Kanbei
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« Respuesta #135 : Octubre 31, 2008, 07:13:38 » |
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Saavedrata, efectivamente la Iglesia no es un fin en sí misma, sino que es relativa a, apunta, dirige hacia Dios. El propio Ratzinger en el libro "Por qué soy todavía cristiano" (Ed. Sígueme) utiliza la metáfora de la Luna, que no tiene luz por sí misma, sino que refleja la luz que recibe del Sol. También estoy de acuerdo en que a lo largo de los siglos se han producido muchas adherencias, "costras que le hemos ido colgando", y que sería conveniente irse desprendiendo de algunas para purificar la Fe, para quedarnos con lo que es esencial para la salvación, y no con "preceptos humanos". En este sentido es cierto que muchas veces la propia Iglesia parece no distinguir muy bien entre una cosa y la otra, lo cual produce confusión entre los fieles. Pero también hay que decir que hay que tener un extraordinario cuidado a la hora de determinar si algo es una "costra" o si es algo en apariencia no necesario, pero que oculta un tesoro para la Fe. Creo que todos sabemos el desastre que supuso (al que creo que alude Miriam) el hecho de que muchos interpretaran el Vaticano II como una ruptura con lo anterior; el hecho de que muchas cosas que se apartaron a un lado por inútiles eran realmente lo que sostenía la Fe de los sencillos (porque no lo olvidemos, la inmensa mayoría de los creyentes no tienen las posibilidades que tenemos nosotros de instruirnos, e incluso nosotros no podemos prescindir de muchas cosas), como por ejemplo muchísimas devociones que eran miradas de manera despectiva, pero en el interior de las cuales encontramos un verdadero tesoro, tesoro que estaba al alcance de todos y que ahora, si no se recupera, desaparecerá (leyendo cualquier devocionario, uno se da cuenta de que los creyentes de antes, aunque fueran más "incultos", tenían un conocimiento teológico muy profundo, quizá mucho más que nosotros, que creemos saber tanto). De ahí que Juan Pablo II pusiera tanto énfasis en la recuperación, por ejemplo, del Rosario y dela oración ante el Santísimo. Comentas "Y ocultar sus lacras no es forma de ponerles remedio. Y si el Espíritu sopla donde quiere, ¿se molestará en hacerlo a través de un laico que no tiene forma de hacerse oir en esa presunta comunidad de crayentes?". No creo que aquí nadie oculte aquello que la Iglesia tiene de deficiente...todos somos conscientes de que la Iglesia no es perfecta. El problema es que muchas veces lo que yo creo que es una lacra, a otro le parece que no lo es, y mi criterio no tiene por que ser mejor que el del otro. Los hay por ejemplo que consideran que hay que transformar las estructuras de gobierno de la Iglesia, dotarla de más "democracia", y que eso la haría más eficaz...yo en cambio pienso que la Iglesia tiene dos dimensiones, una estructural (jerarquía) y una carismática (el Espíritu), y que la estructural es como un esqueleto que sostiene y da cohesión al conjunto. Sin esqueleto, se nos esmonta todo. Yo veo a la jerarquía como un ministerio de servicio, no como puestos de poder. Ciertamente el Espíritu sopla donde quiere, pero no estoy de acuerdo en que los laicos no puedan hacerse oir. Pareces insinuar que la jerarquía ahoga la voz de los laicos. Yo en cambio pienso que lo que hace es poner bridas a un caballo que, sin bridas, se desbocaría. Existe una prueba clara de que el Espíritu sopla donde quiere y de que el laico tiene voz en la Iglesia (siempre claro que sepa por dónde sopla el Espíritu, como en el caso de Elías, que supo distinguir que Dios no estaba en el terremoto o la tormenta, sino en el soplo suave), y son los múltiples movimientos eclesiales originados en sus inicios por laicos, como es el caso de los Focolares, o también el Camino Neocatecumenal (y seguro que otros podrán añadir más nombres). Estos movimientos transforman la Iglesia desde abajo, no desde las alturas de una alta teología incomprensible para la mayoría, hecha de espaldas a los fieles (pero supuestamente hecha por los fieles, lo cual recuerda al despotismo ilustrado de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo"). Bueno, debo dejarlo aquí, pero el tema ciertamente da para mucho. Un abrazo.
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