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Autor Tema: Elogio del silencio  (Leído 3320 veces)
Miriam
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« : Enero 11, 2007, 10:27:21 »

Le preguntaron a Georg Solti, el gran director norteamericano de orquesta, qué era para él el silencio. Y respondió: «Todo. El silencio lo es todo. No podría pensar ni vivir si hay ruido. Necesito absoluta tranquilidad para trabajar; pero, sobre todo, para vivir.»

¡Qué gran verdad! Pero ¿cómo conseguir ese silencio cuando hemos tenido la terrible desgracia de vivir en la época más ruidosa de la historia?

Te montas en un taxi y tienes casi siempre la mala suerte de que el taxista lleva la radio a todo trapo. Abres la ventana de tu casa y te invade el fragor de automóviles como una ola de ruidos. No digamos si entras en una discoteca: las únicas tres veces que yo tuve que hacerlo por complacer a amigos artistas, salí con la cabeza como un bombo, aturdido y sordo. Y hasta los lugares de trabajo se han vuelto espantosos. ¡Si hasta los niños, que cuando les dejamos a su naturaleza son tranquilos y silenciosos, se han vuelto histéricos y necesitan gritar cada vez más para llamar la atención en un mundo en el que parece que todo lo importante hay que hacerlo a gritos!

Thomas Merton, el trapense, que sabía un rato de silencio, scribió una vez palabras terribles: «El estrépito, la confusión, el griterío continuo de la sociedad moderna son la expresión visible de sus mayores pecados: su ateísmo, su desesperación.»

No es lo malo la palabra. Lo malo es el ruido, el griterío, el charlataneo de toda esa gente que habla, rebulle, se agita, porque tiene miedo de descubrir en el silencio cuán vacíos están. Tal vez lo más grave sea preguntarse si el hombre contemporáneo no habrá perdido ya toda capacidad de guardar silencio.

¿No es cierto que el primer gesto que la mayoría de nosotros hace al entrar en su casa es enchufar el televisor o la radio? ¿No nos sentimos aterradoramente solos en una casa silenciosa? ¿No necesita la gente llevarse transistores al campo porque ni allí soporta el silencio y la soledad? Y aun cuando, en raras ocasiones, buscamos el silencio, ¿no nos llevamos dentro todo el ruido de nuestras pasiones, de nuestras preocupaciones, toda la marejada de nuestros deseos?

Ya es difícil conseguir el silencio de la lengua y de los oídos. Casi imposible lograr el silencio de la imaginación y de las ambiciones. Milagroso entrar desnudos en nuestra alma desnuda, para encontrarnos allí con nosotros mismos, con la realidad de la vida, con Dios. Porque el verdadero silencio sólo se vuelve
fecundo cuando permite un ahondamiento de la conciencia, un encuentro con lo más intenso de nosotros mismos.

http://www.obracultural.org/

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Alex
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« Respuesta #1 : Enero 11, 2007, 08:57:25 »

Un texto precioso Miriam, a la vez formula un reto, al alma aturdida por sensaciones a la vez que dependiente de ellas; hoy estar vivo, se entiende como lleno de sensaciones.


Las sensaciones, privan al alma de su verdadera luz y la dejan ciega, y es que ese silencio, al que alude el texto, que cariñosamente has querido compartir con nosotros, es silencio de los sentidos, el silencio que hace luz en nuestras almas y nos regala la visión, inocente de los santos/niños.


Recuerdo una antigüa historia que dice así:


Citar
Como quieres escuchar a Dios, dijo el viejo maestro a su joven discipulo, si no cesas de parlotear?


Dios te está hablando y no le escuchas, su voz es tan dulce que suena a silencio, un silencio tan rotundo que te llena hasta el fondo del corazón.

Un vaso lleno, no puede recibir lo nuevo que ha de llegar.

 


Algunos, buscan vaciarse de mundo para llenarse de Dios, abandonan el mundo y viven en el desierto, que es el paraiso despojado de inocencia, donde el vacio de mundo es signo de presencia de Dios.


Hace Dias he visto el articulo de Messori sobre los nuevos eremitas, que está en la sección de espiritualidad. Quisiera dejar acá estas lineas.


Citar
El exceso de insistencia en el compromiso con el mundo y el desbordamiento de las palabras, habladas y escritas, han llevado a muchos, por contraste, a redescubrir la fuerza de la oración y el gozo del silencio.



El texto completo está aquí


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El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
Miriam
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« Respuesta #2 : Enero 12, 2007, 05:18:47 »

Sí, Alex. Me has evocado dos "palabras" sobre el silencio.

La primera fue cuando descubrí, leyendo la Bíblia ecuménica francesa (TOB),  una nota que explicaba lo dificil que era traducir la palabra que describe el paso de Yahvé ante Elías. Unos traducen como brisa suave, otros como silencio tenue.... para quienes conocen el paso del Señor por su alma, no tiene mucho misterio como se le manifestó el Señor.

Hay demasiada gente que cree que las manifestaciones divinas verdaderas son formales, sensibles a los sentidos: voces, visiones, aromas, sensaciones... Mi maestro me explicaba que estas "manifestaciones divinas" que tanta polvareda levantan son las menos fiables, ya que, incluso cuando tienen un origen divino, las más de las veces son "traducidas" por el psiquismo humano del que las recibe. Por esto para unos la Virgen que se aparece es rubia, para otros morena... etc. Las más fiables de este tipo de manifestaciones son aquellas en que el vidente "no sabe" lo que significa el mensaje, como pasó en el caso de Sta. Bernardette de Lourdes.

Por esto tambien son mucho más fiables los sueños, que usan igualmente imágenes psíquicas, pero ya más fieles al simbolismo colectivo del psiquismo humano, la persona receptora "interviene" menos en esa manifestación.

En el mayor nivel de profundidad están los sentidos del corazón, los sentidos espirituales, que por desgracia una gran parte de personas los tiene cerrados, cegados por el ruido externo de nuestra vida; incluso con el ruido de lo religioso, no siempre espiritual. Es decir, no siempre vivido en profundidad. Estos sentidos interiores, en lugar de estar girados hacia lo exterior, estan atentos a lo profundo y pueden percibir de una manera diferente a los sentidos externos, siendo en realidad los únicos que pueden percibir con mayor nitidez, lo que Dios comunica a nuestra alma.

Y es ahí donde ese silencio tenue, esa "como" brisa suave, ese "calor" refrescante, esa "energía" armoniosa y tranquila, se "siente". Entonces los sentidos externos, siempre volubles, hiperactivos... se aquietan, y una dulce y serena plenitud se deja sentir en nuestro corazón, en lo más profundo de nosotros mismos, y a todos los niveles. Pero jamás debemos buscar esto, el objeto de nuestra interiorización debe ser siempre la más pura adoracion al Señor. No hemos de buscar sentirle, sino creer y estar convencidos de que está en nosotros, más allá de todo sentimiento o sensación externa o interna. Eso es la adoración en espíritu y en verdad que Dios nos pide. Saberle tan realmente en nosotros que no "necesitemos" sentirle, y dejarle el espacio de nuestro corazón tan libre como posible para que el lo conforme como su templo y pueda manifestarse a nosotros de la manera que Él quiera y cuando Él quiera. Nuestra alegría es saberle ahí, como le sabemos en el Sagrario, como le sabemos, aunque nos cueste a veces creerlo, en lo más profundo del ser de cada criatura para darnos vida, sostener todo con su Amor creador y redimirlo todo con su Amor redentor.

La otra es una "palabra" de mi maestro, el P. Estanislau María, que una vez me contó entristecido la terrible experiencia a que había llegado un hombre que se había ejercitado en una ascesis de meditación oriental que tenía como objetivo hacer el silencio mental... Esa persona le contaba que lo había conseguido, pero su interior, sus sentimientos y su psiquismo estaban como muertos, insensibles como las piedras. En ese silencio no se movía su mente, no sentía las pulsiones de sus sentimientos o sensaciones, pero era un vacío total, en el que nada le afectaba, todo le dejaba en la fría indiferencia... En razón de esto me explicó que "hacer silencio" cristiano, como el conseguir la "apatheia cristiana" no es ni un silencio de vacio (en aquel estilo) ni una "apatheia estóica" que busque el no sentir.

El silencio entendido de manera cristiana no debe conducir nunca a un vacío, a una especie de muerte de los sentidos, sentimientos y pensamientos, sino a un vacío de ego, que da todo el espacio de nuestro ser a Cristo... "Ya no soy yo quien vive sino que es Cristo el que vive en mí..."

Vaciarnos de todo cuanto estorbe que Dios sea todo en nosotros. Alli donde hay nuestro corazón, allí está nuestro tesoro, o viceversa... Si nuestro único tesoro es Dios, es a él donde naturalmente se dirige nuestra atención y hacia donde se abre nuestro corazón.

Y si Dios llena nuestro corazón, nuestro corazón se expande a dimensiones infinitas, como es infinito el Señor de nuestro corazón.

Este es el contenido de nuestro silencio cristiano, vaciarnos para que Cristo nos llene y se manifieste en nosotros y a nosotros como él quiera. Cuando se vive en Cristo no necesitamos manifestaciones especiales. Está siempre con nosotros. Y, como en un espejo, vemos en él quienes somos nosotros: nos enteramos realmente que, sin él, no somos nada. Lo vemos tan claro que ya no podemos vivir sin él nunca más. Porque sabemos que fuera de Dios todo es muerte. En realidad no hay un fuera de Dios. Pero el pecado ha creado ese no-ser que es el "fuera de Dios"; es difícil comprender el horror de ese "misterio del mal"

En cuanto a la "apatheia" (literalmente "apatheia" sería no-pasión) de la que Evagrio y algunos padres mmonásticos hablaron, no es la virtud estóica. La apatheia cristiana no busca dejar de sentir, sino la serenidad de sentir desde Dios, la sublimación de las pasiones humanas convertidas en virtud. La pasión es energía. Una energía que cuando va dirigida al placer o a la satisfacción inmediata de los sentidos o deseos conduce a  obtener cada vez más satisfacciones exteriores, no siempre pecaminosas, pero si vanas. Y de ahi a convertir las costumbres en vicios va solo un paso.

Creo que por esto, la catequesis tradicional vio certeramente que todos los vicios tienen su virtud. Se trata de las pasiones: nuestras energías proyectadas hacia el pecado-vicio o hacia la santidad-virtud. Como elemento ascético de Adviento, como preparacion para recibir dignamente al Señor, lo voy comentando estos días en otros foros. la virtud supone la apatheia, la serenidad, el control de nuestras energías hacia  Dios, hacia  la virtud, hacia el bien...

Nos pide ejercitarnos en vencer las tentaciones y los miedos. Vencer las tentaciones en todo aquello que sabemos que nos "mimamos" cediendo a nuestros pequeños deseos. Si nuestro autocontrol es flojo en seguir deseos que no son pecaminosos, pero si muchas veces vanos, nos encontraremos debilitados a la hora de decir no ante una tentación más grave que nos puede conducir al pecado y al vicio. En cambio si vamos aprendiendo a renunciar a nuestras pequeñas vanidades, nos encontraremos más fuertes a la hora de las grandes pruebas, que podremos asumir con mayor serenidad y fortaleza con la ayuda de Cristo. Esto es el ejercicio cristiano de la "apatheia".

Veo que me he extendido sin darme cuenta sobre este tema tan precioso a la ascesis cristiana, que es primordialmente una ascesis del corazón, una ascesis que busca la pureza del corazón, el poner "orden por dentro" en la casa del Señor que somos, por la gracia de nuestroy bautismo y el gran Don del Espíritu Santo. No alojemos al Señor en una cuadra pestilente, incluso una cueva puede ser un lugar limpio y puro, lleno de su presencia, y esa cueva-ermita se halla en lo más profundo de nuestros corazones como su templo.

Que el Señor venga siempre a nosotros y nos encuentre con la lámpara encendida del Amor.

« Última modificación: Mayo 01, 2007, 11:47:11 por Miriam » En línea
Laya
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« Respuesta #3 : Enero 12, 2007, 04:07:57 »

Habéis dejado tantas cosas tan importantes en este hilo, que me parece que podríamos ir poquito a poco desgranando algunas de las muchas ideas que aquí habíes ido dejando. 
 
Creedme si os digo que me ha llevado mucho tiempo leermelo todo y asimilar por lo menos un poquito. 
 
El silencio interior. ¿por qué la gente le tiene tanto miedo? ¿por qué tanto miedo a quedarse sola? ¿por qué salir a la calle y hacer, venga a hacer, no parar ni un minuto? Porque están muertos por dentro. 
 
Miriam, hace falta mucha renuncia, mucha negación a uno mismo para que Dios le llene a uno por completo, tú y yo creo que lo sabemos. Lo que todos esos que huyen del silencio como posesos desconocen, es la felicidad que llena el alma cuando la persona se ha vaciado de sí misma para dejar paso a Dios. Si lo supieran... el mundo sería otro mundo. 
 
Precisamente, cuanto más se llenan de cosas, cuanto más quieren hacer y tener, más se vacían por dentro y más les corroe la infelicidad. 
 
Alex, es precioso el texto que has dejado de "Los nuevos eremitas". ¿Sabes qué te digo? Que creo que hoy en día en cualquier ciudad, se puede ser eremita sin que nadie se llegue a percatar de ello, es una cuestión de corazón, de la persona y Dios, de vivir inmerso en Él y con Él, de estar desprendido de todo lo terreno para que nada le ate a uno a esta tierra, aunque se esté rodeado de todo, aunque se pueda parecer incluso un burgués. ¿no crees?

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Miriam
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« Respuesta #4 : Enero 13, 2007, 06:17:45 »

"Que creo que hoy en día en cualquier ciudad, se puede ser eremita sin que nadie se llegue a percatar de ello, es una cuestión de corazón, de la persona y Dios, de vivir inmerso en Él y con Él, de estar desprendido de todo lo terreno para que nada le ate a uno a esta tierra, aunque se esté rodeado de todo, aunque se pueda parecer incluso un burgués."



Así como dices, Laya.

De hecho una de las características del eremita es el pasar desapercibido, y no hay nadie más desapercibido que cualquier persona solitaria inmersa en la gran ciudad.

¿Por qué extrañarse que hoy día en que tantas personas se sienten solas y abandonadas, obligadas por una situacion que no han deseado, otros lo hagan precisamente para estar en comunión con Dios y con toda esta humanidad desamparada que pasa por el lado de todos los satisfechos sin que éstos se den cuenta?

Hay un hecho en esta soledad que es igualmente desigual. El solitario que se siente dejado y abandonado, sufre sin saber que en Dios puede tener toda la plenitud de comunión que extirpa para siempre esa soledad negativa que viene de haber sentido cortados los lazos que le unen al resto de la humanidad, y que es vacio y tristeza.

En cambio el eremita que se retira para vivir en comunión, la máxima soledad le puede parecer una fiesta. En las formas todo es igual, no tiene nadie al lado, pero en Dios se encuentra en comunión con todos y con todo, de manera que la soledad del eremita buscador del Absoluto es siempre plenitud, tanto más plena cuanto más vacía esté de adherencias materiales y humanas. El "solo Dios" es equivalente a "todo con Dios y en Dios".

Ojalá esto lo supieran todos estos tristes solitarios de nuestras ciudades, abandonados por el cónyugue o los hijos, o los padres... Su vida cambiaría totalmente, y la obscuridad daría paso a la Luz...

« Última modificación: Enero 24, 2007, 12:54:48 por Miriam » En línea
Miriam
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« Respuesta #5 : Enero 16, 2007, 06:13:05 »

Citar
El silencio interior. ¿por qué la gente le tiene tanto miedo? ¿por qué tanto miedo a quedarse sola? ¿por qué salir a la calle y hacer, venga a hacer, no parar ni un minuto? Porque están muertos por dentro.

Tocas un punto aparentemente fácil de entender, pero me parece que tiene mucha miga. El silencio interior, lo sabemos, es un acallamiento de los sentidos y del psiquismo, para permitir que nos asomemos a las realidades más profundas de nuestro ser, allí donde Dios ha puesto su morada, y encontrarnos con él... Así de simple.

Este miedo, no es tanto el miedo común, sino nuestra inercia a "sentirnos vivos" en todo lo que implica movimiento, actividad, sonido, fenómenos tangibles y compartidos, que nos aseguran como seres "vivos". Creo que, inconscientemente, el cesar todo eso para contemplar más allá de la "vida habitual" que nos arrastra, nos provoca vértigo, se nos asocia con la muerte, con la nada. En realidad corremos el peligro de desconectar la "vida" fenoménica de la "Vida" auténtica, la raíz de toda vida, que se encuentra precisamente en esos niveles de profundidad tocados por la presencia y acción de Dios.

Citar
hace falta mucha renuncia, mucha negación a uno mismo para que Dios le llene a uno por completo, tú y yo creo que lo sabemos. Lo que todos esos que huyen del silencio como posesos desconocen, es la felicidad que llena el alma cuando la persona se ha vaciado de sí misma para dejar paso a Dios. Si lo supieran... el mundo sería otro mundo.

Es que para muchos la "negación de uno mismo", la muerte del ego, le suena a masoquismo y a alguna manera de suicidio. Como si fuéramos a perdernos.

Y hasta cierto punto es cierto, pues el ego, (el yo ficticio que se ha hecho el dueño de nuestra persona) y se alimenta de las pasiones viciadas, no quiere desaparecer. Y nos engaña haciendo creer que es injusto eso... Solo cuando llegamos a comprender que la renuncia al propio ego es precisamente el retorno a la verdadera identidad, al verdadero yo, podemos comenzar con la ayuda de Dios la lucha contra nuestras pasiones y nuestros ruidos, para abrir el corazón a la celda interior donde nos encontramos con el Señor que nos ama y al que amamos.

"El que quiera ganar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por causa mía y del Reino, la ganará.... para este mundo y para la vida eterna"

Incluso, aun cuando comprendemos la necesidad de entrar en el silencio la misma felicidad que supone estar un instante ante la presencia de Diops, al igual que nos llena el corazón y nos desborda, nos rompe. Un feliz rompimiento en el que el Señor pasa por nosotros como Fuego purificador, como Luz transfiguradora, pero que nuestro complejo humano soporta con dificultad. No podremos quedarnos fácilmente. Hasta que los ojos de nuestro espíritu sean abiertos por el Señor,  a su abrasador contacto, su deslumbrante Luz nos sabe a obscuridad y tiniebla..  Moriríamos si su acción delicada de purificación no nos preparase a vivir en su presencia. Toda esta acción de Dios resulta terrible para nuestra pobre naturaleza creada.

"Nadie puede ver a Dios sin morir"... Por esto nos volcamos en la contemplación del Dios hecho hombre. Si no alcanzamos aun a poder contemplarle en el esplendor de su gloria, si podemos contemplarle por la fe y el amor sin fisuras, en las transparencias gloriosas de su hermosa y redentora naturaleza humana. Y cuando no podemos o no sabemos estar en ese bendito y sagrado silencio interior, siempre podemos postrarnos en adoración y acción de gracias, a sus pies pobres y humildes,que aparecen ante nosotros en los pies humildes y pobres de la humanidad que nos rodea.

"Porque para Dios, todo es posible" Y Él nos ama...
« Última modificación: Enero 24, 2007, 01:01:56 por Miriam » En línea
Olympia
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« Respuesta #6 : Abril 10, 2007, 11:19:42 »

Hoy le daba vueltas a una frase ue leí esta mañana: Res omnium difficilis sileri!: ¡Una de las cosas más difíciles es guardar silencio!
Así que me ha hecho gracia encontrarme con este hilo.

Y le daba vueltas, porque realmente es tan difícil como necesario. Y no significa tener que apartarse del mundo, sino tener la palabra adecuada, en el momento oportuno, que no es fácil.  ;)
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"La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso"
(Francis Bacon)
Miriam
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« Respuesta #7 : Abril 11, 2007, 02:36:05 »

Bienvenida, Olympia, a estos foros....

Es cierto que el verdadero silencio no significa apartarse del mundo, aunque por nuestra debilidad nos puede ayudar el hacerlo alguna vez para encontrar un poco mejor nuestra interioridad.

Ahora bien, cuando se llega a vivir en la presencia de Dios, esta dimensiópn interior y la dimensión exterior se unifican de tal manera que solo entonces podemos estar todo el tiempo con la palabra en la boca y con la actividad en la mente y las manos, sin dejar por ello el silencio interior.

Solo cuando se da esta unificación en la persona, realizada por la gracia de Dios y por la fidelidad en la fe y el amor al Señor; solo entonces, la palabra es la "palabra justa y adecuada". Mientras eso no es posible, nuestras palabras siguen siendo de poco peso, "sin base",  por faltarnos la raiz de la dimensión interior.
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mariquilla
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« Respuesta #8 : Mayo 18, 2007, 03:13:11 »

Precioso este hilo.
Para pensar muchas cosas, todvía no me encuentro preparada para aportar algo, pero...me encanta!! :D :D :D
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Laya
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« Respuesta #9 : Mayo 18, 2007, 03:30:21 »

Precioso este hilo.
Para pensar muchas cosas, todvía no me encuentro preparada para aportar algo, pero...me encanta!! :D :D :D

¿Que no te encuentras preparada... tu??

¡Anda ya!  ;)

Precisamente aquí, sobran las palabras...

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Antares
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« Respuesta #10 : Mayo 18, 2007, 06:46:24 »

En el libro que ya comenté: el silencios calmor de las estrellas, es curioso, como el ser de otro mundo, de otro sistema, lo que mas le escandalizaes el ruido.
Todo lo que pasa por las manos de los hombres genera un ruido estrambótico.
Cuando del campo gallego le llevan a Madrid... casi enferma.

Su perfecto tímpano capaz de captar el sonido del mas ligero cefiro, de escuchar las estrellas :o :o :o y su silencioso clamor, no haya consuelo ante el mundanal ruido de coches, bocinas...

Es un ejemplo traido por los pelos, pero ejemplo al fin y al cabo. La gente necesita escuchar ruido a tope... por que no quiere escuchar a veces la voz de su propia entidad, de su propia conciencia, el reclamo de sus familiares y amigos.

Le cuesta pensar, y para eso necesita ruido... mucho ruido.

Por contraste, que paz se siente a la orilla del mar... con el único sonido de las gabiotas o de las olas rompiendo en la orilla... de la naturaleza. Es decir de las cosas creadas por Dios.
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mariquilla
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« Respuesta #11 : Mayo 21, 2007, 12:38:29 »

......
Por contraste, que paz se siente a la orilla del mar... con el único sonido de las gabiotas o de las olas rompiendo en la orilla... de la naturaleza. Es decir de las cosas creadas por Dios.

Verdaderamente , és una maravilla !!!
Con la naturaleza te dás cuenta de la Perfección y de una forma casi inconsciente empiezas a dar gracias a Dios.Las cosas parecen muchísimo menos importantes y no digamos de algunos problemillas, e incluso los más grandotes se hacen un poco más pequeños.


 :o :oY...eso que a mí me encanta charlar, bailar y "las dicotecas"(siempre que la ´sica tan fuerte no me penga de mal humor)

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Belvís
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« Respuesta #12 : Mayo 21, 2007, 01:45:38 »

Es verdad que hay gente que no es capaz de permanecer en silencio consigo mismo...y necesitan estar haciendo algo todo el tiempo y sin silencio. No pueden meditar porque les asusta su propio interior...Y lo del mar...¡¡como me gusta escucharlo!! Y en verano, nadar hacia el fondo, hacia el horizonte...viendo el cielo unirse al mar...y escuchando el sonido de la naturaleza, lejos del bullicio de la playa...
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Antares
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« Respuesta #13 : Mayo 21, 2007, 08:27:06 »

Es verdad que hay gente que no es capaz de permanecer en silencio consigo mismo...y necesitan estar haciendo algo todo el tiempo y sin silencio. No pueden meditar porque les asusta su propio interior...Y lo del mar...¡¡como me gusta escucharlo!! Y en verano, nadar hacia el fondo, hacia el horizonte...viendo el cielo unirse al mar...y escuchando el sonido de la naturaleza, lejos del bullicio de la playa...

¡¡Anda que menuda panda de románticas que nos hemos ído a juntar por estas veredas... ;D ;D :D!!

Y menuda manera de destripar los post maravillosos de mas arriba, todo poesía profunda y encanto...

Sorry:
"psss.... vosotros seguid a lo vuestro que es lo que interesa, porfiplis..." que nosotras nos callamos, que no sabemos hablar tan bonito de ese silencio interior...
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Laya
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« Respuesta #14 : Mayo 22, 2007, 10:43:06 »

"psss.... vosotros seguid a lo vuestro que es lo que interesa, porfiplis..." que nosotras nos callamos, que no sabemos hablar tan bonito de ese silencio interior...

Tú sí que sabes... ¡y mucho!, lo que pasa es que vas de "incógnito" :D

Precisamente, hace un rato estaba leyendo sobre este tema, en un entreacto entre varias horas de bullicio infantil...  :) Sí que es difícil encontrar este silencio que todos necesitamos, pero está ¡claro que está! Unas veces hay que buscarlo, poner las condiciones "externas" oportunas, pero la mayoría de las veces, es una actitud interior, porque lo llevamos en nosotros mismos. Pienso, que el secreto está en no "cerrarle la puerta", que muchas veces requiere el esfuerzo de "cerrar otras puertas" palabras inútiles, recuerdos inoportunos, y sobre todo, el miedo a encontrarnos con nosotros mismos, no vaya a ser que nos encontremos con algo mucho más hondo que "haga pupa"...   ;)
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