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Autor Tema: Noticias y cajón de sastre.  (Leído 4566 veces)
Alex
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« : Junio 29, 2007, 04:01:33 »

Abrimos este hilo para por ejemplo; deciros que acaba de salir publicado un precioso articulo de Miriam titulado

Maria de Magdala, apóstol de apóstoles

Léanlo despacio y con atención; que les sea de provecho.

Alex Redacción IntCat.
« Última modificación: Junio 29, 2007, 05:07:25 por Alex » En línea

El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
Alex
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« Respuesta #1 : Junio 29, 2007, 06:07:10 »

Virgin, disculpame me hice un lio y borré tu post avrgonzado
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El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
virgin
Visitante
« Respuesta #2 : Junio 29, 2007, 06:44:09 »

Virgin, disculpame me hice un lio y borré tu post avrgonzado

No te preocupes. Si ya está resuelto es lo importante.
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Laya
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« Respuesta #3 : Julio 08, 2007, 07:48:00 »

Miriam: Me ha gustado muchísimo tu artículo. La situación de la mujer en el apostolado  es un tema que está implícito en el Evangelio y que sin embargo, parece como si no la quisiéramos o no la supiésemos descubrir. A veces, somos tan cortos que nos resulta difícil encontrar lo que está a la vista. Me viene a la memoria, cuando relata el Evangelio los momentos en que Jesús descansa con sus amigos en Betania, Marta, María y Lázaro. Marta e afana en trabajar y recrimina a su hermana que no le ayude, es más, le dice a Jesús algo así (lo dejo en tono coloquial) ¿pero bueno, has visto? Y Jesús le dice que “María ha escogido la mejor parte”.

Recuerdo también que en los sinópticos se cita varias veces que un grupo de mujeres iban con Jesús y le servían. Pero sobre todo, me impresiona que, en el calvario, las mujeres están junto a la Cruz, mientras los apóstoles “titulares” están “en el banquillo”, muertos de miedo.
,

Como tan bien has escrito en tu artículo:

Citar
Hemos de tener en cuenta para comprender la importancia de las menciones de María de Magdala, que en los tiempos de Jesús, la mujer no tenía el estatuto de persona en el mundo romano. También en el judaismo había marginación: en el tiempo de Jesús, en Israel, se excluía socialmente a las mujeres, a los niños y a los esclavos. La mujer en Israel era una marginada en la vida social y religiosa del pueblo.. Por esto aun resulta más notable el trato de Jesús con ellas. Aunque Jesús no hace de una manera directa y clara una apología de la  dignidad de la mujer, lo hace indirectamente con sus actitudes y sus palabras dirigidas a todos los que le siguen, incluídas las mujeres a las que trata sin discriminación alguna, sea por su  feminidad o por su estatuto moral.

El evangelio, como he dicho al principio, refleja muchas veces situaciones implícitas, y es patente que Jesús trasciende la dignidad de la mujer y su condición mucho más allá de la situación de la época. Por ello, pienso que cualquier persona que se disponga a hacer una lectura seria y reflexiva de estos y otros pasajes, se dará cuenta de que Jesús llama al apostolado lo mismo a mujeres que a hombres.

Esto me lleva a sacar un tema que puede dar lugar a debate. La llamada universal al apostolado. No sé si por deformación, hay quien se cree que las tareas de la mujer en la Iglesia son más importantes cuanto más revuelve en las sacristías, cuestión falsa de toda falsedad. Nuestra misión es más importante cuanto mayor es nuestro testimonio de Cristo, con nuestro ser y nuestro actuar, con nuestro porte de mujeres cristianas, enteras, alegres, disponibles (como las santas mujeres del Evangelio), en la familia, en el trabajo en la sociedad o en aquel lugar en el que Dios nos haya querido colocar. Esto no disminuye nuestra misión ni nuestra dignidad, sino que dignifica el mundo que Dios nos ha entregado.

Por eso, quienes abogan por otras “funciones” y critican a “la Iglesia” como discriminadora de la mujer, es que no se han enterado de que toda mujer (lo mismo que todo hombre) solo por el hecho de estar bautizada es tan Iglesia como el Papa, el Obispo o el sacerdote. Todos somos fieles de la misma Iglesia, y si no, seríamos “infieles”.

Hay quien estaría encantado de que “las mujeres mandasen en la Iglesia” Y hay mujeres que mandan mucho, muchísimo, que han prestado un servicio impagable a la Iglesia a lo largo de los tiempos,  pienso en Teresa de Jesús, Edith Stein, Catalina de Siena, Teresa de Calcuta, y tantos miles y miles, muchas anónimas, que con su vida se enteraron, pero mucho, de lo que significaba ser discípula. Pienso en tantas mujeres que hoy en día son conscientes de su papel en la Iglesia y no se sienten disminuidas ni menospreciadas por ser papisas o sacerdotisas, porque saben que, donde están, son transmisoras del reinado de Cristo.
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Miriam
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« Respuesta #4 : Julio 09, 2007, 11:13:46 »

Mi intención al poner el artículo sobre María Magdalena, no ha sido tanto dar como zanjado un aspecto que no me parece que lo esté, sino más bien señalar discretamente que la tarea nunca está acabada, que cada generación hemos de contemplarnos a la luz del Evangelio para ver y mejorar nuestro grado de fidelidad a Cristo y a la Palabra de Dios. Porque a veces, lo que parecen convicciones seguras e inamovibles pueden ser tan solo parapetos que nos evitan la inquietante sensación de estar aun en un camino en que a cada recodo podemos encontrar nuevos desafíos para los que aun no tenemos respuesta y que nos obligan a referirnos siempre de nuevo al Evangelio confiados al Espíritu Santo para que Él ponga luz en nuestros pasos.

Nuestro tiempo tiene grandes posibilidades tanto teológicas como pastorales, gracias a un conocimiento privilegiado de la Historia de la Iglesia y de la Teología, de la Tradición y de las necesidades universaales de los fieles. Esto permite poner luz a cuestiones, reformular conceptos o prácticas poco claras; mejorar lo que podría ser mejorable, ya que en este mundo la Iglesia es peregrina, y cada paso pide una atención especial y única.

La lucha por el poder y el prestigio inherentes al egoísmo de nuestra naturaleza no han dejado de limitar las decisiones humanas también dentro de la Iglesia, en todas las épocas. Jesús lo sabía, y la Iglesia lo sabe, que somos pecadores y fallamos muchas veces en nuestra fidelidad al Espíritu de Jesús. No es nada fácil dar respuesta a situaciones críticas, que se dan en cada época con peculiaridades diferentes. La sociedad evoluciona y los cristianos, inmersos en esa sociedad, dan a la Iglesia su personalidad concreta en cada época. Por tanto, no nos podemos extrañar en que la posición de la mujer en la Iglesia pudiera resultar incómoda en sociedades en que la mujer no era nada.

La Iglesia, en fidelidad al Evangelio ha intentado siempre coordinar esta fidelidad con una práctica eclesial lo más adecuada posible a la mentalidad de cada época; cosa no fácil, nada fácil. La Iglesia no se adapta al mundo, pero el cristiano que vive en el mundo y es Iglesia, vive el Evangelio en una sociedad concreta. Espera de la Iglesia la respuesta a los conflictos que se le plantean como cristiano, tanto a nivel personal como comunitario.

Tenemos la clave a nivel personal: una mujer puede ser plenamente cristiana (como cualquier varón) incluso en las situaciones límite, tanto sociales como eclesiales, en las menos favorables. Incluso podemos decir que esas situaciones no favorables e indeseables pueden ser justamente el desencadenante de una vida de santidad y heroísmo evangélico. Por lo que no nos puede caber duda que en la Resurrección podremos contemplar ejércitos de santos anodinos, pobres,  mujeres, y otros estamentos que se podrán distinguir precisamente por haber sido víctimas de una injusticia al nivel de su dignidad humana y cristiana. Y justamente eso las configura, les hace semejantes a Cristo que sufrió como víctima de la injusticia tanto social como religiosa.

La Iglesia, en cada época, hizo el esfuerzo de asumir el Evangelio, consciente de que aun haciendo todo lo posible, nunca podemos llegar a la perfección que solo podremos contemplar en la Iglesia del Cielo. Todo lo posible he dicho, sí, porque no puede ir más allá de lo que los mismos fieles le permiten; porque, como dice Laya, todos somos Iglesia, y la Iglesia debe tomar decisiones que favorezcan la vida cristiana de toda la comunidad. Y por ello, en ocasiones, no se pueden tomar decisiones que, aunque rectas, no serían correctas en el sentido de que podrían ser motivo de escándalo o división para muchos.

No debemos hacer juicios de valor que sobrepasan en mucho nuestros conocimientos y nuestras atribuciones. Pero, si que tenemos el derecho y el deber de suscitarnos y plantear preguntas a la luz del Evangelio. Preguntas que los responsables de ello en la Iglesia deben responder con la ayuda del Espíritu Santo.

Por ejemplo, la cuestión del sacerdocio de la mujer que acabas de mencionar, Laya, con frecuencia se plantea por ambas partes, tanto para abogar como para rechazarlo, como un asunto de derechos y atribuciones. Yo lo contemplo desde un punto de vista muy diferente y al que no he visto que se haya dado respuesta clara, no porque no esté ya esa respuesta implícita en el Evangelio, sino por haber reducido el tema a cuestión de derechos.

Me refiero al alcance de la Encarnación de Cristo. El Verbo se hizo "Carne", Dios se hizo "Hombre". María dio a luz un hijo "Varón". Son tres afirmaciones exactas ¿no es así? Casi se pueden sobreponer, pero solo casi, en realidad no son para nada lo mismo. perdonad si digo tonterías, voy al hilo de una reflexión que nunca he dado forma hasta este momento.

Me parece que el problema, y el malentendido surgen desde el momento en que se identificaron los tres como sinónimos. Esa identificación fácil sirvió para hacer de la mujer -en la práctica, no en la teoría- una no-persona. En realidad era aplicar en la práctica eclesial y en la enseñanza habitual -no dogmática- de la Iglesia, el pensamiento social que se ha mantenido hasta hace muy poco: que la mujer era un ser humano imperfecto, incompleto, menos inteligente y dotado que el varón. Con esto se justificaba su sujeción social y eclesial, aunque no siempre doméstica, donde la mujer manejaba, a veces con muy buena fortuna, la sartén, la escoba y su maternidad.

Bien, no quiero dejar de lado el malentendido que he señalado. Si el Verbo se hizo carne, asumió toda la materialidad del Universo, si podemos contemplar carne como lo material, lo físico y tangible. Para iluminar este aspecto no podemos olvidar cuando San Pablo decía que todo el universo, todas las criaturas, esperan con dolores de parto la liberación de los hijos de Dios (Romanos 8,20-23) Cuando el Verbo se encarnó en la humanidad, que es la "punta fina" de la creación, por lo menos en este mundo nuestro, lo asumió todo. Desde esta perspectiva podemos comprender mejor las bellísimas intuiciones de Teilhard de Chardin en su visión del universo integrado en Cristo.

Al decir que Dios se hizo hombre, se declaraba que la humanidad entera era asumida en su encarnación como hombre. Naturalmente esta "humanidad" incluye a la mujer, nadie lo negaría... ¿o sí? No os espantéis, pero aquí es donde la teología no parece haber avanzado mucho su reflexión, dejando que la identificación práctica entre Dios se hizo hombre y María dio a luz un hijo varón ha llevado a conclusiones que en la práctica ignoran que Dios se hizo hombre, es decir, Humano, al sobreponer el hecho de "varón".

Si realmente se asumiera a fondo que solo el varón representa la persona de Cristo, como algunos eclesiásticos han declarado sin ni darse cuenta de lo que eso supone teológicamente, habría de explicarse la incompatibilidad esencial que supondría para que la mujer quedara realmente integrada como persona humana en la realidad de la Encarnación. La incompatibilidad teológica que me parece que presenta la práctica, no se había presentado aun a la reflexión de la Iglesia de una manera coherente. Y creo que es aquí donde el sacerdocio del pueblo de Dios ha quedado un poco como secuestrado, junto con el de la mujer, por un sentido burocrático y elitista de los ministerios de servicio en la Iglesia.

Si en realidad los últimos serán los primeros, y ya en este mundo, los primeros deberían ser los últimos, como Jesús nos pidió, creo que aun hay muchas cosas mejorables en la práctica; y también aun mucho por escrutar en la Palabra de Dios, por parte de la Teología. No podemos zanjar las cosas como si todo ya estuviera en su estado de perfección. Somos Iglesia peregrina, en camino, lo reitero, y este camino nos lleva a nuevas cuestiones, nuevos desafíos a resolver y a vencer para poder continuar nuestro seguimiento de Jesús, porque es Él el Camino, la Verdad y la vida. Nosotros somos su Cuerpo, la comunidad de los discípulos, que tienden su oído para escuchar "qué dice el Espíritu a las Iglesias"

Seguramente que todo lo que escribo aquí queda un poco obscuro, por esto he invitado a Alex a colocar en las publicaciones un artículo de Chittister en que con mucha mayor precisión y agudez nos plantea algunas preguntas no respondidas. Tenemos el deber de no cerrar cuestiones que no han tenido aun respuesta realmente fundada en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia. El Magisterio reflexiona y decide, es su carisma de servicio. pero el "sensus fidei" es asímismo de gran importancia, porque suscita la investigación teológica y las respuestas adecuadas en la praxis eclesial, en cada generación humana.

Maria de Magdala,  la apóstol de los apóstoles, es quien me suscita estas cuestiones y seguramente no son totalmente infundadas... ¿o sí?


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Kanbei
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« Respuesta #5 : Julio 09, 2007, 07:36:48 »

Miriam,

estoy plenamente de acuerdo con lo que señalas. Personalmente, los argumentos teológicos esgrimidos en contra de la ordenación sacerdotal de las mujeres no me convencen, no porque yo sepa algo de teología, sino por pura lógica; pero al mismo tiempo entiendo que dicha ordenación no se producirá, al menos, antes de que se produzca la reunificación de todos los cristianos en una sola Iglesia, por motivos obvios: por un lado, porque como señalas, podría suponer un motivo de escándalo en el seno de la Iglesia Católica, y ser motivo de divisiones. Por otro, porque podría suponer un obstáculo para la unión con los Ortodoxos, así como con la mayor parte de las comunidades eclesiales que no admiten dicha ordenación. Como bien dices, "en ocasiones, no se pueden tomar decisiones que, aunque rectas, no serían correctas en el sentido de que podrían ser motivo de escándalo o división para muchos".

Personalmente no veo porqué el que represente a Cristo al frente de la comunidad tenga que ser necesariamente varón. El hecho de ser varón no supone una mayor dignidad, o tener mejores cualidades. Tenemos en las propias cartas de San Pablo referencias a mujeres que obstentaban cargos dirigentes dentro de las diversas comunidades que visitaba el apóstol, seguramente porque eran las personas más capacitadas para dirigirlas. Tenemos incluso esa maravillosa afirmación de San Pablo en Gálatas de que "ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal 3, 28) que subraya lo que Miriam señaló: el trato de igualdad que Cristo dió a la mujer. Pero muchas veces las vigencias sociales de una época parecen pesar más que la plena fidelidad a Cristo, y en no pocas ocasiones los propios cristianos acabamos traicionando en algo el espíritu evangélico. Por eso, aunque quizá el momento no sea oportuno, tengo la absoluta convicción de que algún día (que seguramente no veré), la mujer podrá ser ordenada sacerdote; y no porque deba participar en estructuras de poder, o porque ahora la mujer tenga menos dignidad que el hombre en el seno de la Iglesia...sino porque así podrá responder libremente a la llamada de Cristo a ser sacerdote, pues no olvidemos, el sacerdocio ministerial no es una dignidad especial, o un privilegio, o un puesto de poder...sino que es servicio, respuesta a una llamada que exige la entrega absoluta de todo en servicio a Dios y a los demás.

Un abrazo.
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prm3
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« Respuesta #6 : Julio 10, 2007, 07:57:04 »

Miriam, creo que es la primera vez que no estoy de acuerdo contigo  confuso y espero que sea la última en temas importantes  complice.

No entiendo a que viene a hablar de un tema que lo único que puede llevarnos es a falta a la Unidad con la Iglesia y a hacer pensar más alla de un tema que gracias a Dios nos lo dan hecho - la mujer tiene su papel en la Iglesia y el hombre el suyo, al igual que (por muchos que algunos se empeñen) la mujer tiene su papel en la sociedad y el hombre el suyo (ehhhhhh que no soy nada machista, al reves soy feminista de las buenas  icon_mrgreen).

El Papa actual , ya en el año 94  lo explico bastante clarito Ratzinger explica la carta del Papa sobre la mujer y el sacerdocio por si a alguna persona le quedaba duda.

Y no quiero fastidiar el debate  avrgonzado avrgonzado pero creo que es un tema que tiene poco que debatir, cada uno puede pensar de una forma pero la cosa esta muy clara y sin darnos cuenta, como he dicho al principio, podemos faltar a la Unidad con nuestra Madre la Iglesia y confundir a cualquier persona que no tenga las ideas muy claras y pase por aquí a leer, por lo que le pediría al administrador y moderadores (que con la ayuda del Espíritu Santo) vean si es necesario con todos los temas opinables, temas que podemos aprender, enriquecernos es necesario hablar de un tema así, soy de la opinión de cerrarlo.

Buen día de S. Honorato a todos



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Laya
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« Respuesta #7 : Julio 10, 2007, 10:48:30 »

Prm3: estás en lo cierto.

No es una opinión sino que tengo la certeza  de que en esta página y en estos foros, en concreto, no es mi intención  dejar la puerta abierta a la duda o a desunión. Es mayor  que el amor que me une a mi Madre, la Iglesia que el respeto personal  y el cariño que  tengo a cada forista, y sabíes que este cariño no es ficticio, ¿verdad?  complice. Cada cual podeis tener vuestras razones, pero yo no voy a entrar al debate.

La enseñanaza del Magisterio, en este tema, es clara y precisa. A ella me atengo, sabiendo que seguirla es andar en verdad.

Gracias, prm3 por haber dejado el enlace, creo que lo pasaré al blog para que no se pierda.

Solo quiero dejar constancia de algo que me parece importante. En tu artículo, Miriam, haces referencia, para argumentar a un evangelio apócrifo. En la costitución dogmática del Vaticano II sobre la divina revelación, "Dei verbum" , (que por ser dogmática, como su nombre indica, no inspira ningún dogma sino que confirma los anteriores), se afirma que los libros inspirados, fuente de revelación son aquellos que conforman el Canon, y solo a través de ellos y a la luz de la Iglesia, existe la revelación. Recoge esta constitución, las siguientes palabras de San Agustín: "Si no fuera por la Iglesia, yo no tendría escritura"

Por tanto, reitero que no entro en este debate, pues no veo asunto para debatir, estoy con San Agustín.

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Kanbei
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« Respuesta #8 : Julio 10, 2007, 12:41:56 »

Pienso que hablar sobre esta cuestión no es desunir ni confundir. No estamos hablando de ninguna cuestión dogmática, no se pone en cuestión ningún dogma, sino que se habla de algo que afecta de alguna manera a la estructura de la Iglesia, a cómo está organizada, y al hecho de que quizá en este asunto haya mucho todavía por hacer. No sé a qué vienen esos miedos, como si hubiéramos tocado un tema tabú. Repito, la cuestión acerca de la ordenación sacerdotal femenina no es un dogma de fe, como lo son por ejemplo los dogmas marianos. De hecho, la prueba de que no es algo incuestionable está en el hecho de que en el pontificado de Juan Pablo II se tocó el tema. En todo caso, no es Miriam la que tocó primero el tema de la ordenación femenina de manera explícita, y por supuesto, soy contrario a la opinión de que el tema deba ser cerrado...si nadie quiere debatir, pues muy bien, pero cerrarlo por imposición, diría bastante poco de nuestra libertad en este foro.
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Alex
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« Respuesta #9 : Julio 10, 2007, 01:34:19 »

Hablo como moderador responsable de este foro.

Este hilo no se cierra.

Es nuestra intención favorecer el dialogo en el mutuo respeto.

Nadie está obligad@ a asumir cualquier postura, ni siquiera a participar, sin desear un dialogo constructivo.

Hay temas que suscitan mas acuerdo que otros, si no estás de acuerdo en un tema, no quiere decir que en otro no lo estés.

Suscitar unidad no es conformarnos a uniformidad. No somos ni queremos ser católicos institucionalmente correctos (versión cristiana de lo políticamente correcto) y tampoco deseamos lo contrario, sencillamente no estamos ahí.

Si te perturba algún tema, consideralo en conciencia, con tu dirección espiritual o confesor.
Los temas de teología son muy complejos y con frecuencia polémicos. Por eso es necesario para abordarlos un exquisito y prudente respeto y sobre todo no precipitar conclusiones y muchísimo menos, hacer juicios de valor... (no juzguéis y no seréis juzgados dice el Señor Jesús)

En Xto Jesús.
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El mapa no es el territorio.
Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
Olympia
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« Respuesta #10 : Julio 10, 2007, 01:53:20 »

kambei, en este foro apostamos por la libertad y el respeto, y creo que lo estamos demostrando.
Llevas razón en que el tema no es dogma de fe; pero si lo piensas, dogmas hay pocos, y no por eso vamos a cuestionar la doctrina de la iglesia. La Revelación se manifiesta a través del Magisterio de la Iglesia y de las Sagradas Escrituras. Y creo que más que cuestionar, debemos profundizar en su estudio, así como en el de encíclicas y documentos pastorales.

Es verdad que hay cosas mejorables, o quizá somos nosotros los que somos mejorables. No olvidemos que la iglesia es divina, pero todos somos humanos. Pero me fío de quién lleva el timón de la barca, me fío del Pontífice y sus desvelos del buen pastor.

Sugiero la lectura de la Mulieris Dignitatem de Juan Pablo II, para comprender mejor la misión de la mujer en el mundo y en la iglesia.

¡Ánimo!  saludando
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"La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso"
(Francis Bacon)
prm3
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« Respuesta #11 : Julio 10, 2007, 02:37:40 »

Hablo como moderador responsable de este foro.

Este hilo no se cierra.

Es nuestra intención favorecer el dialogo en el mutuo respeto.

Nadie está obligad@ a asumir cualquier postura, ni siquiera a participar, sin desear un dialogo constructivo.


Tu mandas como responsable del foro.

Por mi parte no voy a participar en esta conversación que la veo absurda, una falta de unidad con nuestra Madre la Iglesia  y es imposible que nos enriquezca hablar de un tema que tenemos poco que opinar xq está todo dicho y con fuego no se quema.

Si quieres tambien puedes sacar los mensajes de aquí y abrir un hilo solo de la ordenación de mujeres y así este se deja para noticias y  cajón de sastre y debatis en otra parte.

Nos vemos por otros hilos  saludando saludando
« Última modificación: Julio 10, 2007, 02:39:16 por prm3 » En línea
Alex
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« Respuesta #12 : Julio 10, 2007, 04:01:38 »

@Prm3
Como prefieras.

De todas formas participes o no, y también para quien pueda leerlo:

Respetemonos unos a otros, opinemos y evitemos juicios de valor que pueden ser de dudosa veracidad y manifiestamente ofensivos para el prójimo.

Repito:

Los temas de teología son muy complejos y con frecuencia polémicos. Por eso es necesario para abordarlos un exquisito y prudente respeto y sobre todo no precipitar conclusiones y muchísimo menos, hacer juicios de valor... (no juzguéis y no seréis juzgados dice el Señor Jesús)
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El mapa no es el territorio.
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Laya
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« Respuesta #13 : Julio 10, 2007, 05:36:11 »

 
@Respetemonos unos a otros, opinemos y evitemos juicios de valor que pueden ser de dudosa veracidad y manifiestamente ofensivos para el prójimo.
Repito:

Los temas de teología son muy complejos y con frecuencia polémicos. Por eso es necesario para abordarlos un exquisito y prudente respeto y sobre todo no precipitar conclusiones y muchísimo menos, hacer juicios de valor... (no juzguéis y no seréis juzgados dice el Señor Jesús)


Alex, quiero pedirte disculpas a tí y a los demás foristas por si en mi intervención he hecho juicios de valor o peyorativos, no era esa mi intención. Respeto todas y cada una de las opciones que habéis manifestado a lo largo de este hilo y, sabiendo que el tema  que estamos tratando no es dogma de fe, estoy con Olympia, que, en su post, que no voy  repetir, pero que os pido que volvais a leer, ha descrito con exactitud lo mismo que yo pensaba y que torpemente, no he sabido expresar.

 Os pido perdón por haber sido tan torpe y espero que comprendais también mi postura.

Un abrazo complice
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Alex
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« Respuesta #14 : Julio 10, 2007, 07:28:24 »

Gracias Laya. Ya veremos como se recompone todo esto porque han salido varios temas que merece la pena tocar despacio y con mucha calma.
También agradezco tu ultimo post Kanbei, pues me facilitaste resituar una compleja situación, Dios te bendiga (bueno tb a tod@s l@s demás, que hay amor para todos  afro )
Hay cosas que quisiera abordar con mas tiempo, y me las guardo. Pero respecto al post de Olympia, Dogmas no hay ni pocos ni muchos...  hay los justos y necesarios (prometo en el futuro comenzar un debate sobre el Dogma).
El papel de la Palabra, Tradición y el Magisterio es garantizar la transmisión viva y actualizante de la Revelación que comienza con el patriarca Abraham y culmina con el Mesías Jesús de Nazarét, Hijo de Dios y Señor Nuestro. Ninguno de los 3 elementos puede contradecir a los otros. Y debe definirse muy bien que es qué y que corresponde a qué... Algo es Palabra o Tradición o Magisterio, de esta forma comprenderemos cosas que aparentemente pueden contradecir unas cosas u otras, y querida Olympia aquí se trata de comprender, no de cuestionar o condenar o aprobar, al menos en lo que a sevidor se refiere... Por ejemplo, la ordenación de presbiteras no puede ser prohibida por dogma, ni por tradición (mas adelante, en fechas posteriores, referiré una relación de diaconisas, presbiteras y obispas de las Iglesias de Oriente y Occidente en los primeros siglos, con datos debidamente contrastados y fuentes solventes completamente fuera de dudas), es cuestión de Magisterio, como dijo Miriam no es un problema de derechos de la mujer, en realidad, sino un profundo problema que afecta a la unidad de la Iglesia (por cierto oportuno el documento de Levada, del dia 29 de junio respecto a la unidad de la Iglesia, Las Iglesias separadas y la Iglesia católica)
Por ultimo exhortar a una constante lectura de los documentos magisteriales, esplendidos e iluminadores, a profundizar sus contenidos e intentar ser una comunidad unida en el amor, en las ideas no es donde debemos buscar nuestra unidad, la diversidad es riqueza.
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