Se ha movido mucho el tema en un solo día y he estado leyendo atentamente para comprender bien el hilo de las diversas intervenciones.
El tema de la mujer en la Iglesia ha sido derivado hacia lo que quise evitar desde el principio, porque para mí, en este hilo de reflexiones, el tema del ministerio femenino es tan solo una cuestión secundaria en el tema de mi explanación. No porque no tenga importancia, sino porque no era la intención del articulo y de la explicación que hice sobre él.
No obstante, una vez explicitado el sentido del artículo que escribí, la respuesta de Laya me obligó a hacer precisiones en las que traté de retomar nuevamente el tema a lo que realmente quería significar, pues no deseaba ni lo deseo, entrar aquí en polémicas sobre el sacerdocio. Estaba hablando de la mujer como miembro de la Iglesia y las fisuras que entreveo entre el contenido de la enseñanza de Jesús y la Escritura, y también la Liturgia, con lo que respecta a las prácticas eclesiales cotidianas no siempre justificables con lo que el magisterio legisla, y también respecto a la Teología que se mantuvo durante largos siglos callada, o si hablaba, más que explicitar la verdad de las Escrituras, lo que ha hecho frecuentemente era justificar con referencias de la Escritura, sin su contexto, las ideas recibidas de las costumbres y maneras de pensar de su tiempo (cosa que por desgracia se hace muchas veces, cuando lo que se pretende es justificar opiniones previas). Si deseara hablar sobre el ministerio sacerdotal del cristiano y los ministerios ordenados, hubiera abierto otro tema diferente.
A pesar de mi esfuerzo he constatado que se leía lo que digo siempre bajo una perspectiva de que hablar de la mujer en la Iglesia, era percibido sin más, como un desafío al Magisterio. En realidad, quiero que sepáis que respeto y asumo verdaderamente, como hija de la Iglesia, lo que el Magisterio legisla y enseña.
Pero este debate que se suscitó con la intervención de prm3 ha llevado a plantear también otras cuestiones. Aunque ahora creo debemos darnos un descanso de vacaciones y tratarlas con más tranquilidad más adelante, ya que me parecen importantes, pero las trataremos mejor si ponemos más tiempo en meditarlas en la oración.
Una cuestión es la relativa al
significado que le damos a la unidad y la comunión. Como hermanos en Cristo que somos no debemos confundir la unidad con la uniformidad. Dar opinión en lo opinable, como habéis dicho. es correcto, pero me parece que lo opinable es algo más que decir los propios gustos sobre cine, libros o política. Estamos en un sitio católico y todo, incluso la opinión sobre una novela de fantasía, está influida por nuestra percepción cristiana de la vida. Más aun es así cuando tratamos cuestiones espirituales y teológicas, de nuestra vida de fe, también hay variedad de matices y acentos, dentro del mismo amor a Cristo y a la Iglesia y de docilidad a su magisterio. La multiplicidad no significa oposición ni división. Lo que unos no ven, otros pueden verlo. Condenar a priori lo que no se comprende, haría un flaco favor a nuestro testimonio cristiano. Al menos, en este caso, me parece que es mejor pedir explicaciones que condenar, y si no se sabe hacerlo, abstenerse es de respeto. Yo me abstengo de los temas que no comprendo bien o me son indiferentes, incluso temas que me disgustan, y en los que no doy opinión por respeto, si no afectan para nada a nuestra fe o a la buena marcha de estos foros.
Y esto nos pide a todos una fina y atenta escucha para saber percibir lo que es una cuestión, lo que es una afirmación, lo que es un juicio de valor, etc. Fijémonos que si no se pudieran plantear cuestiones sobre los temas sobre los que la Iglesia ha hecho ya declaraciones, supondría que casi no se podría hablar de nada dentro de la Iglesia; y no se nos ocurre tal cosa. Se sigue hablando, escribiendo, explicitando, investigando... Entonces... ¿Por qué a nadie se nos ocurre extrañarnos cuando se hablan de diversos temas y, en cambio, sí que nos entra temor, desconcierto o escándalo cuando hablamos del tema de la mujer? ¿No señalaría esto que hemos hecho de ello un tabú?
Si fuera así, deberíamos intentar comprender por qué se crean tales tabús. Quizás por el miedo a quemarse, a dañarse con ello, como señala prm3. Mas eso quizás sea solamente el signo de que hay problemas no resueltos. Y me parece correcto plantearse las cuestiones pendientes, cuando nuestro corazón aun no ha encontrado la respuesta. Y buscarlos dentro del respeto y la aceptación de las diferencias de opinión. Me parece que un diálogo sobre cuestiones que afectan a nuestra vida cristiana no se puede basar en reacciones viscerales, apasionadas, mal fundamentadas, sino en la escucha de un corazón atento y abierto al otro y en la oración, con un amor indefectible a Cristo y a la Iglesia.
Esto no supone para nada que se rechace las pautas que da la Iglesia, siempre pensadas para ayudar a los fieles a realizar su vida cristiana en el lugar o situación en que se encuentran. Por ejemplo, las pautas dadas sobre la cuestión suscitada sobre la ordenación de las mujeres por parte del Papa, las acepto enteramente y sé que son correctas. Eso no significa que no pudieran ser cambiadas en el futuro si la Iglesia lo considerara oportuno. No es mi tarea juzgar sobre ello.
Y todo ello conduce a otra cuestión que me ha suscitado las palabras de todos. Nuestra capacidad de respetar y aceptar al otro como hermano y no como un peligro o una piedra de escándalo. Porque el respeto es un signo del amor. Un amor que no se reduzca a ser simplemente una palabra bonita en nuestros labios o un concepto a manejar en nuestras conversaciones.
Estoy convencida que todo ha sido tan solo un pequeño malentendido debido, quizás, a una lectura demasiado rápida y también a una manera de expresarme no suficientemente transparente. Nunca me había detenido a pensar que es lo que hace que el tema de la mujer sea tan controvertido. Pasaba de largo. Es buscando sobre el tema que se me pidió sobre María Magdalena, que he comenzado la reflexión que he puesto al alcance de todos. Pedirme a causa de ello fidelidad y amor a la Iglesia, es obviamente algo que no me afecta nada, pues no me creo inferior a los demás foristas en mi amor profundo a Cristo y a la Iglesia, por la que daría todo por poder contemplarla en su unidad y plenitud más hermosas, tal como Cristo la quiso, y que es algo que nosotros, sus discípulos, no hemos sido capaces de realizar.

Bueno, ya comienzo a alargarme demasiado. Por hoy lo dejo aquí, he comenzado a escribir esta mañana, y por diversas tareas no he podido acabar hasta la tarde.
Agradezco a todos la sinceridad, porque el diálogo solo se puede establecer si hay verdadera sinceridad. Igualmente necesitamos, como muy bien decís, profundizar más, profundizar en el conocimiento de las cosas de Dios, y esto es precisamente lo que intentamos cuando hablamos de cualquier tema que toque de cerca nuestras prácticas eclesiales y en nuestras maneras de vivir, pensar y hablar de las cosas de Dios.
Veo ahora, lo que acabas de escribir prm3. Yo también tengo experiencia larga en foros católicos y sé lo que significan los malentendidos, los apriori, las oposiciones, justificadas o no... Pero si has sido administradora, comprenderás que en Intcat hay moderadores. Es la tarea de todos aceptar esto y confiar a ellos la tarea que se les encomienda. No todos los foros tienen la suerte de tener como moderador en temas teológicos y eclesiales una persona suficientemente preparada. Creo que no es éste el caso de Intcat. Y para las dudas personales todos podemos consultar a nuestros directores espirituales... No sé qué decirte, pero me gustaría que lo que se escriba aquí fuera útil para reflexionar y para crecer en nuestra vida cristiana. Naturalmente, es imposible que todo lo que leo me resulte así, pero puedo escoger lo que realmente me interesa y dejar el resto.
Un abrazo a tod@s
Miriam