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Autor Tema: Buscando a Dios en la oración  (Leído 1357 veces)
Miriam
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« : Junio 27, 2007, 06:51:35 »

Poniendo orden en mis pequeños desórdenes, he redescubierto un librito manuscrito de solo 23 páginas que hice hace ya 30 años, el 1977, en honor de mi hermana mayor para sus bodas de plata monásticas. Lo descubrí al visitarle en su monasterio de Mozambique que no le daba mayor uso, y me lo quedé, de nuevo. Espero que este robo no me sea tenido en cuenta para mal en el Día del juicio.

En lugar de colocar libros en las alacenas, me senté a ojearlo y me sorprendió encontrar, además de un pequeño extracto del santo obispo Theolepto de Filadelfia (s.XIII) que traduje del francés, un pequeño resumen sobre la "Oración del corazón" tal como la practico según me inició mi padre y maestro espiritual.

Por ello, lo iré reescribiendo aquí como material para una reflexión sobre la vida interior, sobre nuestras maneras de orar, reflejando nuestro estado interior a la escuela de los grandes maestros, comentando lo que nos cuesta comprender, o bien nuestra manera de interpretar esas instrucciones...

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Miriam
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« Respuesta #1 : Junio 27, 2007, 07:29:49 »

Theolepto de Filadelfia[/size]
(1250-1321

Thelepto es llamado "Gran luz de Filadelfia". Casado tempranamente, dejó a su joven esposa para buscar a Dios en la soledad. Se hizo monje, discípulo del también conocido monje Nicéforo, siendo9 más tarde llamado a ocupar la sede episcopal de Filadelfia, en Asia Menor.

Su obra consiste en las instrucciones dirigidas a las monjas de un monasterio bizantino, particularmente a su abadesa Irene Eulogia Choummos, la Paleologuina, quien, casada a los doce años con el emperador Juan Paleólogo, quedó viuda a los 16. Se retiró al monasterio de San Salvador Filántropos (= Els Salvador, amigo de los hombres) que ella restauró.

La Filocalia reproduce de Theolepto (cuya obra espiritual está casi entera en el manuscrito Ottoboniano Vaticano 405) una instrucción a Irene sobre "La actividad secreta en Cristo" y "Pensamientos diversos".
Migne ha recogido todo ello en la "Patrología griega" tomop143,381ss

Theolepto analiza los componentes de la oración así:

- Atención del intelecto (Nous) a Dios, mediante el recuerdo de Dios.
- Atención de la razón discursiva (Dianoia) en la invocación del Nombre del Señor.
- Compunción del espíritu (pneuma)
 
Pneuma, que en S. Pablo significa a veces al espíritu del hombre, en tanto que movido por el Espíritu Santo (Hagios Pneuma), otras veces significa al mismo Espíritu Santo. En Theolepto parece designar el "sentido espiritual", una forma de sensibilidad superior que es la sede de los sentimientos de compunción, de gozo, de humildad... y que en palabras de ahora llamamos el corazón. Hablando de las cosas espirituales, decir el corazón significa el eje más profundo de nuestro ser en todas sus dimensiones y niveles.

Por ello el corazón no es solo, ni sobre todo, la víscera que sostiene la vida de nuestro cuerpo (Mirarán al que traspasaron..) sino que es la sede más profunda de nuestro ser, que en su dimensión espiritual es pneuma, sede del Espírtu Santo, cámara nupcial de las bodas de la Divinidad con la humanidad en cada uno de nosotros. Decir pneuma del hombre es decir su corazón espiritual.

Este concurso de las diversas potencias que señala Theolepto,siguiendo una tradición espiritual que viene  arraigada profundamente enla Teología de los padres, opera la unificación del alma a Dios.

En la traduccion de este texto, es igualmente importante el concepto de la palabra dianoia, que traduzco, siguiendo a la traducción francesa, como inteligencia, y se refiere a la razón discursiva, al psiquismo, lugar de la imaginación y de la asociación de ideas.v El texto francés que sigo es el que presenta la "Petite Philocalie" de Jean Gouillard, ed du Seuil. París. Las observaciones entre paréntesis no son de Theolepto, sino nuestras.

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Miriam
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« Respuesta #2 : Junio 27, 2007, 08:21:47 »

RENUNCIACIÓN A LOS RECUERDOS Y PENSAMIENTOS


"De la actividad secreta en Cristo y del objeto de la vida monástica"

Cuando habrás suprimido las distracciones que vienen del exterior, cuando habrás renunciado interiormente a los pensamientos, tu inteligencia despertará a las obras y palabras espirituales. A la relación e intercambio con tus parientes y amigos, sucederá la relación con las virtudes. Basta ya de los vanos discursos de las relaciones mundanas. La reflexión y meditación de las palabras divinas encendidas en tu intelecto, iluminará e instruirá tu alma.


Es un punto importante en toda iniciación a la práctica de la oración más profunda el cambiar las actividades vanas del pensamiento por el "recuerdo del Señor", paulatinamente más profundo y constante. Un recuerdo que no entorpece para nada la actividad intelectual necesaria al cumplimiento de nuestros deberes.

Sucede que la divagación del pensamiento, llevado y traído por nuestras preocupaciones y pasiones, debilita nuestro intelecto y nuestra voluntad en su atracción a las cosas de Dios. En tal caso, nos resultará difícil soportar serenamente las arremetidas del tentador que aprovecha siempre nuestras flaquezas para seguir su trabajo de socavar el fundamento espiritual de nuestra vida cristiana.

Éste "recuerdo de Dios" se va cultivando con la práctica de la atención hacia Dios en nuestro corazón. El recuerdo y la añoranza de Dios sostiene nuestro camino en la vida de oración y de intimidad con Dios. Y el "recuerdo de Dios" ya establecido en nosotros es resultado de la fidelidad a Dios, de la voluntad inamovible de seguirle, servirle y amarle por encima de todo:  resultado de una práctica correcta de la oración del corazón, que poco poco se va convirtiendo en un "estado de oración".

Este estado de oración subyace en nuestro corazón de manera constante tanto durante la actividad como durante el sueño. Aparece con toda su intensidad gozosa y amorosa en los instantes de silencio, en las pequeños momentos de serenidad, o en las cortas interrupciones de la tarea o de la actividad mental; en esos pequeños instantes aparece espontáneamente  la consciencia profunda de la presencia constante del Señor en nosotros y en todo lo que existe. Son instantes cortos en lo temporal pero, conectados a lo intemporal, son plenitud.

(El texto en color es de Theolepto)  Sigue...  violin
« Última modificación: Julio 01, 2007, 12:20:47 por Miriam » En línea
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« Respuesta #3 : Julio 13, 2007, 11:03:31 »


LA RELAJACIÓN DE LOS SENTIDOS


La relajación de los sentidos es una cadena para el alma; en cambio, sujetarlos trae la libertad.

Así como después de la puesta del sol llega la noche; así también cuando Cristo se retira del alma le invaden las tinieblas y la destrozan las bestias invisibles.

Así como cuando sale el sol las bestias salvajes se retiran a sus madrigueras, así también Cristo se levanta en el firmamento del alma en oración y se desvanece todo el comercio con el mundo, la amistad de la carne se borra y el intelecto emprende su tarea: la meditación de las cosas divinas.

El intelecto no se limita a poner en práctica la ley espiritual tan solo dentro de los límites temporales, no le basta con cumplir su obra en cierta medida, sino que la extiende hasta la muerte y la liberación del alma. En esto pensaba el profeta cuando decía: ¡Cómo amo tu voluntad Todo el día la estoy meditando (Sal 118,97) Y el día, para él, era todo el curso de la existencia terrestre.


Sigue aquí el mismo tema señalando particularmente a las atracciones y distracciones relacionadas con los sentidos. Los sentidos son las "puertas" que nos relacionan con el mundo en que estamos.

Me doy cuenta de cuantos malentendidos puede provocar este tipo de  espiritualidad, cuando sus expresiones son entendidas de manera material, equívoca, sin espíritu. Para unos es algo totalmente fuera de lugar, una desencarnación inadmisible, o ¿acaso Cristo no se encarnó?
¿Acaso Dios no hizo bueno todo cuanto creó? El desprecio de los sentidos ¿no es un masoquismo? Para otros, la práctica de estos consejos desde una perspectiva demasiado material, podría llevar realmente a una des-encarnación y una "fuga mundi" movida por el individualismo y el egoismo.

Así como antes he mostrado que el recuerdo de Dios no impide las actividades cotidianas, así también ahora quisiera hacer ver como la sujección de los sentidos no conduce ni debe conducir a una represión malsana.

Luchar contra la distracción de la mente o contra los vicios de la carne, no resulta nada fácil a las fuerzas humanas, a causa de la caída y de los vicios adheridos en el corazón y en las costumbres. Por ello, es mejor no batallar directamente a partir de la fuerza de nuestro voluntad propia, porque me parece que las más de las veces sería batalla perdida; sino más bien intentar cerrar las puertas de la casa, por la "guarda del corazón", conscientes de Dios que nos ama y nos habita con su plenitud.

El medio para llegar a ello es el recuerdo amoroso, la consciencia despierta y firme en la fe, creyendo y sabiendo que Dios realizará sus promesas en nosotros. Dios, que nos ha llamado y redimido con su encarnación, y nos ha donado su Espíritu Santo, el Abogado y Defensor que nos ayuda, ilumina y conduce, no nos dejará nunca si se lo pedimos con total sinceridad.

Entonces veremos que igual que sale el sol después de la tormenta, en nuestro corazón aparece la paz, y las exigencias de los sentidos se aquietan en esa paz que es como la voz interior que nos llama a poseer las insondables riquezas de Cristo, a penetrar en los abismos del Amor divino, el seno del Padre. La guarda del corazón en el recuerdo amoroso de Dios, ayuda al dominio de los sentidos, al aquietamiento del psiquismo desbocado, a tener siempre la casa preparada para la llegada de nuestro Señor que viene sin avisar el día ni la hora.

Entonces sabremos que en nuestra debilidad, se manifiesta su Fuerza, su Virtud, tanto más gloriosa, cuanto más nos hace humildes y abiertos a recibirle como pobres que somos. Y, justamente, cuando reconocemos hasta que punto Él ha sido el fuerte en nuestra debilidad, y hasta que punto su santidad brilla en nuestra obscuridad,  en nuestro corazón se abren nuevos horizontes ilimitados, el gozo interior por su Amor alcanza nuevas plenitudes y la profundidad de nuestra acción de gracias crece imparable en un himno que está más allá de las palabras.

Seguimos encarnados en el mundo sin ser del mundo, como Jesús fue el más humano de los humanos, sin estar atado a las esclavitudes que nos causa el pecado.

Así, poco a poco, nuestra consciencia cotidiana se llena de su presencia, nuestros sentidos se purifican y se van unificando con los deseos más hermosos de nuestro corazón. Podemos mirar a los demás con una mirada que sale de la misma mirada que dirigimos al Señor y que va hacia Él a través de todo cuanto contemplamos, para llevarle, presentándole, todo el mundo que nos rodea, en un solo movimiento del corazón.

Los sentidos y los pensamientos se convierten en servidores del Señor,  y se complacen en sentir, pensar y obrar todo movidos por su Amor. Aunque nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras obras no tengan nada de extraordinario a los ojos del mundo, seremos interiormente libres, seremos de Dios ¿Qué de más grande podríamos desear?

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« Última modificación: Julio 13, 2007, 11:18:35 por Miriam » En línea
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