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Laya
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« Respuesta #180 : Mayo 06, 2009, 04:52:13 » |
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incluidos nosotros los cristianos y es la tentación más peligrosa porque es muy sutil y es tremendamente fácil caer en ella sin darse cuenta y acabar tomando la parte por el todo Si, si os parece, podemos hablar de "nosotros", ¿vale? ¿Qué ven quienes nos rodean de "nosotros"? Pienso que a menudo ven unos zombies que van a ritmo de precepto, de decreto de Conferencia Episcopal (con todos mis respetos hacia la misma) Es un acto inconsciente y personal con dos ingredientes, el prejuicio de quien nos mira y la mala digestión de nuestra conciencia. Porque en última instancia, hacemos, del precepto, ídolo y látigo para fustigar a los demás. Me viene a la cabeza cierto hilo que, de vez en cuando aparece su autor a "resucitar": Ser cristiano hoy. Me preguntaba si nuestras condiciones personales son las óptimas para vivir coherentementa esta vida y el mundo que tenemos. ¿Adorando nuestras seguridades, con un cristianismo con todo resuelto? ¿Adonde vamos con nuestros falsos miedos? Tienes razón Kanbei, nos olvidamos de que papá nunca nos soltará de la mano. No veo que estos clichés nos acerquen mucho a los demás. Perdonad mi osadía, pero cada vez veo más inútil el eslogan "este es nuestro club, el de los salvados, venid y estaréis a cobijo". Y, sin embargo, aunque nos pese, los cristanos estamos ahí. No busco "soluciones" ni "recetas", sólo pienso en alto. ¿Qué pensáis vosotros? Un abrazo
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Miriam
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« Respuesta #181 : Mayo 07, 2009, 01:43:48 » |
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Pienso en la conversión, en la necesidad de un cambio de perspectiva en nuestra mirada, en resumen, pienso en el despertar de la consciencia. No una consciencia simplemente sensorial o psicológica, sentimental o afectiva... Es una consciencia que "sale de dentro", nos cambia la mirada, la percepción.
No podemos cambiar lo que nos rodea la mayor parte de las veces, se trata de un cambio de nosotros mismos.
Entonces... La Iglesia.
Para muchos puede ser eso que estás diciendo, y la convierten en el club de los elegidos, o de los protegidos, de los buenos y salvados, etc. Obedezcamos que los de arriba ya saben bien lo que nos conviene, por algo tienen autoridad divina... Todas estas cosas son verdad y son mentira... Depende de como las vivimos. ¿Obediencia consciente u obediencia de borrego?
Serían mentira si nos atamos al cumplimiento por la seguridad de que así no perdemos la ruta, y nos ceñimos a ello por comodidad, no nos saldremos de lo trazado y por ello seremos siempre aprobados y aceptados... No es que esto sea "malo", pero quizás pueda llegar a ser perverso, en el sentido de que se tiene en cuenta la cáscara sin llevar la pulpa viva por dentro.
Serán verdad si estos mandamientos ni nos sobran ni nos faltan, porque lo que nos mueve es que estamos enamorados de Dios, y su Iglesia no es una multinacional religiosa, sino el Cuerpo de Cristo, que contemplamos magullado y herido tantas veces, como en la Cruz, pero suyo, y por esto mismo, carne de resurrección, la Carne de Cristo que es su encarnación aquí y ahora, es decir, todos nosotros que le amamos y seguimos, casi siempre medio cojos y medio ciegos, pero que ponemos en Él nuestra esperanza, nuestro amor, nuestra fe, que, al fin y al cabo son frutos de su Don a nosotros, su Santo Espíritu.
Y ser suyos, es un camino de libertad interior que se realiza conjuntamente con la inseguridad que tiene el Camino, sabemos más o menos lo que estamos pisando, pero desconocemos lo que está por recorrer, seguimos sus huellas, con algo así como pequeños signos, como su aroma, como un eco de su paso, como un hálito de su santa presencia... Nada tangible a los sentidos y no obstante presente en todo cuanto nos envuelve. Caminamos en la noche que se convierte en más clara que el día para nuestro espíritu, pero tiniebla para el ego que busca seguridades y ser reconocido como "alguien" de valor.
No sé, ya estoy divagando... aquí lo dejo.
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« Última modificación: Mayo 07, 2009, 11:58:44 por Miriam »
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Miriam
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« Respuesta #182 : Mayo 08, 2009, 12:11:36 » |
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Y sigo hoy. Lo que no podemos aceptar es que nos enseñen a dimitir de nuestra consciencia y de nuestro discernimiento, en lugar de ayudarnos a educarlo.
En el nombre de Dios se realizan demasiadas perversidades disfrazadas de bien. Y Dios no es tonto. A Él no le podremos hacer pasar gato por liebre. Por mucho que las gentes lo hagan entre si, y se pongan devotos velos para encubrir su mediocridad.
El Evangelio es nuestro espejo. Jesús nos dice que seamos como niños. Imaginad los desvíos a que podría dar lugar tal frase, si no tuviéramos en cuenta también otras enseñanzas, como cuando nos avisa de que seamos "Inocentes como palomas y astutos como serpientes", o el repetido "Velad y orad para no caer en la tentación.."
La tentación máxima de la Biblia, lo sabemos, es la idolatría. La de entregarnos a substitutos de Dios, porque eso son, en realidad, los ídolos.
No perdamos la paz; no perdamos la serenidad gozosa del corazón confiado en el Padre que cuida de nosotros siempre; no olvidemos que siempre tendremos en Jesús el guía justo, el Camino, cuando la duda o el desconcierto nos agobien.
Me acuerdo que cuando mi maestro me enseñó sobre el "diablo" me reveló un aspecto muy iluminador. La palabra viene del griego "diabolos" que significa algo así como el que hace dar vueltas, girar, des-orientar... despistar... por esto no extraña que Jesús lo llame "el padre de la mentira". Cuando nos agobia la duda, cuando alguien, incluso con las mejores intenciones de que es capaz nos agobia, nos rodea y hace dar vueltas para llevarnos a su objetivo, debemos discernir que eso no es de Dios. Eso no es la "noche más clara que el sol del mediodía" que es la noche de Dios, porque en las cosas de Dios siempre hay el signo de la PAZ.
Y otra vez divagando.... Un abrazo!
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Kanbei
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« Respuesta #183 : Mayo 08, 2009, 06:13:31 » |
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Pensando también en alto, si los que estamos en la Iglesia apenas entrevemos lo que es, los de fuera no digamos. Porque la Iglesia no es un mero conglomerado de gente con unas mismas creencias, o un club de los elegidos, o una forma de organizarse una religión que además dicta lo que hay que creer y hacer...todo eso reduce a la Iglesia a mera asociación humana, a algo contingente que, por tanto, podría ser o no ser, o ser de otra manera. Muchos de los que estamos dentro también la vemos con prejuicios, pensamos que la Iglesia es infiel al mandato de Cristo, y creo que de alguna manera olvidamos que la Iglesia es tal y como Cristo la quiso, incluidos sus defectos.
Cristo no fundó su Iglesia como un club de justos o sabios, como una escuela filosófica o ética, sino que la fundó sobre las columnas de los apóstoles, que como todos sabemos eran gente normal con los defectos de cualquiera de nosotros. La Iglesia como cuerpo de Cristo que es, es santa, pero al mismo tiempo es pecadora que aspira a la santidad. Es santificadora y santificada a un tiempo. Es virgen en cuanto transmite sin corrupción la doctrina, y prostituta en cuanto infiel a la misión encomendada. Recibe la vida del propio Cristo, y al mismo tiempo hace presente a Cristo en el mundo. Es cierto que todos podemos ser más fieles, podemos procurar cumplir mejor la voluntad de Dios, pero Dios sabe de qué estamos hechos y cuenta con ello, y la Iglesia es el único sitio donde podemos encontrar su Gracia en plenitud.
La conciencia para un católico es esencial, pues debemos actuar conforme a ella. No podemos aceptar que otros tomen decisiones por nosotros, ni siquiera por mor de una "santa obediencia" que en el fondo no es sino conformismo y falta de espíritu de lucha. Pero como bien dice Miriam esa conciencia debe ser educada, no es algo autónomo ni separado de la Iglesia. La verdadera libertad no es la que hace lo que le da la gana sin límites, sino que es aquella que viene limitada por un deber ser de las cosas. "Pongo ante ti el Bien y el mal. Elige el Bien y vivirás". Somos libres para escoger, para ser santos o ser demonios, y nuestra conciencia se sentiría desorientada (en el fondo no sería libre) si no pudiera acudir a referentes seguros, que son como las estrellas que orientan a los navegantes en la noche. A mi la Iglesia me ofrece esos referentes, los cuales cotejo constantemente con mi conciencia para formarla y establecer guias de comportamiento. Y ante los conflictos entre esos referentes y mi conciencia, lucho por comprender, y si no comprendo, confío, pues sería una vana presunción el creer que mi razón puede ser más poderosa que la de la Iglesia. Una Iglesia que es humana y por tanto llena de defectos, pero que es al mismo tiempo una realidad divina. "¿A dónde iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna".
Un abrazo.
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Miriam
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« Respuesta #184 : Mayo 10, 2009, 12:11:37 » |
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Os confieso que es la primera vez que me releo un diálogo con el gozo profundo que lo releo este hoy por segunda vez. Y es que disfruto cada idea, cada frase, cada nueva luz sobreañadida a las anteriores, porque veo luz en estas aportaciones. Luz y serenidad, y mucho amor, sin fanatismos, sin tópicos... Todo llano. Lo confieso. Estoy disfrutando. Hago mío todo cuanto escribís... Me voy a la Eucaristía dominical. En elAltar nos encontraremos...
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« Última modificación: Mayo 10, 2009, 12:15:05 por Miriam »
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Laya
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« Respuesta #185 : Mayo 11, 2009, 09:49:13 » |
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Es verdad, Miriam, se están revolviendo muchas cosas. Personalmente, a medida que os leo, que me pongo a reflexionar sobre todo esto que estamos hablando y es como si me saltasen chispas. la Iglesia no es un mero conglomerado de gente con unas mismas creencias, o un club de los elegidos, o una forma de organizarse una religión que además dicta lo que hay que creer y hacer...todo eso reduce a la Iglesia a mera asociación humana, a algo contingente que, por tanto, podría ser o no ser, o ser de otra manera. Cierto que no lo es, pero lo hacemos. Entonces ¿Qué ocurre cuando a eso le llamamos Dios? ¿Y cuándo nos "lo creemos"? ¿Y cuándo llegamos a identificarlo con "la puerta estrecha e intentamos "salvar" a los demás haciéndoles "pasar por el aro"? Creedme, a veces, sin percibirlo, como nos duele que el hombre se deshumanice nos subimos al carro de la moralidad, montamos nuestras cruzadas particulares “a favor de esto o en contra de lo otro”, es fácil unirse a una causa, poner todo el corazón en ella y deshumanizarnos porque ya no servimos al prójimo, sino “a la causa”. Pienso que esto, a la vista de nuestros hermanos, nos convierte en piedra de escándalo, porque cuando estamos tan “implicados” en la causa, hablamos de ideas, de moral, de estrategias, pero se nos cierran las puertas de los corazones. Entonces, ¿cómo podemos ser medicina para quienes la necesitan? Si los árboles no nos dejan ver el bosque...  Un abrazo
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Kanbei
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« Respuesta #186 : Mayo 12, 2009, 06:08:55 » |
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Bueno, ocurre que Dios quiso que "eso" fuera la prolongación de su acción en la tierra, su cuerpo místico, a pesar de todas las infidelidades que cometemos. La Iglesia es pecadora, profundamente pecadora, pero también es santa.
Cristo habló de que el camino a la salvación es estrecho, no de que el único camino de salvación esté en la Iglesia. El estar en la Iglesia no es garantía de salvación, pues podemos desperdiciar lo que se nos da. Sólo el amor es garantía de salvación, y este es común a todos los seres humanos.
Yo veo a la Iglesia como algo santo, es decir, sagrado en el sentido de "apartado para Dios", una realidad que está ahí no por méritos propios ni porque sea mejor que lo que le rodea, sino porque Dios ha querido reservarse una propiedad para que esta le sirva a Él y a toda la humanidad. El servicio y la fidelidad deberían ser notas características de nuestro ser cristianos, "siervos inútiles que hacen lo que tienen que hacer", y no una moralidad o una política concretas que sólo ponen obstáculos a la acción de Dios (había un santo, ahora no recuerdo cual, que se consideraba a sí mismo un obstáculo para la acción de Dios).
Lo anterior no significa que las cosas no tengan un deber ser, pero ese deber ser no debe ser confundido con una moralidad. Dios quiere que seamos felices, y hay cosas que impiden ese deseo de Dios. Pero al mismo tiempo que tenemos que trabajar por el Reino, por traer a Dios a los demás, tenemos que tener cuidado con no cerrar las puertas a los demás bajo el pretexto de que "no son de los nuestros", pues Dios no cierra su corazón a nadie. A veces podemos hacer algo por el otro porque además el otro se deja ayudar...en otros casos, sólo queda acompañar en el silencio para mostrar al otro que ni siquiera en el infierno se encuentra solo y abandonado de Dios.
Un abrazo.
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Laya
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« Respuesta #187 : Mayo 13, 2009, 10:12:43 » |
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Me habéis hecho pensar... ¡mucho!
Últimamente andaba un poco abatida. Cuando "ves" cosas, cuando te sientes empapado de miseria, porque te toca, surge una especie de rebelión que, en cierto modo, pienso que, aunque sea dolorosa, con paciencia, llega a ser curativa.
Es bueno conocer la miseria, el problema es ver cómo no quedarse en ella.
He proseguido con mi lectura de Baum. Os transmito dos pequeñas citas que me han ayudado a "desatascar" parte del conflicto.Me han parecido alentadoras.
Salvación divina es aquello que acontece al hombre que encuentra en sí mismo la libertad de apartarse de su egoísmo hacia un nuevo amor al prójimo y a una mayor preocupación por la sociedad. Esta llamada a la conversión está presente en la vida de todo hombre.
Por otro lado...
La Iglesia trata de comprender su papel en un mundo de pecado pero bajo el efecto de la gracia. Está unida al resto del mundo, no sólo por la común miseria del pecado, sino por la presencia divina, creadora de nueva VIDA.
Entonces, pensé, la Gracia divina está presente en la humanidad pecadora. Cuanto más humanos, cuanto más capaces somos de reconocer esta miseria, ¡estamos más vivos!Somos más capaces de convertirnos.
No sé si con estas malas explicaderas, habré "fusilado" las citas.
Un abrazo
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Kanbei
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« Respuesta #188 : Mayo 14, 2009, 06:06:45 » |
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Las crisis son curativas porque nos sacuden de nuestra modorra comodona, siempre que como dices no nos quedemos instalados en ellas (que esto último es la grieta por la que intenta entrar el demonio, que siempre anda rondando como león rugiente). Bien encajadas y asumidas, suponen un crecimiento de la Fe. Todos los hombres estamos llamados a la salvación. Todos, tengamos las creencias que tengamos, tenemos inscrito en nuestros corazones la sed de Dios, de "Algo" que nos supera y nos sostiene. Sin esto sería impensable que creyéramos en Dios, o que existieran las religiones. Igual que tenemos sed porque necesitamos el agua, tenemos "sed de Dios" porque necesitamos a Dios. La Iglesia trata de comprender su papel en un mundo de pecado pero bajo el efecto de la gracia. Está unida al resto del mundo, no sólo por la común miseria del pecado, sino por la presencia divina, creadora de nueva VIDA.
Entonces, pensé, la Gracia divina está presente en la humanidad pecadora. Cuanto más humanos, cuanto más capaces somos de reconocer esta miseria, ¡estamos más vivos!Somos más capaces de convertirnos. La Iglesia (y todos y cada uno somos Iglesia) tiene una dimensión pecadora, y una dimensión santa. Dios quiso que fuera así. Y la Iglesia tiene que permanecer en el mundo, y ensuciarse y contaminarse con la suciedad del mundo, porque el mundo sólo puede ser redimido desde dentro. Cristo se encarnó y se hizo hombre entre los hombres para salvar a la humanidad, y tuvo que soportar las consecuencias del pecado, y sufrir tremendamente y morir de la peor manera posible, "Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna". Hbr 4, 15-16 De la misma manera, la Iglesia que es continuadora de la acción salvadora de Cristo en el mundo tiene que ser probada, esta vez también en el pecado ya que la Iglesia está formada por pecadores. Y es que esta Iglesia pecadora, sucia a veces, con el rostro desfigurado por las infidelidades, tiene que vivir insertada en el mundo. Es santa (es decir "apartada para Dios"), pero no se constituye en una organización apartada de lo impuro del mundo, ya que si así fuera sus puertas estarían cerradas a los pecadores y no podría proporcionar la salvación (recordemos el caso de los gnósticos en los primeros tiempos de la Iglesia como un evidente riesgo en el que la Iglesia, por la asistencia del Espíritu, no cayó). Un abrazo.
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