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admin
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« : Septiembre 30, 2008, 01:03:15 » |
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¡Hola a todos!
Comienzo este nuevo hilo sobre "las misiones", este mundo variado en que se mueven los misioneros, de los que la Iglesia primermundista sabe tan poco. Extrañamente poco, y no por falta de información buena. Todos podrían leer Mundo Negro de los Combonianos, o las noticias de Agencia Fides, para cambiar algo esta mentalidad de que las misiones es dar de comer a los pobres negritos y cosas parecidas. Dar de comer al hambriento, junto a las otras obras de misericordia, no es más que la punta del iceberg de un amor que se entrega para que todos conozcan a Cristo y lo amen... El anuncio del Evangelio es lo primero, mientras las manos trabajan en las necesidades patentes en que los misioneros se encuentran. De como se hace esto, a veces, lo relataré con ejemplos de primera mano.
Pero comenzaré por relatar lo vivido en los dos días de la asamblea de Justicia y paz en Osaka, hace un par de semanas, antes de que se enfríe la experiencia, que trabajamos el tema de "Derribar los muros que nos separan".
Por haberme registrado demasiado tarde, no pude participar en la reunión interreligiosa del primer día, porque estaba ya el cupo pleno. Así que participé en un taller sobre la presencia cristiana en Osaka en los siglos 16-17. En contacto con la tierrael primer día, por la tarde, es decir, caminando, recorrimos una ruta que, en aquella época eran unas pequeñas aldeas separadas. Se calcula que el 30% de la población de entonces en Osaka era cristiana. Es famosa la esposa del daimyo de la región, Maria Gracia Hosokawa, que guardó una fidelidad indefallente y hubo de sufrir las secuelas de la persecución a los cristianos. De estas comunidades no ha quedado presencia en la actualidad, pues probablemente la necesidad de ocultarse hizo que se dispersaran durante centurias de persecución.
Fue una experiencia hermosa, el guía, un laico de la diócesis, lo hacia con alegría y entusiasmo. Un pequeño detalle atrajo mi atención. En general cualquier "guía" que se precie, en Japón, lleva una banderola, pero él, se limitó a una varita coronada con un gorro de tela rojo, usado. Signo de sencillez cristiana... me gustó. Los barrios recorridos eran viejos rincones típicos de callejones estrechos donde a cada paso encontrábamos peculiaridades arquitectónicas y culturales de muchos tipos. Pequeños santuarios shinto, construcciones clásicas se mezclaban con tremendas carteleras de espectáculos y otras cosas. Osaka es una capital bulliciosa, poblada con gente muy trabajadora y con caracter firme y alegre. Y eso se nota también en el ambiente ciudadano, de contrastes fuertes.
Otro detalle hermoso fue el encontrar a uno de los compañeros del grupo peregrino, minusválido,con dificultad para caminar y para hablar, pero de porte alegre y comunicativo, ... y resulta que yo había estado comiendo al lado de su madre el día anterior... el mundo es un pañuelo. Caminar sobre tierra de vieja historia cristiana, te lleva a "entrar" en su mundo, a sumergirte en lo que ellos vivían, como oraban, como aprendían, como se organizaban eclesialmente... Y esto fue lo que trato el taller al que asistí al día siguiente.
Continuaré...
Miriam
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