Kanbei
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« Respuesta #17 : Julio 03, 2007, 06:10:53 » |
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Bueno, para variar, y sin que sirva de precedente, no creo que las cosas vayan a llegar al extremo de tocar fondo, aunque ciertamente el horizonte tampoco es halagüeño.
La democracia es un instrumento, no un fin. Permite cambiar un gobierno por otro de manera pacífica, sin el recurso a la violencia revolucionaria. La democracia es un instrumento potencialmente bueno, en la medida que se respeten sus postulados básicos: libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de voto, separación de poderes y neutralidad ideológica. En el momento que se vulnera algún postulado, la democracia queda desvirtuada, y ese es precisamente su punto débil. Los totalitarios, los que no creen en la libertad, atacan a la democracia precisamente con las mismas armas que la democracia les otorga...la misma libertad que es presupuesto de la democracia, es su talón de Aquiles.
Las decisiones tomadas en democracia no tienen porqué ser justas, o obedecer a la verdad. El ser humano puede equivocarse, o ser manipulado ideológicamente para aceptar como bien un mal. La clave por tanto es que es preciso oponerse a las leyes injustas o que obedecen a principios falsos. No creo que hayamos hecho de la democracia una palabra hueca...simplemente la tentación totalitaria sigue presente en ciertas minorías que desconfían de la libertad, que no respetan a aquellos que no piensan como ellos, que pretenden imponer por la fuerza sus postulados.
La clave radica a mi juicio no en la democracia, sino en los valores que la sustentan, valores de raíz cristiana. En la medida que Europa se deshace de los postulados cristianos, en la medida que vende su alma al dios del consumo y el bienestar material (a costa de los más pobres de la tierra), en la medida que Europa cede ante el empuje del islamismo radical, la democracia pierde los cimientos que la sustentan...pero esto no es un proceso irreversible.
Es necesario un rearme ideológico, una vuelta a los principios que construyeron lo mejor de occidente. Esto, que es algo en apariencia muy difícil, es pregonado a tiempo y destiempo por el Santo Padre en su denuncia del relativismo moral. Esto es algo que llegaremos a percibir, ciertamente con sufrimiento, pues somos duros de cerviz y no entendemos otro lenguaje que el del palo, pero es posible...Alemania y sobre todo Francia creo que han comenzado ya el camino de ese rearme, en el que la Iglesia tiene mucho que decir, aunque los estados europeos sean laicos.
Ciertamente tenemos a Dios de nuestra parte. Sabemos que la película al final termina bien. Sólo nos toca aguantar en la trinchera, cada uno haciendo las pequeñas cosas de cada día, cosas en apariencia intrascendentes, pero de un inmenso valor. Dar ejemplo practicando lo que creemos, teniendo hijos (cosa tan desprestigiada hoy en día, tan contracorriente) y educándolos en nuestra fe y los valores que surgen de ella, colaborar en aquellas iniciativas tendentes al bien común...como decía la Madre Teresa de Calcuta, una gota no es nada, pero muchas gotas juntas forman el mar.
Un abrazo.
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