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Autor Tema: Santidad en la Iglesia universal  (Leído 2678 veces)
Miriam
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« : Junio 13, 2007, 07:22:47 »

Entre las muchas noticias sobre nuevos beatos y santos, he encontrado la noticia de la beatificación de un nuevo grupo de mártires del Japón. Debido a los errores de los articulistas, he preferido redactar la noticia.


Alegría y fiesta en Japón por próxima beatificación de 188 mártires


Entre los mártires del Japón hay las figuras insignes de los primeros 26 santos mártires, cuyo 400 centenario se celebró en el 1996 y que ya fueron canonizados en el siglo 19. El grupo lo presidía San Pedro Bautista, español, presbítero y superior franciscano. con todos sus misioneros y colaboradores japoneses laicos, y San Pablo Miki que sin haber recibido aun el orden sacerdotal ya se habia mostrado un excelente predicador, junto con dos hermanos legos y colaboradores. Los laicos eran la mayoría. Los mas jóvenes eran tres adolescentes, entre los cuales estaba Tomás Kozaki de 14 años, acompañando a su padre al martirio.
En total eran seis franciscanos, tres jesuitas y dieciseis laicos. Entre estos insignes protomártires de japón se encuentra San Felipe de Jesús, el primer santo mexicano.


Entre los beatos de la primera época cristiana son muy conocidos María Gracia Hosokawa, esposa de un importante daimio y en el ojo del tifon de los cambios religiosos y políticos que se dieron en esa época del comienzo de la persecución a los cristianos.


Justo Takayama Ukon, daymio que perdió todos sus poderes, tierras y riquezas y fue expulsado del Japón junto con toda su familia y casa, los que quisieron seguirle... por simple fidelidad al Evangelio. En Manila constituyeron el antiguo barrio japonés, donde iban a parar los expatriados por la persecución.


Hubo un nuevo grupo de 205 mártires beatificado después de los 26 primeros mártires, entre los que seguían habiendo muchos misioneros españoles, que iban a punto de ordenarse a Filipinas donde acababan su formación con el estudio del japonés, eran ordenados e inmediatamente entraban en japón, sabiendo que su suerte sería siempre el martirio, podían durar un poco o unos años, todos sabían su suerte.

Ya era la época en que se controlaba estrechamente la entrada de nuevos misioneros esperando así ahogar la fe de los cristianos japoneses... En esa epoca comenzó lo que supuso una tortura añadida para los cristianos, todo el Japón estaba obligado anunalmente de realizar la ceremonia del fumie que consistía en pisar un Drucifijo o medalla con imágenes sagradas, como este:


Otro tercer grupo de mártires fue beatificado por Juan Pablo II en su visita al Japón, y ahora se ha anunciado la beatificación del mártir Pedro Kibe, presbítero jesuita y 187 compañeros mártires, batificación aprobada por el Papa Benedicto XVI

A través del Presidente de la Conferencia episcopal y Obispo de Nagoya, Mons. Jun'ichi Nomura; la CBCJ indicó que luego de enterarse de la aprobación se nombró una comisión preparatoria que se encargará de organizar las actividades previas al gran acontecimiento y elaborar el programa de la celebración y la data de beatificación-.

"Ellos (los beatos) son puestos para la imitación de otros cristianos como modelos ejemplares de vida cristiana".

Los mártires, en su mayoría laicos, fueron perseguidos por su fe cristiana, principalmente entre 1597 y 1639. Entre ellos hay cinco religiosos; amas de casa; hombres y mujeres, niños y ancianos, que prefirieron dar su vida antes que renunciar a la Vida. Hijos de la primera evangelización; familias enteras dieron du vida; amos y sirvientes; gente sin nombre, de las clases más bajas; incluso incapacitados físicos. Todos ellos representan la variedad de personas con distintos estados de vida", señala el documento de la CBCJ.

"No eran activistas políticos que luchaban por los derechos humanos, gritando contra un régimen que les negó la libertad de religión. Fueron personas de profunda y genuina fe, que entregaron su propia vida por lo que creían." Ellos con su ejemplo y su intercesión siguen siendo para nosotros modelos de vida.

El proceso para la Beatificación de este grupo de futuros Beatos se abrió en 1996, con ocasión del 400° aniversario de los 26 Santos Protomártires de Nagasaki.

En Japón los católicos somos una minoría: menos de medio millón entre 127 millones de habitantes. Pero incluso en estas condiciones, la santidad está presente también hoy, entre los hijos de la Iglesia.

Dejo algunos elaces para mayor documentación:

http://www.franciscanos.org/bac/pedrobautista.html
« Última modificación: Junio 13, 2007, 07:37:01 por Miriam » En línea
Laya
Visitante
« Respuesta #1 : Junio 13, 2007, 07:42:44 »

¡Qué reportaje tan bonito! ¡Qué fotografías! Y, sobre todo, ¡qué testimonio más admirable!

(Lástima de emocticonos) Tú sigue haciendo estas cosas tan estupendas, que yo me encargaré de nque tengan su sitio en la web...

Aunque las dejemos también aquí, con su enlace correspondiente (en web), para poder hablar sobre ellas y que quien las lea pueda participar también, si lo cree oportuno.

¿Sabes lo que me ha impresionado mucho de lo que cuentas? Que lo estaba leyendo y me recordaba todo el tiempo a los primeros cristianos en occidente. ¡Es como un calco! Es la misma vivencia trasladada en miles de Km y en mil y pico de años, probablemente, sin conocer que la historia se estaba repitiendo...

Por eso, pienso que, ¿de qué nos quejamos? ¿Que hay dificultades? Siempre las ha habido. Para todos, clérigos, religiosos y laicos. Y todos podemos dar testimonio heróico de nuestra fe.

¡¡Gracias, Miriam!!

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Antares
Visitante
« Respuesta #2 : Junio 13, 2007, 12:15:55 »

No se si he conseguido publicarla, por que ahora mismo me he perdido (no se que me pasa a veces) pero justo, acabo de poner de la primera mujer cristiana deJapón.

¡¡Y si es muy bonito el testimonio de todos los Cristianos a lo largo de toda la vida, y su parecido con los demás mártires de todas las épocas de la humanidad.
Gracias por traernoslo al presente, Miriam.
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Antares
Visitante
« Respuesta #3 : Junio 13, 2007, 05:45:17 »

JOP, Miriam, me da pena publiar detras de ti, me a la sensación de que estropeo la tónica quetu marcas... pero es que no soy capaz de superarte, .

Pensando en el Papa Pablo VI, recordaba que el decía una oración que no se si tengo muy a mano, pero decía algo así como :
Puedo ser santo hoy.
Y me acaban de mandar ésto y me lo ha recordado: Es de Foro Javier

HOY
Quien se sabe hijo de Dios no debe de tener temor alguno en su vida. Dios conoce mejor nuestras necesidades reales, es mas fuerte que nosotros y es nuestro Padre. Debemos de hacer como aquel niño que en medio de la tempestad permanecía en sus juegos, mientras que los marineros temían por sus vidas; era el hijo del patrón del barco. Cuando al desembarcar le preguntaron como pudo estar tan tranquilo en medio de aquel mar embravecido, mientras ellos estaban espantados, respondió: ¿temer?, ¡porque si el timón estaba en manos de mi padre!

Cuando tratamos de identificar nuestra voluntad con la voluntad de Dios, el timón de la vida lo lleva Él, que conoce bien el rumbo que nos conduce al puerto seguro. Cuando el hombre está viviendo según el plan de Dios no tiene necesidad de preocuparse por su vida, ni por su casa, ni por cualquier cosa que
le pertenezca.

¡No miremos nuestra propia fe; miremos la fidelidad de Dios! ¡No miremos las circunstancias a nuestro alrededor, sigamos mirando los recursos del Dios infinito! Lo único que debe preocupar al hombre en esta vida es si está trabajando según el plan de Dios, si está haciendo la obra de Dios; y si es así, todo el cuidado de las demás cosas está en las manos de Dios.

"Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal."

Hay dos días preciosos en la semana en los cuales y por los cuales nunca me preocupo:

Uno de esos días es Ayer; ayer, con sus penas y dolores, con todas sus faltas, errores y desaciertos, ha pasado para siempre. No puedo deshacer nada de lo que hice, ni anular una sola palabra que pronuncié. Todo lo errado, lamentable y triste de mi vida que en él hay está en las manos del Amor Poderoso de mi Dios. A excepción de los recuerdos hermosos, dulces y tiernos, que perduran dentro de mi corazón por el día que se fue, no tengo nada que ver con Ayer. ¡Fue mío! ¡Es de Dios!

Y el otro día por el que no me preocupo es Mañana; mañana, con todas sus posibles adversidades, sus cargas, sus peligros, su gran promesa y su  comportamiento deficiente, sus fracasos y errores, está tan fuera de mi dominio como Ayer. Es un día que pertenece a Dios. Su sol saldrá con rosado esplendor, o tras una máscara de nubes llorosas, pero saldrá. Hasta entonces, el mismo Amor y la misma Paciencia que sostuvieron Ayer, sostienen Mañana. A excepción de la estrella de esperanza que fulgura siempre sobre la cumbre de Mañana, y que ilumina con tierna promesa el corazón de Hoy, no tengo ninguna posesión en ese día de gracia que no ha nacido. Todo lo demás está bajo el cuidado seguro del Amor Infinito que es más alto que la estrellas, más vasto que los cielos, más profundo que los mares. ¡Mañana es el día de Dios! ¡Será mío!

Lo que me queda a mí entonces es nada más que un día en la semana, Hoy. ¡Cualquier hombre puede pelear las batallas de Hoy! ¡Cualquier mujer puede llevar las cargas de un solo día! ¡Cualquier hombre puede resistir las tentaciones de Hoy! Oh, amigos, cuando nosotros obstinadamente añadimos las cargas de esas dos eternidades horribles, Ayer y Mañana, cargas que sólo el Dios Todopoderoso puede sostener, es entonces que nos debilitamos. No es la experiencia de Hoy la que enloquece a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió Ayer y el temor de lo que Mañana nos puede revelar.
¡Estos Días pertenecen a Dios! ¡Dejémoselos a El!
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Laya
Visitante
« Respuesta #4 : Junio 13, 2007, 07:54:45 »

me a la sensación de que estropeo la tónica quetu marcas... pero es que no soy capaz de superarte, .

Antares: ¡qué vas a estropear! ¡¡Todo lo contrario!! Complementas... muy bien. Lo que acabas de dejar escrito da para ponerse a hacer oración... ¡y sacar muchas cosas!

¡Caramba! Hay hilos en este forum, que son para leerlos muuuuuuuuuuuuuy despacito... y muchas veces
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Miriam
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« Respuesta #5 : Junio 13, 2007, 10:51:46 »

Ciertamente que estas bellas palabras son del querido Papa Paulo VI. Es inconfundible la ternura de su decir, la exactitud de los contenidos y la belleza de su expresión. Gracias, Antares.
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Antares
Visitante
« Respuesta #6 : Junio 19, 2007, 08:36:47 »

¿Qué se necesita para llegar a buen puerto?

 
El título es bastante sugerente.

¿Qué será?....¿una buena BRÚJULA....?. La reflexión parece un poco larga a simple vista, pero está muy bien.

Un hombre sabio vivía preocupado con los muchos problemas que aquejaban a la humanidad, y pasaba los días en busca de respuestas para sus inquietudes sobre cómo mejorar el mundo. Una mañana, un hijo suyo de nueve años entró en su despacho decidido a ayudarle a trabajar. El hombre, nervioso por la interrupción, pidió al niño que se fuese a otro sitio a jugar. Viendo que no lograba que se marchara, pensó en algo que pudiese mantenerle ocupado durante un rato. Vio una revista donde había un mapa del mundo, y con unas tijeras lo recortó en numerosos pedazos. Se lo entregó a su hijo, junto con un rollo de cinta adhesiva, y le dijo: «Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar este mundo roto en pedazos, que es como está, para que lo recompongas sin ayuda de nadie».

Calculó que al pequeño le podría llevar varias horas recomponer aquel mapa, si es que llegaba a hacerlo. Sin embargo, pasados unos minutos, escuchó la voz del niño: «Papá, ya lo he acabado». Al principio no se lo tomó en serio. Era imposible que, a su edad, hubiese logrado recomponer un mapa que apenas había visto antes. Levantó la vista con la certeza de que vería el trabajo propio de un niño. Pero, para su sorpresa, el mapa estaba perfecto. Todos los pedazos estaban en su debido lugar. ¿Cómo era posible que un niño hubiera podido hacerlo?

Le dijo: «Hijo mío, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo has logrado recomponerlo?». «Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que en la otra cara del papel estaba la figura de un hombre. Así que di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar el hombre, di vuelta la hoja y había arreglado el mundo.»

Arreglar el hombre es arreglar el mundo. Por eso son tan necesarios los santos. Los santos son la salvación de la Iglesia, el verdadero honor de la cristiandad, el hilo de oro que atraviesa la historia de los hombres, el canal limpio por el que llega a nosotros el testimonio vivo de Dios. Los santos remueven a quienes tienen alrededor y les ponen de cara a su responsabilidad delante de Dios.

Una tarde de noviembre de 1942, en Madrid, San Josemaría Escrivá acude al único centro de mujeres del Opus Dei que por entonces existe. Todo el Opus Dei femenino se reduce por entonces a diez chicas jóvenes. Se reúne con las tres que a esa hora están en la casa. Desdobla un papel y lo extiende sobre la mesa. Es como un cuadro, un esquema donde se exponen las diversas labores de apostolado que habrán de realizar en el mundo entero. Al tiempo que explica con viveza su contenido, va señalando con el dedo cada uno de los rótulos del cuadro: escuelas para campesinas, residencias universitarias, clínicas, centros de capacitación profesional de la mujer en distintos ámbitos, actividades en el campo de la moda, librerías... Les dice también, antes y después, que lo más importante ha de ser el apostolado de amistad que cada una desarrolle con sus familias, con sus vecinas, con sus conocidas, con sus colegas. El Padre repite varias veces: «¡Soñad y os quedaréis cortas!».

Aquellas tres le miran pasmadas, entre el asombro y el vértigo. Les parece que allí, sobre la mesa, está desplegado un sueño. Un bello sueño para un lejano futuro. Ellas se sienten inexpertas, sin medios, sin recursos, incapaces. No se les ocurre pensar que todo eso tengan que hacerlo ellas mismas. San Josemaría capta en esas miradas la ilusión y la impotencia, el deseo y el temor, un acobardado ¡ya nos gustaría...! Muy despacio, recoge el papel y comienza a doblarlo. Su rostro ha cambiado. Ahora está serio. ¿Decepcionado? ¿Triste? Por la mente y por el corazón de San Josemaría ha cruzado, posiblemente, como un pájaro torvo, el pensamiento derrengador de que hace más de doce años que lucha por dar cuerpo y vida al Opus Dei de las mujeres, tal como vio que Dios lo quería, el 14 de febrero de 1930. Primero llegaron unas que parloteaban y trajinaban, pero no rezaban. Se fueron. Luego llegaron otras que sí rezaban, pero no trabajaban: no eran esa clase de mujeres que han de bregar en la sociedad civil para poner a Cristo en la cumbre de toda actividad humana. Eran muy buenas, pero de pasta mística. Tuvo que decirles que tampoco servían. Éstas de ahora son de la tercera hornada, ¿y es posible que, a la hora de fajarse con la verdad, se queden ahí, paralizadas por el miedo? Sin desafíos, va a ponerlas de cara a su responsabilidad. Escogiendo muy bien las palabras, les dice: «Ante esto, se pueden tener dos reacciones. Una, la de pensar que es algo muy bonito pero quimérico, irrealizable. Y otra, de confianza en el Señor que, si nos pide todo esto, nos ayudará a sacarlo adelante.»

Calla. Las mira, deteniéndose en cada una, como si con esa mirada pudiera trasvasarles su propia fe, inundarlas con su seguridad. Después, antes de marcharse, añade: «Espero que tengáis la segunda reacción». Y la tienen. No es una utopía. Ciertamente, no están abiertos los caminos. Los harán ellas, al golpe de sus pisadas. A la vuelta cuarenta años, todo aquello era una realidad extendida por más de setenta países en los cinco continentes. Aquellas tres se han multiplicado por más de diez mil cada una. Desplegando sueños, pero arremangándose en la faena diaria. Sin decir basta. Sin amilanarse. Martilleando sobre las resistencias. Sin detenerse en lo fácil.

Una sociedad cristiana se mide por su capacidad de engendrar santos. Y tal vez por eso, la gran venganza de los mediocres contra los santos sea, precisamente, todas esas colecciones de biografías de santos en las que se les pinta blanditos, dulcecitos, demasiado místicos. Tomados en su realidad, los santos queman. Los santos no son como los centauros o las sirenas, no son una especie de seres mitológicos que salen solo en los libros, sino seres normales, con defectos, porque los santos tenían defectos, quizá más que otros que no lo fueron, pero su santidad se plasmó sobre todo en la maravilla de dominarlos. No nacieron santos, sino que llegaron a serlo con su lucha diaria por superarse.

«Mediante el ejemplo de la vida de los santos —decía Benedicto XVI en Colonia en 2005—, Dios nos ha abierto a lo largo de la historia el Evangelio, hojeando sus páginas, y lo sigue haciendo todavía. En las vidas de esas personas se revela la riqueza del Evangelio como en un gran libro ilustrado. Son la estela luminosa que Dios ha dejando en el transcurso de la historia, y sigue dejando aún.

»Los santos han sido personas que no han buscado obstinadamente la propia felicidad, sino que han querido simplemente entregarse, porque han sido alcanzados por la luz de Cristo. De este modo, ellos nos indican el camino para ser felices y nos muestran cómo se consigue ser personas verdaderamente humanas.

»En las vicisitudes de la historia, los santos han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han remontado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempre en peligro de precipitar; y la han iluminado siempre de nuevo. Los santos son los verdaderos reformadores. Solo de los santos, solo de Dios, proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo.»

En el año 2005, todo el mundo asistió sobrecogido al vendaval de emoción que supuso el fallecimiento de Juan Pablo II. Fue una extraordinaria muestra de la fecundidad de una vida santa, de una vida de entrega absoluta a la misión que tenía encomendada por Dios. Fueron millones de personas que se conmovieron, que pedían su urgente canonización, que con aquello decidieron dar un cambio en sus vidas. Toda la biografía de Karol Wojtyla fue una lucha titánica contra las dificultades que se afanaban en impedir su avance en el camino señalado por Dios, pero su fidelidad inquebrantable ha dado luz y esperanza a nuestro mundo cansado. Su vida, como la de tantos otros que han salido en estas páginas, y como la de tantos otros millones de almas desconocidas que pueblan la tierra, son vidas abiertas a la respuesta personal a los requerimientos de Dios. No son vidas cerradas. Santo Tomás Moro podría haber cedido a los deseos de Enrique VIII y hoy sería un triste personaje más de una etapa penosa de un lamentable reinado de la Inglaterra del siglo XVI. Santo Tomás de Aquino o Santa Catalina de Siena podrían haber cedido a los deseos de su madre, o San Luis Gonzaga o San Estanislao de Kostka ante los de su padre. El Santo Cura de Ars o San Clemente Hofbauer podrían haberse rendido a las dificultades que tuvieron para hacer sus estudios sacerdotales, o Santa Jacinta ante las dificultades de su carácter. San Agustín podía haberse quedado enredado en sus amoríos. San Maximiliano Kolbe podría no haber tenido aquel arranque de generosidad en Auschwitz. Pero ellos, y muchos otros, fueron fieles a la llamada que Dios les hacía y hoy el mundo es distinto gracias a ellos.
 

No hay ningún viento favorable
para el que no sabe
a qué puerto se dirige.


 
Largo, pero merecía la pena no desmenbrarlo.
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Laya
Visitante
« Respuesta #7 : Junio 19, 2007, 09:33:04 »

Querida Antares:

¡¡¡Muchísimas gracias por esta joya que nos has dejado!!! ´

Me gustan mucho varias cosas que expone el relato y que convergen en una: el santo no es inasequible. El santo es pecador, no es dulzón, de mazapán. Tiene razón el autor cuando dice que es una venganza de los mediocres el pintar a los santos como personas blanditas. El santo tiene miserias, peca como el mayor pecador, pero se levanta. Ésta es una realidad, que, por desgracia, se desconoce.

Recuerdo a los mismos apóstoles, ¡qué bien hicieron los evangelistas en no ocultar que Pedro niega a Jesús, que Santiago y Juan querían ser "primeros ministros" que Tomás andaba escasillo de fe... y que, todos ellos se acoquinaban en el cenáculo por miedo a los judíos... En fin, una serie de miserias humanas iguales a las de los demás mortales, a las de los más pecadores. Pues esos, son los elegidos por el mismo Jesús para extender su Iglesia por todo el mundo.

Es muy animante este relato que nos has traído. Cada época de la historia necesita sus santos. Ésta nuestra, también. Unos están en los altares, o lo estarán muy pornto, como Juan Pablo II, otros son anónimos, esperamos conocerlos un día, ¿verdad?

Lo apasionante sería querer apuntarse a este último grupo. Sabiendo que los que tienen peana, han sido de la misma pasta que todos los mortales.
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Antares
Visitante
« Respuesta #8 : Junio 20, 2007, 04:42:40 »



Es muy animante este relato que nos has traído. Cada época de la historia necesita sus santos. Ésta nuestra, también. Unos están en los altares, o lo estarán muy pornto, como Juan Pablo II, otros son anónimos, esperamos conocerlos un día, ¿verdad?

Lo apasionante sería querer apuntarse a este último grupo. Sabiendo que los que tienen peana, han sido de la misma pasta que todos los mortales.

Esto que dices es muy, pero que muy interesante.
Es mas: yo creo que hoy, ahora, estamos rodeados de Santos de Altar, de peana, pero que no conocemos, por que mientras somos "viatores" el reto es grande.

Eso no quiere decir que les "reconozcamos" precisamente en sus luchas.

Por que el Santo, no es el que nunca cae... si no el que se levanta siempre. Al menos así lo aseguraba S. Josemaría Escribá de Balaguer del que dentro de muy pocos días celebraremos su nacimento al Cielo.

Todavía tenemos la esperanza de tener su misma "pasta"...
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Laya
Visitante
« Respuesta #9 : Junio 20, 2007, 09:46:46 »

Antares, hay algo más en el artículo que pegaste ayer y que me llamó mucho la atención. Es una evidencia en  la que no había caído y que tiene un enorme calado, es esto:

Citar
Le dijo: «Hijo mío, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo has logrado recomponerlo?». «Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que en la otra cara del papel estaba la figura de un hombre. Así que di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar el hombre, di vuelta la hoja y había arreglado el mundo

Arreglar el hombre es arreglar el mundo.

Gran reto éste de arreglar hombres... creo que merece la pena arreglarnos un poquito y contribuir a otros "arreglos"

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Antares
Visitante
« Respuesta #10 : Junio 21, 2007, 04:53:05 »

Abundando en la idea...
Os pongo unas citas que me han llamado la atención sobre el mismo tema del hombre, algunas muy interesantes...
Eduquemos a los niños y no será necesario castigar a los hombres. (Pitágoras)


La vida solo se puede comprender mirando hacia atrás, pero solo se puede vivir mirando hacia adelante (Kierkegaard)

Al que no aprende con los padres le enseñará el mundo. (A. Da Silva
Costa)


No hagas de tu vida un borrador, no sea que no tengas tiempo de pasarlo a limpio. (A. Rossato)

Y uno buenísimo:

De Charles Chaplin:
El cerebro es el mejor juguete que se ha creado. En el se encuentran todos los secretos incluso el de la felicidad.




« Última modificación: Agosto 29, 2007, 11:39:14 por admin » En línea
Olympia
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« Respuesta #11 : Junio 21, 2007, 09:00:42 »

Gracias, chicas.
A mí si que me da apuro escribir después de todo lo que habéis contado.

Justo hace un rato he tenido una conversación con una persona sobre los "santos anónimos", sobre fe, abandandono en las manos de Dios... y me ha emocionado encontrarme ahora con este hilo.
Cada día estoy más convencida de que la auténtica felicidad es hacer fielmente la voluntad de Dios para cada uno, no lo que nos gustaría, o lo que teníamos planeado.

En cierta ocasión escuché que una chica china que hacía sus estudios universitaarios en España, tuvo un familiar encarcelado en China por ser católico. Este señor dibujó en la pared de la celda la silueta de un cáliz y sobre él, la Sagrada Forma. Permaneció todo el tiempo en la cárcel adorando a Jesús sacramentado de este modo. Murió en la cárcel, sin conocer los frutos de su oración... ¿No es esto santidad? ¿No es esto ser libre a pesar de estar en una cárcel?
Cuántos casos debe haber así, que a pesar de ser desconocidos, hacen que el mundo siga girando.
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"La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso"
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Olympia
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« Respuesta #12 : Julio 07, 2007, 07:55:55 »

He leído un artículo titulado Cristianos en Japón, cuyo enlace tenéis aquí para quién le pueda interesar.

 saludando
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Miriam
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« Respuesta #13 : Julio 08, 2007, 02:37:42 »

Contendo del chat del viernes pasado, después de la Liturgia de las horas por internet.

P.J. nos dice:

Hoy hemos tenido el funeral de una señora que hacía tres años que había empezado la preparación del bautismo.

Nos decía de sí misma que era una apocada y que se espantaba por cualquier problemita...
Yo no la ví nunca así.

Venía con su esposo -cosa no muy frecuente- y daba al grupo una apertura y jovialidad fantásticos: y estaba más ansiosa por los grandes problemas que temerosa por los pequeños.

A los siete meses de preparación, le atacó fuerte el Kogenbyo -no sé cómo se llama en castellano- y enseguida desembocó en cáncer.

Tubo altibajos imaginables hasta en la persona más acorazada y me contó varias veces que se sentía a veces deprimida en casa. Pero cuando se internaba, viendo tanto sufrimiento y desesperación a su alrededor, le hacía olvidar completamente sus penas, y estaba tan a disposición de todos que muchos creían que no tenía nada serio.

No los pudimos bautizar la noche pascual del año pasado porque ella estaba internada. Lo hicimos a principios de verano, ahora hace un año.

Después cada vez estaba peor, y sólo cuando ya se fue dando cuenta que no había cura
alguna vez hizo algún lamento de pena, pero yo siempre la vi impertérrita como si nada pasara.
Su marido la cuidó con mimo tanto en casa como en el hospital.

Hoy en el funeral he dicho que, aunque no me habían dado permiso para entrevistarla en el Cielo, sí que tenía un recado de parte de ella: y le dije a su marido:

Desde el cielo te está dando las gracias.

Una maravilla...

El domingo pasado fui al hospital a admisnistrarle nuevamente el sacramento de los enfermos y la Comunión. Comulgaron los dos, porque él no había podido venir a misa.

A pesar de que fue un poca largo y para ella posiblemente algo cansado, estuvo recibiendo la visita sacramental del Señor con toda el alma.

Apenas podía hablar, pero su cara ni siquiera traslucía el intenso dolor que sufría. Lo que ha llegado a sufrir sonriendo es increíble. Murió ayer, jueves día 5, a les 3,30 de la noche.

Solo puedo describirte la impotente pero decidida fuerza con que desde el principio apretaba mi mano. Su alma debía ser un Jacob que agarraba a Dios, que ya no podía escapar de sus manos. La expresión de su cara era totalmente infantil, como medio incrédula y medio avergonzada de que alguien se tomara unos minutos para dedicárselos.
 
En tres años había recorrido un camino increíble, y no le quedaba ya otro lugar a donde ir.

¡Que descanse en paz!

Se llamaba, desde hace un año, María Inmaculada. Nakayama Yasuko


Gloria al Señor.... por ella y por todos los que son como ella.


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Olympia
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« Respuesta #14 : Julio 08, 2007, 02:46:40 »

¡Uf! ¡Qué alegría! Gracias Miriam, por contárnoslo.
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