Seguramente la visión que el occidente tenemos de otras religiones es muy distinta de lo que se percibe viviendo allí, in situ, aparte que obviamente resulta difícil conocerlas en profundidad, más allá de cuatro cuestiones de carácter general.
Respecto a lo que dice Pmr3, pienso que el cristianismo es a la vez más fácil y más difícil. Más fácil, porque Dios se nos revela totalmente en su Hijo Jesús, de manera que el conocimiento que obtenemos a través de Jesús, de su vida, obras y predicación, es todo lo que necesitamos para emprender el camino más directo que lleva hacia Dios. Más difícil, en cambio, porque ese camino que Jesús nos muestra es un camino estrecho y difícil. Es un camino que no está centrado en la observancia de unos preceptos o unos ritos religiosos, sino en un salir de sí mismo al encuentro con Dios y el prójimo. El cristiano no sólo debe abstenerse de hacer el mal (cosa que está muy bien, pero resulta insuficiente), sino que está obligado a hacer el bien. Y está obligado a hacer el bien, no porque lo manden unos preceptos o normas, sino por amor, pues el amor del hombre es la respuesta apropiada al Amor de Dios, que se entregó sin medida por nosotros. San Pablo lo dice muy claramente en I Corintios:
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no
tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y
toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas,
si no tengo caridad, nada soy.
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las
llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
I Cor 13, 1-3
Los mejores actos, realizados por otra motivación que no sea el amor, no son capaces de transformarnos por dentro, de aproximarnos a Dios. La práctica de preceptos religiosos, sin la motivación del amor, puede llevar a cometer auténticas atrocidades, como bien señalaba Jesús a los fariseos, por ejemplo, cuando les preguntaba si era lícito o no salvar la vida de un hombre en sábado, o socorrer económicamente a los padres aunque se hubiera consagrado la propia fortuna al templo.
Por último, los terroristas islámicos son fanáticos que hacen una lectura distorsionada del Corán, por lo que lo que hacen les aleja de Alá, de la misma manera que un cristiano que se dedique a matar herejes, tampoco está haciendo lo que Dios quiere. El sentido de la Jihad puede ser interpretado de manera literal (lo que justificaría de alguna manera el terrorismo islamista), pero también se puede entender de manera metafórica, como la lucha interior del musulmán por ser fiel a Alá. En ese sentido, sabemos que son muchos más los musulmanes moderados que los musulmanes fanáticos.
Un abrazo.