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admin
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« : Noviembre 04, 2007, 07:38:34 » |
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Este nuevo tema acoge el diálogo y las noticias sobre lo que podríamos llamar el anti-ecumenismo.
Si el movimiento ecuménico es un movimiento de acercamiento y esperanza para realizar la voluntad del Señor de "que todos sean uno"; el cisma, al contrario, es "división", separación... y la secta es el grupo donde se concreta esa voluntad cismática. El cismático no busca la unidad ni la desea, se siente posesor de la verdad y solo busca imponerla, no mira a Cristo, sino que pone a su grupo o "iglesia" en el lugar debido a Dios. Y sus doctrinas como expresión absoluta de la Verdad.
Por desgracia esto se ha dado siempre en la Iglesia: grupos perfeccionistas que se han separado para hacer de si mismos una comunidad sin mancha están en el origen de muchas sectas y cismas. Solo Dios sabe lo que realmente hay en cada corazón humano y no es a nosotros el juzgarlo, pero si que podemos constatar que estos cismas y la división que conlleva la creación de sectas son un cáncer para la Iglesia una, santa y católica.
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El mapa no es el territorio. Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
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Miriam
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« Respuesta #1 : Noviembre 04, 2007, 07:42:21 » |
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Acabo de leer esta noticia que nos transmite ACI: Leyéndola me ha hecho dar cuenta de las justas advertencias que hace el monje Enzo Bianchi sobre los peligros prácticos que entraña la decisión de liberalizar las prácticas litúrgicas de rito tridentino. Liberalización fundamentada en la caridad, ciertamente, y que acogida en la caridad es justa y hermosa.... El problema está en la "recepción" que hacen los lefevristas y tradicionalistas extremos, que sienten esto como "su" victoria durante "su batallla" para conseguir anulaciones importantes de las decisiones conciliares, cosa absolutamente irresponsable y herética, puesto que las decisiones conciliares compromenten a toda la Iglesia guiada por el Espíritu Santo. En cuanto a la declaración que cito de Enzo Bianchi es un artículo que tengo en papel y debería transcribir en el tema de Liturgia, ya que es el más fino análisis que he leído sobre la reciente decisión vaticana sobre las prácticas litúrgicas. Espero poder hacerlo pronto. Lefebvristas exigen corregir el Concilio, no interpretarlo
Petición inadmisible
ROMA, 29 Oct. 07 / (ACI).- En una entrevista acordada con el periodista italiano Paolo Luigi Rodari, autor del blog “Palazzo Apostolico”, el obispo excomulgado Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, confirmó que el movimiento cismático que dirige exige el cambio de los textos del Concilio Vaticano II, no solo su “correcta interpretación”, como ha pedido el Papa Benedicto XVI.
En la entrevista, Fellay defendió al otro obispo lefebvrista excomulgado, Richard Williamson, identificado por algunos medios como “el ala intransigente” de la organización cismática; y señaló que “Williamson y yo estamos en la misma línea, aquella que cree que difícilmente podríamos reingresar a la Iglesia tal como está”.
De esta manera, al hablar de su “reingreso”, Fellay confirmó el estado de cisma de su organización.
Según Fellay, “las razones son muy simples”, porque “Benedicto XVI ha liberalizado el antiguo rito,” pero éste sigue siendo criticado “por la mayoría de los obispos”. “¿Qué deberíamos hacer? ¿Reingresar a la Iglesia para ser insultados por todas esas personas?”.
“Además del antiguo rito –prosigue- el problema para nosotros son las palabras que el Papa Benedicto XVI dedicó al Vaticano II”, porque “la ruptura con el pasado está directamente relacionada, desafortunadamente, a algunos textos del Vaticano II y estos textos, deberían de alguna forma, ser revisados”:
“Ratzinger –insiste Fellay– debería prepararse para una directa revisión de los textos conciliares, y no solo para una denuncia de su incorrecta hermenéutica”.
El obispo excomulgado pone como ejemplo la declaración Dignitatis Humanae dedicada a la libertad religiosa. Según Fellay, en ella la Iglesia estaría poniéndose en situación de sometimiento a las autoridades civiles, cuando “en mi opinión debería ser lo opuesto: es el estado el que debe someterse a la fe católica y reconocer que es la religión del estado”.
Fellay concluye diciendo que mantiene un “intenso intercambio de cartas” con el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, “pero no existe aún un documento de trabajo común”.
“Permanezco sin embargo confiado, porque todas nuestras tratativas hasta ahora han sido excelentes”.
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« Última modificación: Noviembre 04, 2007, 07:48:54 por Miriam »
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Kanbei
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« Respuesta #2 : Noviembre 04, 2007, 12:32:30 » |
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Este es un tema realmente interesante, que nos puede hacer reflexionar mucho también acerca de nuestra propia actitud. El ser humano tiene una tendencia natural a establecerse en comunidades con unas señas de identidad muy precisas, que en no pocas ocasiones se establecen por oposición a otros grupos humanos. Es muy fácil también caer en la tentación de canonizar las propias ideas, en sostener una mentalidad estrecha contra viento y marea, y todo ello con la mejor de las intenciones. Personalmente no dudo de la bondad de intenciones de los Lefevristas, o de que tienen los ojos puestos en Dios, sólo que su mentalidad es muy estrecha y, debido a esa estrechez, se equivocan gravemente. Pretenden tener la verdad única, la única visión verdadera de Dios y de lo que debe ser la Iglesia y la sociedad civil, eliminando de un plumazo toda la riqueza y diversidad de pensamiento y vivencia de la Fe que afortunadamente se da en la Iglesia Católica.
La noticia que aporta Miriam resulta en ese sentido esclarecedora. Es evidente que los Lefevristas no pretenden llegar a un acuerdo, producto de un diálogo constructivo, sino imponer sus tesis, según las cuales en Concilio Vaticano II es herético. No parecen conformarse con el hecho de que se restablezca la Misa en latín, sino que lo que quieren es imponer esa Misa a toda la Iglesia, como única Misa válida. No sólo eso, sino que además pretenden que la religión católica se convierta en una religión de estado, destrozando con ello los sanos principios de separación entre Iglesia y estado (parecen olvidar que en las sociedades modernas, en un mismo estado se dan las más diversas creencias religiosas por lo que esto rompería con el derecho de libertad religiosa).
Veo en los Lefevristas los mismos vicios que podemos ver en los fariseos de tiempos de Jesús, o en las tendencias islámicas radicales de la actualidad: confusión entre religión y estado, y pretensión de que su visión de la religión es la única verdadera, y por ello debe ser impuesta a los demás. Creo que esto nos debe servir de advertencia, porque esta tendencia o tentación, es algo en lo que también podemos caer nosotros: hacer acepción de personas entre nosotros los católicos y "los de fuera", creyéndonos mejores que ellos; formando en nuestras parroquias nuestras "capillitas" o "cofradías", grupos cerrados que pretenden dirigir a los demás, considerándonos como una especie de "élite"; considerr nuestro movimiento eclesial como el que encarna de manera más pura la esencia del cristianismo, olvidándonos que la riqueza de carismas y visiones de la Fe de los diversos movimientos es una Gracia extraordinaria, y que pretender "uniformar" a la Iglesia es empobrecerla y cerrar las puertas de la salvación a muchos (lo mismo que Jesús criticaba a los fariseos de su tiempo).
Un abrazo.
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Alex
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« Respuesta #3 : Noviembre 07, 2007, 11:43:45 » |
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Este es un tema realmente interesante, que nos puede hacer reflexionar mucho también acerca de nuestra propia actitud El fenómeno del integrismo religioso, representa el verdadero cancer de las religiones. ¿Que sentido tiene una religión en la que el Amor, en todas sus dimensiones está ausente? ¿Acaso esto no es la suma perversión? ¿No advierte Jesús que el único pecado imperdonable es el pecado contra el Espíritu? ¿Acaso el Espíritu, no es esencialmente Amor? ¿Existe acaso una sola excepción en todo el Evangelio, un solo caso donde no fuese aplicable el precepto de amar al prójimo? Meditemos sobre esto... queridos amigos
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« Última modificación: Noviembre 07, 2007, 11:45:54 por Alex »
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El mapa no es el territorio. Aunque parece una obviedad, confundimos realidad y representación.
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Albertczyk
Newbie

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« Respuesta #4 : Noviembre 07, 2007, 11:17:13 » |
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La noticia que aporta Miriam resulta en ese sentido esclarecedora. Es evidente que los Lefevristas no pretenden llegar a un acuerdo, producto de un diálogo constructivo, sino imponer sus tesis, según las cuales en Concilio Vaticano II es herético. No parecen conformarse con el hecho de que se restablezca la Misa en latín, sino que lo que quieren es imponer esa Misa a toda la Iglesia, como única Misa válida. No sólo eso, sino que además pretenden que la religión católica se convierta en una religión de estado, destrozando con ello los sanos principios de separación entre Iglesia y estado (parecen olvidar que en las sociedades modernas, en un mismo estado se dan las más diversas creencias religiosas por lo que esto rompería con el derecho de libertad religiosa).
Tengo que reconocer que he leído bastantes cosas de los Lefevristas, y (se que ésto puede escandalizar un tanto) en algunos puntos me costaría bastante no darles la razón. De hecho, no tienen objeciones a la mayor parte del CVII, simplemente dicen que no aporta nada nuevo. Sus protestas se centran en unos cuantos aspectos concretos, como el de la liturgia, la libertad religiosa, y la separación Iglesia-Estado, como dices. Y en ese sentido, es cierto que el Concilio representa un punto de inflexión en la interpretación de esas materias con respecto a la tradición de la Iglesia (veánse p. ej. las encíclicas de León XIII), haciéndose así difícil defender la coherencia y la inmutabilidad de la doctrina. Si antes no se admitía la libertad religiosa, y ahora sí, ¿dónde está la verdad? ¿Se trataba entonces simplemente de una norma dependiente del contexto histórico, que ya no tiene razón de ser en el Siglo XX y ss.? Otra interpretación, ya un tanto mística, del CVII, es la que da Marie Dominique Philippe OP, quien sostiene que "la Iglesia ha entrado tras el Concilio en el período de la 'última semana'. Este tiempo se caracteriza por la retirada de la institución de la Iglesia de la influencia en la política, la vida social o la cultura. Según éste sacerdote, la Iglesia, como cuerpo místico de Cristo al final de los tiempos, se deja clavar a la cruz. A este momento precede la cesión de la iniciativa y el permiso para que los acontecimientos sigan su curso. En el territorio del que se ha retirado de golpe el catolicismo, se ha introducido facilmente el mundo"1. --- 1.- Fronda, Nº42
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Alex
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« Respuesta #5 : Noviembre 08, 2007, 01:51:59 » |
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muchos bien pensantes, sin ninguna duda gente estupenda, amigos del orden, de la sensatez, de la sabia administración, todos ellos honrados ciudadanos, se quejaran siempre de la falta de peso, de solidez, de evidencia de razón, de seguridad, de las cosas del espíritu, el espíritu no pesa, es liviano como la paloma que vuela libre... es creativo, no sigue sendas seguras, es libre y por eso les resultará a aquellos algo siempre inquietante, algo que cuanto mas lejos de sus vidas y sus obras mejor, menos sobresaltos sufrirán.
¿Pero que tiene que ver eso con Cristo Jesús?
Nada de Nada
Mateo 11, 17 “Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado.” 18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.” 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»
También dice en el versículo 25 «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
Quien tenga oídos para oír, oiga!
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Kanbei
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« Respuesta #6 : Noviembre 08, 2007, 07:23:57 » |
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Si antes no se admitía la libertad religiosa, y ahora sí, ¿dónde está la verdad? ¿Se trataba entonces simplemente de una norma dependiente del contexto histórico, que ya no tiene razón de ser en el Siglo XX y ss.? La objeción es importante. Pienso que hay que distinguir entre inmutabilidad de la doctrina y un progresivo desvelamiento de lo que la doctrina nos dice a través de la tradición viva de la Iglesia. La Tradición por propia esencia, está viva, es decir, evoluciona al mismo tiempo que evolucionan las ideas y el pensamiento humano a lo largo de la historia. Recordemos aquello de San Pablo de que "la letra mata, pero el espíritu vivifica". Jesús nos garantizó la asistencia del Espíritu Santo, para conocer progresivamente y cada vez mejor el mensaje de Dios para el hombre. Esto implica que cuestiones que en otro tiempo se veían de una manera, con los instrumentos racionales y filosóficos de que se disponía entonces, hoy en día se perciben de otra manera, pero eso sí, siempre a la luz de la doctrina de Cristo. El criterio para saber si algo es verdadero o no, es si no entra en contradicción con la Palabra de Dios. En este sentido, cuestiones que afectan a usos y costumbres, a formas de gobierno, a la libertad religiosa, etc, pueden cambiar en su planteamiento a la luz de los nuevos paradigmas filosóficos, sin por ello dejar de ser fieles a los principios de la recta doctrina. Simplemente, parecen adecuarse mejor a lo que Cristo quiere de nosotros. Sobre la liturgia, el propio Ratzinger afirmó a mi juicio acertadamente que pareció producirse en el CVII una cierta "ruptura", como si el misal de San Pío V hubiera sido abolido, cuando este es tan válido como el misal actual. Creo que al permitir que se pueda celebrar la Misa con el rito preconciliar, Benedicto XVI no hace sino subrayar que dicha Misa sigue siendo perfectamente válida, y compatible con otrs expresiones litúrgicas. El problema se produce cuando algunos no quieren ver esto, y quieren imponer su visión de las cosas al conjunto de la Iglesia, saltándose para ello el hecho de que la doctrina que proceda de un Concilio universal, es doctrina que debe ser creída...¿o es que sólo son válidos los Concilios que a mi me parece? No estoy muy de acuerdo con la interpretación que hace del Concilio Marie Dominique Philippe OP. La separación entre Iglesia y estado no es un retirarse a las sacristías, sino desembarazarse de un lastre que puede pervertir el mensaje cristiano. La Iglesia propone, no impone. En un entorno democrático, de libertad, la Iglesia debe proponer la Verdad, dejando la recepción de esa Verdad a la libertad de cada uno. A mi juicio, eso es más acorde con el Evangelio, con la propia acción de Cristo, con la responsabilidad que debe tener el creyente. Un abrazo.
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Alex
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« Respuesta #7 : Noviembre 08, 2007, 12:30:46 » |
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@Kambei
He disfrutado leyéndote. Tradición viva, ah que matiz tan imprescindible, algunos no quieren conocer que los talentos deben producir... que la verdadera Tradición es un árbol que florece y renueva sus hojas constantemente, que no sigue los ritmos de los celosos de su "sabiduría", llenos de amor propio, higueras sin frutos. Tradición viva! que es la higuera que da fruto fuera de estación, solo porque Jesús se lo pide, porque ama tan profundamente al Maestro tan profunda es su unión con Él, que nada puede negarle...
¿Cuanta filosofia disfrazada de dogma se nos ha vendido a traves de los siglos? No es la filosofía una herramienta, que se ve sujeta al desarrollo y los cambios culturales?
Algunos quisieran vendernos tam-tams por un precio superior a los satelites. ¿Ingenuos? no! TIMADORES
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Miriam
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« Respuesta #8 : Noviembre 09, 2007, 07:11:37 » |
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Creo que gue ha hecho el concilio vaticano II no es intentar decir lo que dijeron otros Concilios, porque eso lo habría hecho sinplemente innecesario. Si se hizo el concilio era por que era necesario; y los "cambios" que muchos han interpretado como infidelidades, fueron solo un retorno a la más auténtica tradición eclesial, que en ciertos aspectos había sido ignorada u olvidada.
Lo qjue necesitamos no es poner en cuestión el Concilio, sino leerlo a la luz de la Palabra de Dios y aplicarlo en su verdad, sin vaciar sus contenidos con argucias interpretativas, sean del color que sean.
Miriam
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Laya
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« Respuesta #9 : Noviembre 09, 2007, 06:18:14 » |
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Si, Miriam. Precisamente ahora estoy haciendo una lectura profunda de los textos conciliares, y precisamente, ahora, me doy cuenta de que, cuarenta años después, no percibimos ni la milésima parte de lo que ahí se contiene. Tal vez hasta ahora, se hayan dado muchos palos de ciego y esté todo, o casi todo por hacer... Por otro lado, llevais escribiendo sobre tantos aspectos que me resulta difícil abarcarlo todo, pero aquí va una pequeña reflexión: Veo en el principio de todo descamino, el "seréis como dioses", el "árbol de la ciencia del bien y del mal". «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Miro a esos niños, "hombreando", que se precipitan al vacío, es el orgullo, el sentirse poseedores de la verdad, "mi verdad" e intentar doblegar a quien no la comparta. He pensado que éste es el lastre que cada uno lleva sobre sí mismo, que nadie está libre de ello. Por tanto, él, tu, yo, ellos, nosotros, vosotros... todos somos cismáticos en potencia, yo puedo ser cismática. Pero, precisamente, los pequeños, los que saben que si se sueltan de la mano de su Padre, caen sin remedio, son incapaces de vender tamtams a precio de satélite, y esto, me reconforta. Todo esto me lleva a considerar que la fidelidad en la Iglesia no es cuestión de silencio, ni de borreguismo, sino de una profunda humildad, del reconocimiento de todo corazón de la condición pecadora de cada uno. Me repito: habeis escrito tanto en tan poco tiempo, que no hay quien os siga...
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Prefiero tener ventanas, a tener espejos.
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Kanbei
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« Respuesta #10 : Noviembre 09, 2007, 07:26:53 » |
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Todo esto me lleva a considerar que la fidelidad en la Iglesia no es cuestión de silencio, ni de borreguismo, sino de una profunda humildad, del reconocimiento de todo corazón de la condición pecadora de cada uno. Laya, esto es para enmarcarlo!!!! Ciertamente la humildad es el requisito para aceptar la Gracia que nos es transmitida a través de la Iglesia, pues nos hace conscientes de nuestra condición pecadora, y nos hace pobres en el espíritu, es decir, sabedores de la necesidad que tenemos de que Dios nos sostenga. Más que cismáticos en potencia, yo diría que todos, en mayor o menor medida, tendemos a pensar la Iglesia tal y como nos gustaría que fuera. Lo importante, tengamos más o menos razón, es que no absoluticemos nuestra visión, convirtiéndola en el criterio por el cual juzgamos al resto de nuestros hermanos, pues me atrevería a decir que, manteniendonos dentro de la ortodoxia católica, hay tantos catolicismos como católicos. Un abrazo.
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Laya
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« Respuesta #11 : Noviembre 09, 2007, 09:18:22 » |
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Pues mira, Kanbei, ¡no había caído en ello! Puestos a enmarcar...  ...pues me atrevería a decir que, manteniendonos dentro de la ortodoxia católica, hay tantos catolicismos como católicos. Esta consideración me produce sentimientos encontrados. Por un lado, me maravilla la diversidad. Por otro, lo difícil que es, dada nuestra condición humana, el mantenimiento en la unidad: la comunión. Y me hace pensar en lo obvio y en lo que muy pocos ven. Siendo así, han pasado 2000 años y no nos hemos devorado unos a otros: es que estos son los misterios de Dios.
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catecumeno
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« Respuesta #12 : Septiembre 20, 2008, 09:15:49 » |
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Si antes no se admitía la libertad religiosa, y ahora sí, ¿dónde está la verdad? ¿Se trataba entonces simplemente de una norma dependiente del contexto histórico, que ya no tiene razón de ser en el Siglo XX y ss.? En este sentido, cuestiones que afectan a usos y costumbres, a formas de gobierno, a la libertad religiosa, etc, pueden cambiar en su planteamiento a la luz de los nuevos paradigmas filosóficos, sin por ello dejar de ser fieles a los principios de la recta doctrina. Simplemente, parecen adecuarse mejor a lo que Cristo quiere de nosotros. Jesucristo mediante su categórico mandato, "Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios, estableció lo que después a través de los siglos se ha conocido como "dualismo cristiano", quedando de una vez por todas doctrinalmente separados los ámbitos del estado y dela Iglesia. Debemos exaltar y recordar constantemente la defensa constante del mandato divino, que la iglesia ha mantenido desde su fundación. Constantino el Grande adoptó el Cristianismo como doctrina oficial del Imperio, movido por la descomposición moral del Imperio romano, y tratando de evitar un derrumbamiento del mismo. Esto fué una decisión política tomada por el Cesar. A la que la Iglesia no podía oponerse, sin contravenir el mandato de Jesucristo, pués sería ir contra la decisión legítima del Cesar. No obstante la Iglesia mantuvo siempre la independencia de la misma, frente a intromisiones del Cesar y posteriormente de los Reyes. La unidad de los Estados medievales la mantenían los respectivos monarcas mediante la creación de una identidad nacional fuerte y homogénea, frente a otras naciones que hacían lo mismo, e imponian a sus subditos la religión mayoritoria, el idioma, la organización social , las costumbres y la cultura . En esto se basaba la estrategia política de los reinos, imperios, califatos y emiratos. Al haber una clara diferenciación en el caso del cristianismo entre el poder político ( Estado) y la Jerarquía religiosa, no tiene sentido atribuir a la Iglesía competencia ni responsabilidad sobre la legislación política y civil que regulaba el ejercicio de las religiones en cada Estado. Cosa que no ocurrió, ni ocurre, cuando el poder politico y religioso está unificado como es el caso del Islamismo. Y que a veces se ignora mirando hacia otro lado. Ahora bien dentro de la propia Iglesia , no puede haber permisión religiosa de forma que cada cual pueda crear su grupito aspirante a una parcela de influencia dentro de la propia Iglesia, o incluso con otros designios. Por tanto existe una Jerarquia en la Iglesia a la que tambien Jesucristo le dió autoridad para atar y deasatar en lo que despues quedaría atado o desatado en el cielo. Y esa capacidad y magistratura esta depositada en Pedro y sus sucesores. Entre las atribuciones de Pedro está las de ser pastor y cuidar de su rebaño, y por tanto no puede declinar esta obligación. Los cristianos que aceptamos este magisterio, sin resabios, somos la mayoría, y que según las enseñanzas, debemos además colaborar apoyando moralmente a nuestros pastores en sus funciones pastorales .
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« Última modificación: Septiembre 20, 2008, 09:42:53 por catecumeno »
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Miriam
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« Respuesta #13 : Septiembre 22, 2008, 04:39:20 » |
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No quita lo cortés a lo valiente...
Lo que citas de Kanbei, Catecúmeno, creo que no se opone en absoluto a la fidelidad a Pedro y al depósito de la fe.
En realidad el acervo de nuestra fe es de una riqueza inmensa de la cual solo hemos descubierto y ponemos en práctica una parte a veces demasiado limitada. Lo que a veces puede parecernos una innovación, en realidad es la profundización de una verdad que teníamos ahí ya, pero que no habíamos sabido entrever.
El diálogo interreligioso católico con otras creencias se basa en el Evangelio, en nuestra fe en la salvación universal que realiza Jesucristo y en la voluntad de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio, este "descubrimiento" de las implicaciones de nuestra vida de Fe, Amor y Esperanza teologales, de nuestro vivier en Cristo, nos implica necesariamente a esguardar hacia los no-cristianos, dejando abrirse nuestros ojos a la presencia de Dios en unas formas, lugares y tiempos en los que no habríamos imaginado poder encontrarle cuando vivíamos nuestro pequeño y coherente mundo católico occidental.
Doy por supuesto que comprendes que cuando el Papa nos pide una y otra vez esta abertura, este diálogo, no lo hace para que renunciemos al anuncio de la Buena Nueva de Jesús, en la que también nos insiste. Es un delicado balance entre el amor a la presencia escondida del Verbo en nuestros hermanos no cristianos, el respeto que debemos a su libertad y autonomía, y el llamado a compartir gozosamente la fe cristiana que profesamos y que nos da en el Espíritu Santo la Vida de Hijos de Dios.
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catecumeno
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« Respuesta #14 : Septiembre 25, 2008, 12:08:48 » |
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Si antes no se admitía la libertad religiosa, y ahora sí, ¿dónde está la verdad? ¿Se trataba entonces simplemente de una norma dependiente del contexto histórico, que ya no tiene razón de ser en el Siglo XX y ss.? En este sentido, cuestiones que afectan a usos y costumbres, a formas de gobierno, a la libertad religiosa, etc, pueden cambiar en su planteamiento a la luz de los nuevos paradigmas filosóficos, sin por ello dejar de ser fieles a los principios de la recta doctrina. Simplemente, parecen adecuarse mejor a lo que Cristo quiere de nosotros. No quita lo cortés a lo valiente... Lo que citas de Kanbei, Catecúmeno, creo que no se opone en absoluto a la fidelidad a Pedro y al depósito de la fe. Lo que ha escrito Kambei me parece perfecto, y mi contestación iba dirigida a la misma persona a la que contestaba kambeiEn realidad el acervo de nuestra fe es de una riqueza inmensa de la cual solo hemos descubierto y ponemos en práctica una parte a veces demasiado limitada. Lo que a veces puede parecernos una innovación, en realidad es la profundización de una verdad que teníamos ahí ya, pero que no habíamos sabido entrever. Cáspita, parece que lo que ya sabemos de nuestra fe es una parte pequeña , algo así como la punta del Iceberg y que lo que ignoramos de nuestra fe después de 20 siglos nos lo van a venir a descubrir los no-cristianos. ¿ Es que los santos Padres y los Papas en estos veinte siglos no han sabido ganarse el sueldo ?  El diálogo interreligioso católico con otras creencias se basa en el Evangelio, en nuestra fe en la salvación universal que realiza Jesucristo y en la voluntad de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio, este "descubrimiento" de las implicaciones de nuestra vida de Fe, Amor y Esperanza teologales, de nuestro vivier en Cristo, nos implica necesariamente a esguardar hacia los no-cristianos, dejando abrirse nuestros ojos a la presencia de Dios en unas formas, lugares y tiempos en los que no habríamos imaginado poder encontrarle cuando vivíamos nuestro pequeño , y coherente mundo católico occidental. Doy por supuesto que comprendes que cuando el Papa nos pide una y otra vez esta abertura, este diálogo, no lo hace para que renunciemos al anuncio de la Buena Nueva de Jesús, en la que también nos insiste. Es un delicado balance entre el amor a la presencia escondida del Verbo en nuestros hermanos no cristianos, el respeto que debemos a su libertad y autonomía, y el llamado a compartir gozosamente la fe cristiana que profesamos y que nos da en el Espíritu Santo la Vida de Hijos de Dios. saludos
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« Última modificación: Septiembre 25, 2008, 05:09:45 por catecumeno »
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