cordero inmolado es así de cierto. Pues con su castigo todos hemos sido perdonados. En cuanto a los discípulos que deseamos seguir al Cordero inocente, alcanzamos verdaderamene nuestra inocencia justo cuando aceptamos ser víctimas como él de cualquier injusticia que se nos achaque... Él nos ha justificado, ciertamente; pero uniendo nuestro sacrificio al suyo algo nuevo se produce: se realiza de manera plena la justificación que Cristo nos consiguió...
Para ahondar en el misterio de la cruz necesitamos gustar de su dolor y de su afrenta... Así podremos decir, aunque sea con voz bajita... con San Ignacio de Antioquia camino de su sacrificio... "Ahora comienzo a ser discípulo"
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« Última modificación: Enero 24, 2007, 03:28:24 por Miriam »
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Kanbei
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« Respuesta #9 : Enero 26, 2007, 07:12:16 » |
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Para mi, la actitud ante el sufrimiento es una de las notas fundamentales de nuestra Fé. Nuestra Fé no es una huida del mundo, una búsqueda de un bienestar ficticio o la negación de la existencia del sufrimiento, entendiendo este como una ilusión. Nuestra Fé, cuando está sólidamente fundada, es una inmersión total en la realidad que nos rodea, es asumir en su totalidad el gozo, pero también el sufrimiento. Pienso que una vida verdaderamente vivida, debe contener amor y dolor, y si no contiene una de las dos cosas, no es una vida verdadera.
Ante el sufrimiento, nuestra Fé tiene una actitud positiva. No porque sea manifestación de una especie de masoquismo, o la aceptación resignada de un "destino fatal", sino porque el sufrimiento existe, se produce, y podemos darle un sentido y extraer de él algo positivo. De la misma manera que Dios sabe sacar bien del mal, nosotros, si somos verdaderos discípulos, como decía San Ignacio de Antioquía, tenemos que poder sacar siempre algo positivo del sufrimiento que padecemos. De esta manera, podemos redimir la realidad herida por el dolor y el miedo a la muerte, podemos superar aquello que limita la libertad del hombre y elevarnos por encima de nuestra débil naturaleza. Y todo esto lo realizamos gracias a la acción salvadora de Dios en nosotros, permaneciendo atentos a su Palabra. "Venid a mi, todos los que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré. Porque mi yugo es suave, y mi carga ligera".
Un abrazo.
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Antares
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« Respuesta #10 : Julio 31, 2007, 06:21:59 » |
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Mirad que bonico... como dirían los Granaínos... El decálogo del veraneante católico (mu propio del tiempo) Dios no se toma vacaciones en su búsqueda del hombre... 1.- Vive la naturaleza En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. Alábale por haberla hecho tan hermosa. 2.- Vive tu nombre y condición de cristiano No te avergüences en verano de ser cristiano. Falsearías tu identidad. 3.- Vive el domingo En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes además más tiempo libre. 4.- Vive la familia Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en familia. Asiste al templo también con ellos. 5.- Vive la vida La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu propia vida y evita riesgos a la vida de los demás. 6.- Vive la amistad Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas. 7.- Vive la justicia No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes. 8.- Vive la verdad Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la vanagloria. 9.- Vive la limpieza de corazón Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad. 10.- Vive la solidaridad No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones. En verano seguimos siendo cristianos En fin, estos diez mandamientos se vuelven a encerrar en dos: seguir dando «al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», o dicho de otro modo, en vacaciones y en todo tiempo, sigue acordándote de Dios y del prójimo, relacionándote con ellos como si ellos se relacionarán contigo. Dios no se toma vacaciones en su búsqueda de amor al hombre. Las vacaciones pueden ser tiempo excepcional para salir a su encuentro. Y es que en verano, seguimos siendo cristianos. Es más, tenemos una magnífica oportunidad de serlo y de demostrarlo. Autor del texto: Obispo de Tortosa (España), Monseñor Javier Salinas Viñals.  Del tema anterior no digo nada... Por que la fé me dice, que en Rusia está sirviendo mi dolor, para que una no se sienta sola, en Chequia otra vaya con alegría dando pasos cada día mas alegres a lo que Dios le vaya pidiendo, correspondiendo a su vocación. En Vienna, se están apoyando en mi, para encontrar las 25 voluntarias que les faltan para cubrir la visita del Papa, en Almería una amiga se apoya para sacar fortaleza ante la contariedad,... En Alemania... en Perú, en Galicia...¡¡en el mundo!!... Todo ello "adovado" y ofrecido con las ofrendas del Altar cada mañana... 
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« Última modificación: Julio 31, 2007, 06:32:55 por Antares »
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Laya
Visitante
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« Respuesta #11 : Julio 31, 2007, 09:53:42 » |
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Ay, Antares... ...Y tantas cosas que ni se saben,  ¿verdad? Pues, aunque duela, y aunque cunda, cuidate. 
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Miriam
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« Respuesta #12 : Agosto 01, 2007, 02:02:53 » |
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Kanbei ...podemos superar aquello que limita la libertad del hombre y elevarnos por encima de nuestra débil naturaleza. Y todo esto lo realizamos gracias a la acción salvadora de Dios en nosotros, permaneciendo atentos a su Palabra. "Venid a mi, todos los que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré. Porque mi yugo es suave, y mi carga ligera".
El sufrimiento "per se" no es nada. Es producto, como dice Kanbei, unas veces de nuestra débil naturaleza, otras del pecado, otras del amor, simplemente. Al asumir todas estas formas de sufrimiento, también la del pecado, por amor, porque el sufrimiento por el pecado ajeno solo es gracia si es asumido por amor... Jesús nos mostró que aquello de más absurdo que hay en la vida, es precisamente esa puerta estrecha que nos da acceso al Reino, y por la misma puerta que Él atravesó. La aceptación plena del sufrimiento y de la muerte no tiene nada que ver con un masoquismo o un victimismo como algunos podrían creer, sino que es precisamente la aceptación libre y liberadora de la condición humana a través de la cual llegamos a la Gloria. "¿No sabíais que todo eso era necesario para entrar en la gloria de mi Padre?" Jesús se refiere al sufrimiento, a la pasión, a la muerte. Y también nos dijo que quien quiera seguirle tome su cruz cada día y le siga... y que "Allí donde yo estoy, estéis también vosotros..." Inconscientemente nos pasa que queremos estar con Jesús, pero nos cuesta asumir que la fidelidad total a Él, el seguirle incondicionalmente, nos lleve necesariamente a aceptar y vivir el sufrimiento y la cruz, con Él y en Él, porque de otra manera no podríamos entrar en su misma Gloria en el seno del Padre. Es un aspecto del seguimiento de Cristo, del discipulado, básico para avanzar en su Camino, en Él, sin duda alguna. El sufrimiento nos purifica y nos abre el corazón al amor, las heridas del corazón lo abren a expandirse en a el amor. El sufrimiento no es dulce, es muy amargo. Solos no podríamos. Le necesitamos íntimamente unido a nosotros para poder soportar las pruebas del sufrimiento, pruebas morales y pruebas físicas. En realidad Jesús está tan íntimamente unido a nosotros, como nosotros mismos se lo permitimos. Por esto nuestro seguimiento ha de estar totalmente ungido de su amor y de su búsqueda, como la Esposa de los ´cánticos", buscarle siempre, a hora y a deshora, cuando se nos manifiesta cercano y cuando desaparece y quedamos sumidos en la prueba de su ausencia. Ausencia que solo significa que nos llama a encontrarle cada vez más profundamente, a seguirle cada vez más fielmente... a dejarnos amar por Él más dócilmente.
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Miriam
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« Respuesta #13 : Febrero 22, 2008, 11:55:24 » |
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En Ecclesia, José-Román Flecha nos habla del tema de este "Domingo de la Samaritana", como tradicionalmente se lo llamaba, y me ha gustado que nos remarcara esto que transcribo aqui:
SIETE TÍTULOS
El hermoso relato del encuentro de Jesús con la Samaritana está lleno de sugerencias (Jn 4, 5-42). Entre ellas sobresale esa escalada de títulos que resumen el itinerario del creyente.
La mujer samaritana comienza dirigiéndose a Jesús como un “judío”, miembro de un pueblo considerado como enemigo.
Después lo llama tres veces con el título de “Señor”. Si bien se mira, cada una de esas veces va añadiendo un matiz de cercanía y de respeto a la anterior.
Un salto notable supone el título de “Profeta” que la mujer atribuye a Jesús. No es poco reconocer que aquel judío le habla de parte de Dios.
De pronto suena en el diálogo el título de “Mesías”. Primero es una expectación en el corazón de una mujer que no se satisface con las tradiciones de su pueblo, después es una revelación en la boca de Jesús y finalmente es una interpelación en los labios de una mujer que se convierte en portadora del más alto mensaje.
Ahí se abre una horquilla inolvidable. Mientras los que van con Jesús han quedado anclados en el título de “Maestro”, los samaritanos, alertados por la mujer, lo reconocen nada menos que como el “Salvador del mundo”.
Con esa confesión se cierra el relato. Todo un itinerario catecumenal. Una advertencia para los que se creen cerca de un hombre, cuyo misterio han descubierto los que parecen estar lejos.
Podemos preguntarnos nosotros, si realmente en nuestra vida hemos vivido un proceso de descubrimiento de Jesús, un proceso que como a la Samaritana nos haya llevado a conocerle cada vez mejor en su realidad divina y humana. Porque su divinidad da el sentido a todo lo humano de Jesús. Y cada gesto humano nos remite a sus profundidades divinas. Porque en él no había dualismo alguno. Jesús es una sola persona, como dice el dogma. Interesante afirmación cuando la comparamos a tanta esquizofrenia que arrastramos en nuestro pensar y en nuestro actuar: esquizofrenia del pensamiento, de los sentimientos, de espiritualidad.
Para conocer verdaderamente a Jesús, necesitamos retornar a lo esencial de nosotros mismos, y a eso nos ayuda el contemplar la tremenda coherencia de Jesús: la ausencia de miedo, el respeto total hacia la libertad de todos los que le rodean. Desconoce la angustia que se apodera de algunos cristianos.
Jesús es totalmente libre, y por eso nos ha llegado este hermosísimo diálogo con una proscrita del judaismo; triplemente proscrita: mujer, samaritana y "pecadora". ¿Somos así de libres,nosotros? ¿Nos sentimos "a l'aise", al igual que Jesús, hablando con la naturalidad de un niño a un ateo o a un creyente no cristiano de nuestro amor al Dios que nos ama, con alegría y plenitud del corazón? Y tantas actitudes de las que Jesús es perfecto modelo.
Mas no se trata de imitar a Jesús como los monos. Es bueno que volvamos a tomar el Evangelio en nuestras manos y con simplicidad de corazón, leamos la palabra contemplando a este Jesús, políticamente incorrecto y moralmente dudoso a los ojos que lo miran y juzgan; porque él posee una justicia que no es la del mundo, sino la del Padre que hace llover sobre justos e injustos....
Redescubramos a Jesús, para que podamos acompañarle espiritualmente siguiendo sus huellas en el camino que nos muestra, desde sus 40 días de desierto hasta la Cruz y la glorificación en el Padre.
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« Última modificación: Febrero 22, 2008, 12:05:07 por Miriam »
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Laya
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« Respuesta #14 : Marzo 02, 2008, 11:18:14 » |
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¿Somos así de libres,nosotros? ¿Nos sentimos "a l'aise", al igual que Jesús, hablando con la naturalidad de un niño a un ateo o a un creyente no cristiano de nuestro amor al Dios que nos ama, con alegría y plenitud del corazón? Pues, por desgracia, pienso que muchas veces no  Veo que con facilidad nos pueden los respetos humanos, el qué dirán, hemos perdido la sencillez de los niños. Con frecuencia olvidamos que "Los hijos de este mundo son mas sagaces que los hijos de la luz", que se mueven sin descanso, mientras que... ¿dormitamos? en melindres pues... ¿acaso tengo yo derecho a meterme en la vida de los demás? No siempre es así, pero estas cosas producen mucho sonrojo. Es como si no estuviésemos convencidos del tesoro que llevamos con nosotros... Chi penso io...
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Prefiero tener ventanas, a tener espejos.
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