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Mayo 19, 2012, 05:43:48
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Autor Tema: Música  (Leído 4656 veces)
Miriam
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« Respuesta #30 : Mayo 10, 2007, 03:26:02 »

Aquí va algo un poco serio.... pero que espero que os guste. Lo acabo de encontrar  :)


Citar
[¿Por qué no se suicidó Beethoven?]

El arte auténtico nos reconcilia con la vida.

Alfonso López Quintás

En un testamento, redactado prematuramente, Beethoven hizo a sus hermanos la siguiente advertencia: «...Recomendad a vuestros hijos la virtud; sólo ella puede hacer feliz, no el dinero, yo hablo por experiencia; ella fue la que a mí me levantó de la miseria; a ella, además de a mi arte, tengo que agradecerle no haber acabado con mi vida a través del suicidio.» ¿Qué grandeza y poder transfigurador tiene el arte para disuadir a Beethoven de poner fin a una vida desbordante de sufrimientos?

El arte –en concreto, el arte musical– era para este gran músico una forma privilegiada de participar en un reino de belleza extraordinaria y comunicarla en alguna medida a los hombres. El arte no es propiedad de los artistas; es un don, que ha de ser acogido con agradecimiento y asumido en forma de diálogo. Las obras de arte no se “hacen” o “producen” –contra lo que a menudo se afirma actualmente–, se crean como fruto de un encuentro. Beethoven solía pasear por el campo antes de componer a fin de inspirarse. El contacto con la naturaleza encendía su inspiración porque veía todos los seres como huellas del Creador y podía entender su mensaje profundo y dialogar con ellos. «Lo más bello que hay en el mundo –escribió en una ocasión– es un rayo de sol atravesando la copa de un árbol».

Esta concepción del arte como una actividad dialógica explica que Beethoven fuera muy consciente de que era un genio y reclamara para su persona el debido respeto y, al mismo tiempo, se mantuviera siempre humilde y enraizado en lo divino. Solía dar clases a jóvenes de la nobleza, y se cuenta que un noble le trató en cierta ocasión como a un criado distinguido. Beethoven no dudó en hacerle la siguiente reconvención: «Señor conde, tráteme con el debido respeto, porque nobles hay muchos y Beethoven sólo hay uno, y los condes se mueren y desaparecen, y mi música será cada día más apreciada». A una mirada superficial pueden, tal vez, aparecer estas palabras como altaneras. Si conocemos de cerca a quien las pronunció, sabemos que responden a una actitud no de soberbia, sino de sobrecogimiento ante el don de que era depositario. La conciencia de ser un oficiante de la belleza dio ánimo a Beethoven a seguir componiendo –a pesar de hallarse alejado totalmente del mundo de los sonidos y no poder disfrutar de su encanto– y dedicar su inspiración más lograda a dos tareas excelsas: 1) crear un ámbito de alegría desbordante para celebrar la solidaridad entre los hombres y entre éstos y el Creador; 2) hacerse portavoz de la humanidad que se convierte toda ella en un acto de súplica y adoración.

La primera tarea fue realizada en la Novena Sinfonía. Al comienzo del cuarto tiempo la orquesta se desgarra en un chillido sobrecogedor, que todavía hoy nos sorprende. Los violoncellos –como instrumentos muy cercanos en su timbre a la voz humana– manifiestan su desagrado. Ante tal protesta, la orquesta hace oír los primeros compases del primer tiempo. Los violoncellos tampoco están de acuerdo. Lo mismo sucede cuando la orquesta recuerda el comienzo del segundo y el tercer tiempo. Entonces la orquesta sugiere el tema de la alegría. Y los violoncellos se muestran complacidos. Y son ellos mismos quienes, al unísono y en pianísimo, tocan el tema completo. El resto de la orquesta se mantiene en escucha. Al terminar el tema, varias familias de instrumentos entran en juego con los violoncellos –que repiten el tema– y tejen un contrapunto bellísimo, que nos hace pensar en la belleza de la vinculación interpersonal. Cuando concluye el tema se agregan nuevos instrumentos para indicar que se incrementa la unidad entre los hombres y, al final, la orquesta completa interpreta el tema de forma homofónica y grandiosa. Se siguen unos momentos de euforia en la orquesta. Uno recibe la impresión de que el gozo que produce esta primera experiencia de unidad se hace desbordante y la orquesta parece desmadrarse de alegría. Pero la humanidad suele volver a las andadas, y la orquesta, para indicarlo, repite el chirrido del comienzo.

Ante esta recaída en la escisión, Beethoven quiere dejar bien a las claras el mensaje que había dejado entrever y acude por primera vez en una sinfonía a la voz humana. Un barítono exclama con voz potente: «Oh Freunde, nicht diese Töne, sondern lasst uns angenehmere und freundevollere» (Oh amigos, estos tonos no: dejadnos oír otros más agradables y alegres). Estos dos versos fueron escritos por el mismo Beethoven como preludio a la Oda a la Alegría de Schiller, que es cantada a continuación y culmina en el pasaje sublime que concluye con estas palabras: «Hermanos, por encima de la carpa de las nubes tiene que habitar un padre amoroso».

La segunda tarea halló cumplida realización en la Misa Solemne. Ya en plena madurez, cuando se vio reducido a un despojo humano –completamente sordo, lo que es una tragedia para un virtuoso de la música; casi ciego, arruinado económicamente y muy quebrantado en su salud–, Beethoven, aun teniendo un carácter fuerte, no se rebeló contra la Providencia; se retiró a una aldea de la frontera austrohúngara para componer «un himno de alabanza y agradecimiento al Supremo Hacedor», según palabras suyas. El fruto de este retiro fue una de las cimas del arte universal, la Misa Solemne.

Beethoven no vivió nunca el arte como pura diversión o como medio para ganar prestigio y bienes materiales. Su actividad artística fue en todo momento el vínculo viviente de su persona con la de los demás seres humanos y con el Ser Supremo, «...Ah, me parecía imposible dejar el mundo antes de producir todo aquello para lo que me sentía dotado –escribe en el testamento–, y así dilataba esta vida miserable (...)». Miserable –lo explica él mismo a continuación– en cuanto al cúmulo de sufrimientos que la atenazan, pero gloriosa –podemos agregar nosotros– por constituir un tejido de encuentros. El encuentro es una experiencia de “éxtasis” o creatividad, no de “vértigo” o fascinación. Si Beethoven hubiera sido un hombre entregado al vértigo, al afán de dominar lo que encandila los instintos para ponerlo al propio servicio no hubiera podido superar, en la hora del infortunio total, la tentación del suicidio, porque la estación término del proceso de vértigo es la destrucción. Pero su vida estuvo consagrada al cultivo del arte y de la virtud, es decir, al ejercicio de los modos más altos de creatividad o “éxtasis”, pues la virtud es la “fuerza” (virtus) que nos permite cumplir las exigencias de la creatividad.

Esta concepción profunda del arte inspira el estudio que realicé del poder formativo de la experiencia artística, sobre la base de su estructura misma, no sólo de los contenidos de cada obra1. La experiencia estética, bien vivida, nos permite dar madurez a la inteligencia –otorgándole largo alcance, amplitud y profundidad–, y desanudar esos nudos que se forman en nuestro interior cuando pensamos que libertad y normas, autonomía–heteronomía, independencia y solidaridad... se oponen entre sí insalvablemente. Al considerar estos pares de conceptos como complementarios y no como opuestos, damos un salto de gigante hacia la madurez personal.

[1] Véanse las obras La formación por el arte y la literatura (Rialp, Madrid); La experiencia estética y su poder formativo (Verbo Divino, Estella).
« Última modificación: Mayo 10, 2007, 03:33:36 por Laya » En línea
Laya
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« Respuesta #31 : Mayo 10, 2007, 03:45:34 »

Miriam:

Me he permitido editar el texto y ponerlo a modo de cita, ya que si no tomaba mucho espacio en el foro...

Me da gusto volverte a ver por aquí después de estos días tan pachucha...  :)

En cuanto el texto, me parece una maravilla.  Beethoven, por su enfermedad, que le retrajo del contacto con las personas y le hizo aparentemente huraño ante sus coetaneos, era ciertamente una persona de una riquísima y profunda vida interior aparte de la genialidad de su talento.

Hay en ese texto dos cosas que me hacen pensar. Beethoven es consciente de la dignidad humana, no por lo que tienes, sino por lo que eres. Ese ser en él, le lleva a reconocer que sus talentos, su genialidad, son un don de Dios.

Por otro lado, el comparte su don, un don que, por su sordera, no puede percibir. ¿Os habeis dado cuenta de que todo lo que describe de los sonidos este artículo, Beethoven lo tenía en su cabeza, en su memoria, pero él no lo podía oír? Sin embargo, lo comparte, lo participa, y regala a la humanidad el don de la belleza que él había recibido.

Y, por no enrollarme, me quedo con esto, que me ha gustado muchísimo y que tiene mucha miga:

Citar
La experiencia estética, bien vivida, nos permite dar madurez a la inteligencia –otorgándole largo alcance, amplitud y profundidad–, y desanudar esos nudos que se forman en nuestro interior cuando pensamos que libertad y normas, autonomía–heteronomía, independencia y solidaridad... se oponen entre sí insalvablemente. Al considerar estos pares de conceptos como complementarios y no como opuestos, damos un salto de gigante hacia la madurez personal.
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Antares
Visitante
« Respuesta #32 : Mayo 12, 2007, 11:31:07 »

Bueno, esto es para "recordar" vieja música de nuestra madres y abuelas... incluos nos puede gustar oir las viejas baladas de antaño  que algún día tarareamos.

A alguien seguro le hace ilusión... ;D

http://www.piano-bar.com/indice.htm
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Laya
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« Respuesta #33 : Mayo 12, 2007, 11:47:40 »

¡¡Gracias, Antares, lo incluiremos en el hilo de enlaces.  ;)
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Olympia
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« Respuesta #34 : Mayo 12, 2007, 02:17:00 »



¡Cómo me ha gustado! Sí, es música de la época de nuestras abuelas, ¡por eso me encanta!
Muchas gracias, Antares. Ya está incluído en el hilo de págianas culturales.
« Última modificación: Agosto 31, 2007, 10:22:35 por admin » En línea

"La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso"
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Miriam
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« Respuesta #35 : Mayo 14, 2007, 02:13:37 »

Me quedo con la perla que has extraido, Laya.... ¡Para enmarcar!

:)
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Laya
Visitante
« Respuesta #36 : Mayo 14, 2007, 07:36:12 »

Fijate, es que pensaba en Beethoven y en la traslación de la música a la vida.

La creación musical se realiza a base de reglas, la rítmica, por un lado, la melódica que se ajusta a unos cánones en cuanto a la forma que la composición ha de tener, la armonización de instrumentos se realiza basándose en estos dos parámetros anteriores ciñéndose estirictamente a la rítmica (porque si cada instrumento llevase su ritmo no sería música, sería un caos) y a una serie de reglas armónicas complejísima y exhaustiva. A esto hay que añadirle, todas las matizaciones que el autor quiera imprimr a su obra. Es decir, que los cánones de la composición son como un armazón  sobre el que el autor crea su obra.

La genialidad de Beethoven es que, conociendo esos cánones, y sin obviarlos, crea, modifica, hace un nuevo estilo de música, curiosamente basándose en una libertad que los respeta, dándole a sus composiciones una viveza, una sonoridad y una plasticidad desconocida hasta entonces.

Se puede decir que Beethoven es un rompedor, un innovador que utiliza todos los recursos clásicos para crear otra belleza desconocida hasta entonces y que se sale de los cánones preestablecidos de belleza, pero no los ignora, los magnifica, los enriquece, descubre nuevas posibilidades sonoras hasta entonces desconocidas.

Por eso, trasladando esta cita a lo que es la vida, me pareció fantástica, pues, la norma no se opone a la libertad, la complementa y la engrandece.

Si, Beethoven, fué un gran hombre libre de su época, a ver si podemos en la nuestra, hacer lo mismo, en el "arte de la vida".  ;)
« Última modificación: Mayo 14, 2007, 02:33:34 por Laya » En línea
Olympia
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« Respuesta #37 : Mayo 17, 2007, 03:07:23 »

(...)

La genialidad de Beethoven es que, conociendo esos cánones, y sin obviarlos, crea, modifica, hace un nuevo estilo de música, curiosamente basándose en una libertad que los respeta, dándole a sus composiciones una viveza, una sonoridad y una plasticidad desconocida hasta entonces.

Se puede decir que Beethoven es un rompedor, un innovador que utiliza todos los recursos clásicos para crear otra belleza desconocida hasta entonces y que se sale de los cánones preestablecidos de belleza, pero no los ignora, los magnifica, los enriquece, descubre nuevas posibilidades sonoras hasta entonces desconocidas.

Creo que el artista al crear, establece unas reglas. Por supuesto, a partir de las establecidas.

(....)
Por eso, trasladando esta cita a lo que es la vida, me pareció fantástica, pues, la norma no se opone a la libertad, la complementa y la engrandece.

Sí, Beethoven, fué un gran hombre libre de su época, a ver si podemos en la nuestra, hacer lo mismo, en el "arte de la vida".  ;)

Siempre ma ha impactado al figura de este hombre. Creador por excelencia.
Laya, dices que fue un hombre libre de su época. Siendo sordo, era libre. La libertad, como su música, la llevaba dentro de él.

Hace años leí un libro que creo que es e que más me ha gustado y ayudado de todo lo leído en mi vida: Filocalía, de Pedro Antonio Urbina. Habla de la relación del arte con la teología y la filosofía. De toda la dimensión del proceso creador. Al sacar el tema de Beethoven, me he acordado de esta obra.
Os la aconsejo a todos los que os dediquéis a cualquier rama del arte.
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(Francis Bacon)
Laya
Visitante
« Respuesta #38 : Mayo 31, 2007, 07:41:15 »


Hace años leí un libro que creo que es e que más me ha gustado y ayudado de todo lo leído en mi vida: Filocalía, de Pedro Antonio Urbina. Habla de la relación del arte con la teología y la filosofía. De toda la dimensión del proceso creador. Al sacar el tema de Beethoven, me he acordado de esta obra.
Os la aconsejo a todos los que os dediquéis a cualquier rama del arte.

He puesto esta última frase en negrita para resaltar algo que me parece importante. El artista tiene un don recibido, participa del don creador de Dios. Tiene la capacidad de crear la  belleza y de transmitirla a los demás, de hacer partícipes a quienes le rodean y a quienes vendrán detrás, muchas generaciones después de lo que, gracias a ese don de Dios, su genialidad (en cualquier arte) de que millones de personas participen de belleza que él ha creado.

Cuando oigo una sinfonía de Beethoven, por ejemplo, doy gracias a Dios por haberme dado la capacidad de captar su belleza, de envolverme en ella, de distinguir los matices, los colores, de percibir mínimamente toda la grandeza que encierra. Pienso que, lo mismo que al contemplar cualquier cosa hermosa de la creación, las personas (aún sin darnos cuenta) nos encontramos con la grandeza de Dios, también a través de las obras bellas de los hombres, podemos llegar a Él, pues, al fin y al cabo,  partícipamos de su omnipotencia creadora.

No sé si me he explicado... ::)
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Olympia
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« Respuesta #39 : Mayo 31, 2007, 12:10:26 »

(...)
No sé si me he explicado... ::)

Perfectamente, amiga.
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Alex
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« Respuesta #40 : Junio 01, 2007, 09:05:51 »

Tengo ganas de oir Dylanesque; temas de Dylan interpretados por Brian Ferry 8) , rock en estado puro  ;)
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El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
Miriam
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« Respuesta #41 : Junio 02, 2007, 06:11:15 »

está en emule...
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Laya
Visitante
« Respuesta #42 : Junio 02, 2007, 11:44:16 »

Tengo ganas de oir Dylanesque; temas de Dylan interpretados por Brian Ferry 8) , rock en estado puro  ;)

Me ha entrado el gusanillo... ;)
Con esto de que Dylan ahora "ya no mola porque es católico",  ;D me parece una apuesta interesantísima la de Brian Ferry

está en emule...

Pues ¡mil gracias!  :D
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Belvís
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« Respuesta #43 : Junio 25, 2007, 01:05:28 »

El primer enlace de descarga de música legal...no sé cómo funciona. Me sale culturageneral.net...pero sólo información de canciones y autores...:(
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Laya
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« Respuesta #44 : Junio 25, 2007, 01:22:23 »

Belvís, ya lo tengo... te lo mando (en cuanto pueda, que pesa un montón)
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