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Autor Tema: EL PLACER DE LEER  (Leído 13999 veces)
Alex
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« Respuesta #270 : Junio 25, 2008, 11:23:17 »

No os parece que son libros de un valor mas alla de lo literario?

Pienso que ademas son un compendio de las mejores cualidades humanas y que también en la serie de don Camilo, se presentan como son en realidad, en esa aparente contradicción que es verdaderamente paradójica, coexistiendo el valor y la duda, la terquedad y la razón, la abnegación y el miedo...

Ademas nos presenta, ya antes de su realización, una Iglesia como la que se decanta desde el concilio Vaticano II, una Iglesia viva, abierta al mundo, solidaria con los pobres, cristocentrica, activa y contemplativa, dialogal e inclusiva, y sobre todo recuperando las raices en el evangelio. No?
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El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
Laya
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« Respuesta #271 : Junio 26, 2008, 08:04:41 »

He leído con atención los párrafos que has dejado, Miriam.

Cita de: Alex
No os parece que son libros de un valor mas alla de lo literario?

Pues si, y añado: también de lo anecdótico. Puede que una lectura superficial, o la transcripción de estas novelas a películas hayan producido un efecto reductivo, es decir, que el lector o espectador se quede sólo en las "escaramuzas" dialécticas entre D. Camilo y Pepone y se "pierda" la inmensa riqueza que esconde algo que puede ser meramente anecdótico.

Son libros para leer muy despacio, para despojarlos de esa anécdota "el cura contra el comunista" o viceversa y adentrarse en ellos sin prisas.
A mi modo de ver, a pesar de la narrativa tan espléndida de Guareschi, su amenidad, su vivacidad para describir cada situación, su fino humor, su maestría para reflejar la condición humana,  el lector poco avispado que se quede en la anécdota y se pierda la esencia, o tal vez el cine, como suele ocurrir y he dicho antes, haya hecho un flaco favor al escritor, no sé lo que os parecerá a vosotros...

Recuerdo haber leído estos libros siendo muy joven y haberme quedado ahí. Ahora pienso, ¡Pobre D. Camilo! ¿Qué sería de él sin su Cristo? Y detrás de D. Camilo veo el tú el yo, el él, el nosotros...

Precisamente, por esto, siempre son buenas las segundas y terceras lecturas...
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Prefiero tener ventanas, a tener espejos.
prm3
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« Respuesta #272 : Julio 31, 2008, 03:43:31 »

Hola a todos de nuevo  saludando, llevo una temporada perdidilla pero prometo ponerme al día muy pronto.

Mientras, alguien tiene el libro "El niño con el pijama de rayas" en formato ordenador, vamos q lo pueda volver a leer en el ordenador. Mil gracias.
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Laya
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« Respuesta #273 : Julio 31, 2008, 09:49:46 »

 saludando Prm3

Va para allá en PDF.  complice
« Última modificación: Julio 31, 2008, 09:52:53 por Laya » En línea

Prefiero tener ventanas, a tener espejos.
prm3
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« Respuesta #274 : Agosto 01, 2008, 10:35:44 »

saludando Prm3

Va para allá en PDF.  complice


Eres estupenda, mil graciassssss. Ya estoy casi al 100%  computer complice
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Belvís
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« Respuesta #275 : Septiembre 18, 2008, 08:45:49 »

Ahora que leo lo del "Niño con el pijama a rayas"...me doy cuenta de que van a estrenar pronto una película sobre él!! ¿qué tal es? Yo no lo he leído pero por el contenido en cierto modo me recordó la trama de "La vida es bella" (en el plano de cine). ¿Es demasiado duro o me lo recomendáis?

Otra cuestión...¿qué libro me aconsejáis para regalar a mi padre por su cumple? Le ha gustado El Padre Elías, La sombra del Pelícano y le gustan también los de Forsyte...El librero de Varsovia me parece demasiado duro para este caso...pero es el único que me suena así de pronto.... ojoplato

Mil  gracias!!  complice
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virgin
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« Respuesta #276 : Septiembre 18, 2008, 10:16:15 »

saludando Prm3

Va para allá en PDF.  complice


A mi también me gustaría que me mandases ese libro del "Niño con el pijama a rayas", si puedes. Mil gracias Laya.
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Belvís
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« Respuesta #277 : Septiembre 20, 2008, 10:55:01 »

saludando Prm3

Va para allá en PDF.  complice


A mi también me gustaría que me mandases ese libro del "Niño con el pijama a rayas", si puedes. Mil gracias Laya.

Pues ya que te pones a mandarlo...inclúyeme a mi también...si puedes complice Como Gmail tiene mucha capacidad ya lo bajaré cuando vaya a la "civilización" icon_mrgreen
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Laya
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« Respuesta #278 : Septiembre 21, 2008, 08:28:03 »

Va para allá.

No es como "La vida es bella"... Es otra cosa.

Creo que salimos ganando quienes leímos este libro antes de que se hiciese "famoso". Es una historia que hay que leerla sin que nadie te explique nada, irla descubriendo con los ojos de Bruno. Sin adelantarse a la acción, descubriendo la dimensión que tiene cada hecho en si, en una palabra, dejarse llevar por la narración sin nada preconcebido.

Si hubiese visto las escenas de la peli que se están dando estos días antes de leer el libro, mi lectura hubiese sido otra... triste Lo siento por los cinéfilos...  silba

Otra cosa, respecto a lo que pides para tu padre, pues en este momento no se me ocurre, pero estaré al tanto...

Un abrazo

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Belvís
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« Respuesta #279 : Septiembre 23, 2008, 02:18:19 »

¿Alguien tiene en formato ordenador el libro "El Señor" de Romano Guardini?? ojoplato
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Miriam
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« Respuesta #280 : Septiembre 24, 2008, 01:22:54 »

Pues no la tengo; y si alguien lo tuviera, también lo querría.
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Miriam
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« Respuesta #281 : Septiembre 24, 2008, 01:35:48 »

Hace años que me sonaba mucho el título y el autor, José M. Gironella. Temía que fuera una simple apología política de las que dividen en "buenos y malos", en este caso a los españoles de la contienda... pero mes ganas aun tenía de saber más de esa época que, miméticamente y con ligeras variantes, se va repitiendo de forma endémica desde los tiempos de la invasión napoleónica y la masonería (entraron en la misma época, parece...) si el dato que aparece en las obras de Pérez Galdós es exacto.

Pero debo decir que es una obra valiosa. La novela nos transmite en fresco situaciones tan corrientes y reales que nos permiten comprender las diversas fuerzas y tensiones entrecruzadas que provocaron tal hecatombe social. Encaja totalmente en aquello de  que Jesús, contemplando a las multitudes que le seguían, los vio como ovejas sin pastor... Lo doloroso es ver que esas situaciones son tercamente resucitadas y repetidas... como si estas ideologías y fanatismos fueran como parásitos que se reproducen una y otra vez en la vida de nuestro país.

Conocer la historia para interpretar el presente y no repetir los errores es de sabios...
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Miriam
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« Respuesta #282 : Abril 25, 2009, 06:22:33 »

Supongo que los participantes en estos foros han recorrido ya el elenco de buenas revistas que tenemos en la sección de enlaces.

Mas hoy nos llega la noticia que el Alfonsianum de Roma, con su especialidad en temas de moral, ha publicado en internet sus números de Studia Moralia, desde el 1998 al 2008 inclusive. Se pueden encontrar artículos interesantísimos sobre temas de vida cristiana, en diversas lenguas, particularmente la italiana.

http://www.alfonsiana.edu/Italian/edacalf/it_edacalf_sm_archivio.htm

....pero intentando abrir el último número me doy cuenta de que solo han publicado los índices... o bien han olvidado de poner los enlaces.
« Última modificación: Abril 25, 2009, 06:31:15 por Miriam » En línea
Miriam
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« Respuesta #283 : Mayo 06, 2009, 01:30:27 »


De senectute, de Cicerón, es "la única obra latina exclusivamente consagrada a los ancianos", George Minois afirma: "puede parecer extraño que la civilización romana, tan severa con los ancianos, haya producido esta extraordinaria apología de la vejez, única por muchos conceptos. Por el lugar que ocupa en la literatura, por la calidad de su estilo y su argumentación, la obra representa un hito esencial en la historia de los ancianos."

El famoso libro de Cicerón es uno de los pocos que en la Antigüedad Clásica ha celebrado la vejez, si bien, al decir de algunos comentaristas, se trata de una apología sospechosa pues el tono positivo de algunas páginas parece negarse en otras.

El título real del libro es Cato maior de senectute liber y está escrito en forma de un diálogo entre Catón el Viejo con dos jóvenes, Escipión, hijo de Pablo Emilio, y su amigo Lelio. Catón es una excepción en su época, pues se le representa de ochenta y cuatro años. Los jóvenes se admiran de la intensa actividad desplegada por el octogenario, y éste da sus famosas razones para no renegar de la vejez y aceptarla como una etapa más de la vida, rica en dones y placeres. Que tales dones y placeres son distintos de los que se goza en otras edades es evidente de suyo y a ello se dirigen las reflexiones del libro.

Cuando Cicerón escribe esta obra cuenta sesenta y dos años. No sabe que morirá pronto, a manos de enemigos políticos mendaces, de los que su mordacidad y afilada retórica le granjeó muchos en su vida de hombre público, político, polemista y escritor. Su libro debe ordenarse entre los textos didácticos, aquellos que enseñan a vivir mejor. Hoy día, sería considerado un libro de autoayuda, esos "self-help books" que tienen respuestas para todo y que inspiran tan buenos sentimientos de control a las personas. Es, auténticamente, un tratado de "gerogogía", como debería llamarse al arte de aprender a envejecer.

Cicerón pone en boca de Catón muchos argumentos que proceden de la tradición griega, especialmente de Platón, y algunos pasajes recuerdan el discurso de Céfalo en La República. Por ejemplo, Catón confiesa a sus jóvenes oyentes que algunos placeres ya no se pueden obtener, pero la naturaleza sabiamente quita el deseo de tenerlos. La culpa de que la vejez sea ingrata no está en ella misma sino en las costumbres. Pues aquellos viejos que han cultivado la virtud a lo largo de su vida, que son moderados y no exigentes, que han tenido una vida "bien llevada" no debieran tener quejas ni mayores penas.

El tema central de la obra —o, más bien, uno de los temas centrales— consiste en una refutación ordenada de cuatro motivos por los que la vejez puede parecer miserable.

El primer argumento es que la vejez aparta de las actividades. Catón (Cicerón, a través de Catón) se pregunta de cuáles. Las cosas grandes no se hacen con las fuerzas, la rapidez o la agilidad del cuerpo sino mediante el consejo, la autoridad y la opinión, cosas todas de las que la vejez, lejos de estar huérfana, prodiga en abundancia. Aunque es verdad que la memoria disminuye, hay ejemplos notables de viejos capaces de recitar pasajes enteros de obras literarias, como Sófocles, cuando convenció a los jueces declamando Edipo en Colona. Otros ancianos, de los que no se escatiman ejemplos, tuvieron la dicha de que sus estudios duraran lo que su misma vida. Bella manera de decir que estuvieron siempre renovándose y aprendiendo. Sócrates, por ejemplo, empezó a estudiar la lira y el propio Catón la lengua griega en la ancianidad.

La segunda razón para deplorar la vejez es la pérdida de la fuerza física. El argumento de Cicerón, puesto en boca de Catón, es que la vida no debe valorarse por ella. Pero es obvio que decrece. También es obvio que abundan las enfermedades. Mas éstas ¿no son también propias de los jóvenes? ¿es que alguien está libre de la debilidad y la dolencia? "Hay que hacer frente a la vejez, Lelio y Escipión, y hay que compensar sus defectos con la diligencia. Lo mismo que hay que luchar contra la enfermedad, hay que hacerlo contra la vejez", dice el sabio anciano. Y agrega algo que suena muy moderno: "Es preciso llevar un control de la salud, hay que practicar ejercicios moderados, hay que tomar la cantidad de comida y bebida conveniente para reponer las fuerzas, no para ahogarlas. Y no sólo hay que ayudar al cuerpo, sino mucho más a la mente y al espíritu. Pues también estos se extinguen con la vejez, a menos que les vayas echando aceite como a una lamparilla".

Estos pasajes son recomendaciones dietéticas, en el sentido de una forma de vida acorde con la edad. Suenan, en realidad, como de sentido común, y sin embargo fueron escritos cuarenta años antes de la era cristiana. Hay que hacer notar que Catón agrega, a continuación, que la vejez "es honorable si ella misma se defiende, si mantiene su derecho, si no es dependiente de nadie y si gobierna a los suyos hasta el último aliento". Estas observaciones, podría argüirse, con ser muy atinadas, no se aplican a muchos viejos que padecen la tortura de la dependencia y la pobreza. Catón habla, en realidad, de aquellos viejos que pueden sumergirse en sus estudios y ni siquiera darse cuenta de que envejecen.

Hay una razón, la tercera, para lamentar volverse viejo, que es tal vez una de las más frecuentemente citadas: la edad proyecta hace perder placeres. En esta parte, el viejo Catón lanza una diatriba contra los placeres. La pasión, alega, nos arrastra a acciones vergonzosas y criminales. Es una suerte que la edad aleje de nosotros lo que es lo más pernicioso de la juventud. "...nada hay tan detestable como el placer, si es verdad que éste, cuando es demasiado grande y prolongado, extingue toda la luz del espíritu". No sólo no hay que reprochar a la vejez que sepa prescindir de los placeres, hay que felicitarla por ello. Una vida virtuosa es garantía de bienestar.

La argumentación es bastante diáfana cuando se trata de los placeres de la mesa, toda vez que al privarse de excesos, de comilonas y libaciones, la vida es más grata. Pero con respecto al amor y al sexo, tema entonces muy debatido y asunto de perenne importancia, la discusión es algo más difusa. El anciano observa que disminuye el deseo y por lo tanto hay menos necesidad de obtener satisfacciones en ese ámbito. Sobre todo, dice, "para los que están satisfechos y ahítos es mucho más agradable la carencia que el disfrute". De esta frase se infiere lo inverso de lo que previamente el anciano ha predicado, pues ¿quién puede estar satisfecho y ahíto de placeres si ha llevado una vida virtuosa privándose de ellos? Resulta que la carencia es buena para el que ya está harto. Y para hartarse, obviamente, hay que haber gozado. Otro punto ambiguo es la declaración de que tales placeres no están lejanos del todo. "La vejez, dice, disfruta de ellos (los placeres) lo suficiente aunque los vea de lejos". No tan de lejos los ha de haber visto el autor Cicerón, quien, a los sesenta años se ha divorciado de Terencia tras veintinueve años de matrimonio para casarse con su joven pupila Publilia.

En el capítulo de los placeres hay una larga exaltación de los que brinda la agricultura. Ver crecer las plantas, vigilar lo sembrado, acumular los frutos de la tierra, vivir la paz bucólica del campo, son ternas en los que el autor se explaya.

Hay que reconocer, sin embargo, que toda la dulzura de la vida puede verse empañada por la avaricia y la pesadez de ancianos que desean más de lo que los jóvenes desean concederles. Pobres de ellos, "pobre de la vejez que tiene que defenderse con palabras". Porque, dice, "ni las canas ni las arengas pueden proporcionar autoridad de repente, sino que es la vida anterior vivida honestamente la que recoge los últimos frutos de la autoridad". Implícitamente, el autor Cicerón, a través de su personaje Catón, está elevando el respeto a la dignidad de un placer propio de la vejez. Placer que, no precisa decirse, deriva de la vida previa, es fruto del esfuerzo de antes. En la sociedad romana, se concedía una autoridad muy particular a los ancianos en la figura del pater familias . Como indica Georges Minois en una reflexiva nota, a partir del siglo IV la desintegración progresiva de la gens dio lugar a las familiae independientes, cuyos miembros estaban unidos por lazos jurídicos más que naturales bajo la patria potestas por nacimiento del mismo padre o bien por adopción o matrimonio. Bajo el sistema de la agnatio, el poder está vinculado al parentesco por vía masculina, lo cual explica que sea el hombre, y el hombre viejo, quien goza de absoluto poder. Su autoridad, que no conoce límites, es frecuente motivo de burla en el teatro y en la literatura. Por ende, es una figura ambigua. Por una parte, goza de poder y autoridad, por otra es odiado. No siempre es figura de respeto, especialmente si pierde bienes y poder. La pugna con las generaciones jóvenes, a menudo ejemplificadas en la figura del hijo, encuentra resonancias de marcados acentos, tal vez mayores que en otras tradiciones.

La última razón para deplorar la vejez, la proximidad de la muerte, es analizada en De Senectute en un registro que ya se ha convertido en tópico. "Si no vamos a ser inmortales, es deseable, por lo menos, que el hombre deje de existir a su debido tiempo. Pues la naturaleza tiene un límite para la vida, como para todas las demás cosas". Si no hay nada después de la muerte, nada debemos temer. Si la muerte es la puerta para vida eterna, debiéramos desearla. Por supuesto, en la época de Cicerón el tema de la longevidad tenía caracteres distintos de la época actual. Hoy no es improbable que una persona promedio, en un país medianamente civilizado, pueda aspirar a una larga vida. Por ende, desear vivir muy largo no es ambición descabellada. El tema de la calidad de la vida larga es el que ahora nos preocupa y conmueve. La disposición del tiempo libre, el goce del ocio, la satisfacción de las necesidades, todos los duelos, casi diarios, que significa la pérdida de ascendiente y dinero son hoy día más relevantes. Una vida terminada "a su debido tiempo" supone una reflexión filosófica profunda. Es a esa reflexión a la que alude Daniel Callahan cuando en su libro "Setting Limits" trata de precisar qué es una vida adecuadamente vivida y cuándo es razonable que termine. Conocida es su propuesta de racionar los recursos sanitarios sobre la base de la edad, que ha causado más de alguna ácida polémica.

El libro de Cicerón es un bello monumento al ideal. Ojalá todos pudieran vivir y morir como el sabio tribuno imagina y recomienda. Ojalá sus recomendaciones fueran leídas y meditadas. Tal vez no a todos convenga el género de vida que allí se describe. Sus páginas destilan una suerte de esperanzada alegría, un útil recuerdo de que siempre hay algo mejor a qué aspirar. Como apología de la vejez, logró el libro su propósito. Pero, como la vejez misma, es una apología de doble faz. Aquello que se celebra también puede ser objeto de preocupación. Lo deleitable es a veces negativo. La vejez, como la vida misma, siempre aceptará miradas múltiples y contradictorias.

Fernando Lolas Stepke
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